Más allá del burnout: cómo abordar el suicidio en los centros de trabajo
La prevención del suicidio en el entorno laboral se ha convertido en una prioridad ineludible para las empresas modernas. Hablar de salud mental ya no es suficiente: se necesitan políticas, protocolos y estructuras que traduzcan ese discurso en acciones concretas capaces de salvar vidas.
Los datos refuerzan la urgencia de actuar. En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró en 2024 un total de 8,856 suicidios, siendo la mayoría personas en edades productivas (entre 30 y 44 años), seguidas de jóvenes de 15 a 29. Más alarmante aún es que el 73% de quienes se quitaron la vida tenían empleo formal o realizaban una actividad económica.
Este hallazgo confirma que los entornos laborales no son ajenos al problema, sino un espacio donde los riesgos psicosociales pueden agravar situaciones de vulnerabilidad.
En República Dominicana, aunque las cifras oficiales son menos detalladas, la Oficina Nacional de Estadística ha documentado un aumento sostenido en los casos de muertes autoprovocadas en la última década. La ausencia de información específica sobre la relación entre suicidio y ámbito laboral representa un vacío que limita la creación de políticas preventivas adaptadas a la realidad de los trabajadores.
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Para los expertos, este desafío abre una ventana de oportunidad: el sector empresarial puede liderar la implementación de estrategias de cuidado emocional, convirtiéndose en actor clave para mitigar un problema de salud pública que afecta a familias, comunidades y economías enteras.
El riesgo silencioso en las empresas
De acuerdo con el informe Mental Health at Work 2025 de Mind Share Partners, los empleados que cuentan con apoyo efectivo para su salud mental tienen el doble de probabilidades de evitar el agotamiento y la depresión.
Sin embargo, más del 40% teme hablar del tema en el trabajo por miedo a represalias o pérdida de empleo. Este dato refleja la brecha entre protocolos de emergencia convencionales y planes de atención en crisis psicológicas.

Hasta la fecha, los protocolos empresariales suelen enfocarse en incendios, accidentes o desastres naturales, pero no en el riesgo de suicidio. Sin una estructura preventiva y una brigada preparada, se deja un flanco vulnerable en la protección laboral.
Brigadas y protocolos: del deber legal al liderazgo humano
Expertos coinciden en que no basta cumplir con la normativa; se necesita un plan integral que contemple prevención, capacitación y acompañamiento.
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Brigadas de primeros auxilios psicológicos: deben incluir personal de distintas áreas, con formación en contención emocional, escucha activa y protocolos de derivación a especialistas.
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Representación proporcional: idealmente entre el 8% y 10% de la plantilla para garantizar cobertura en caso de crisis.
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Perspectiva de género y diversidad: entender que la forma de experimentar y manifestar el malestar psicológico varía entre mujeres, hombres y jóvenes profesionales.
Según algunos expertos, crear un protocolo escrito, con pasos claros y responsabilidades definidas, es un ejercicio de liderazgo y humanidad. Cuando la empresa se atreve a hablar del suicidio y normaliza pedir ayuda, rompe el estigma y salva vidas”.
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ALERTA: el kit de emergencia en salud mental
Un recurso práctico adoptado en empresas latinoamericanas es el protocolo ALERTA, diseñado para actuar en momentos críticos:
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Acercarse con calidez: expresar interés genuino.
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Leer las señales: observar cambios de conducta o aislamiento.
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Escuchar activamente: validar sin juzgar.
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Reducir el riesgo: preguntar de forma directa por ideación suicida.
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Transferir apoyo: activar redes internas y externas, desde el médico ocupacional hasta el 911.
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Acompañar: asegurar que el trabajador reciba atención profesional.
Este modelo no sustituye al especialista, pero proporciona a los líderes y compañeros de trabajo un lenguaje y una ruta de acción que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
¿Cómo reconocer las señales?

Aunque cada historia es distinta, los especialistas advierten sobre ciertos signos de alerta:
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Despedidas o comentarios de sentirse una carga.
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Cambios abruptos en la participación laboral (aislamiento o sobreexposición).
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Irritabilidad constante o conflictos inusuales.
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Insomnio, fatiga crónica o consumo de sustancias.
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Frases como: “sería mejor no despertar” o “el equipo estaría mejor sin mí”.
Inversión en salud mental: estrategia y responsabilidad social
El suicidio en entornos laborales no es solo un problema de salud pública; también tiene un alto impacto económico. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los problemas de salud mental en el trabajo generan pérdidas millonarias por absentismo, rotación y reducción de productividad.
Las empresas dominicanas que implementen programas de prevención estarán no solo cuidando vidas, sino fortaleciendo su sostenibilidad y reputación corporativa en un mercado cada vez más consciente de la importancia del bienestar.
El suicidio no siempre da señales, pero las empresas sí tienen la posibilidad de anticiparse. Crear protocolos claros, formar brigadas y derribar estigmas es, en definitiva, un acto de liderazgo humano y de visión empresarial. Porque detrás de cada estadística hay un colaborador, una familia y una sociedad que no puede permitirse seguir perdiendo vidas en silencio.
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