7 alimentos que ayudan a prevenir el Alzheimer, según estudios científicos
El Alzheimer se ha convertido en uno de los desafíos más importantes para la salud pública del siglo XXI. Aunque los factores genéticos y el envejecimiento son determinantes, múltiples estudios científicos han mostrado que la dieta cotidiana junto con ejercicio, sueño y estimulación cognitiva puede influir. Así, estos factores afectan el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo asociado a esta enfermedad.
La evidencia acumulada sugiere que patrones de alimentación ricos en antioxidantes, grasas saludables y compuestos antiinflamatorios ayudan a mantener la salud neuronal y ralentizar el daño celular que puede conducir al Alzheimer y otras formas de demencia. Ningún alimento por sí solo “cura” la enfermedad, pero incorporar ciertos alimentos con regularidad puede marcar una diferencia real. Por lo tanto, esta incorporación es importante en la prevención a largo plazo. Aquí te explicamos siete de ellos y por qué los expertos los destacan.
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Verduras de hojas verdes
Las verduras de hojas verdes como espinaca, col rizada (kale), acelga y rúcula son auténticas potencias nutricionales para el cerebro. Estos vegetales están llenos de vitaminas B, luteína, folato y antioxidantes. Estos nutrientes se han asociado con una menor tasa de deterioro cognitivo y memoria más estable en la edad adulta.
El folato juega un papel importante en la reducción de la inflamación y en la mejora de la circulación sanguínea cerebral, dos factores que pueden influir en la prevención del Alzheimer. Por lo tanto, incorporarlas en ensaladas, licuados o salteados es una forma sencilla de beneficiarse de sus efectos protectores.
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Bayas (“berries”)
Arándanos, frambuesas, moras y fresas no son solo frutas coloridas: contienen antocianinas y otros antioxidantes potentes que ayudan a combatir el estrés oxidativo, un proceso que daña las células cerebrales con el paso del tiempo.
Estudios han observado que las personas que consumen bayas regularmente tienden a tener mejores capacidades de memoria y una menor velocidad de declive cognitivo. Los compuestos fenólicos presentes en estas frutas cruzan la barrera hematoencefálica y pueden proteger las neuronas frente a daños acumulativos.
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Nueces
Las nueces en general y especialmente las nueces de nogal son ricas en ácidos grasos omega-3 de origen vegetal (ALA), vitamina E y antioxidantes. Investigaciones han encontrado que las personas que consumen frutos secos con regularidad tienen un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
La vitamina E, en particular, protege las membranas celulares del cerebro frente a daños oxidativos. Además, los omega-3 contribuyen a la integridad estructural de las neuronas, promoviendo la comunicación entre ellas.
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Ácidos grasos omega-3
Aunque podemos obtener ALA de fuentes vegetales como nueces y semillas, los omega-3 DHA y EPA, presentes en pescados grasos como salmón, atún, sardinas y trucha, han sido especialmente asociados con la función cerebral.
DHA forma parte de las membranas de las células cerebrales y se ha observado que dietas ricas en este tipo de grasas pueden reducir la inflamación neuronal y ralentizar la progresión del deterioro cognitivo asociado con la edad y el Alzheimer. En varias encuestas poblacionales, quienes consumen pescado al menos dos veces por semana muestran mejor desempeño cognitivo con el paso de los años.
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Verduras crucíferas
Brócoli, coliflor, coles de Bruselas y otras verduras crucíferas aportan compuestos como carotenoides, folato y glucosinolatos. Estas sustancias están asociadas con la reducción de niveles de homocisteína, un aminoácido que en exceso se vincula con deterioro cognitivo y atrofia cerebral.
Además, sus compuestos tienen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes que pueden proteger las células cerebrales de daño por estrés oxidativo, uno de los factores implicados en las enfermedades neurodegenerativas.
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Especias (como cúrcuma)
La cúrcuma, una especia ampliamente utilizada en la cocina asiática, contiene curcumina, un compuesto con poderosa actividad antiinflamatoria y antioxidante. Estudios preliminares sugieren que la curcumina puede ayudar a reducir la formación de placas amiloides en el cerebro, una de las marcas del Alzheimer.
Aunque aún se requiere más investigación para establecer dosis y mecanismos exactos, incluir cúrcuma en currys, sopas o bebidas especiadas es una forma natural de añadir este nutriente protector a la dieta.
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Semillas
Además de las nueces, las semillas como chía, lino, calabaza y sésamo son ricas en grasas saludables, minerales esenciales como zinc y magnesio, y antioxidantes que apoyan la salud cerebral.
Los omega-3 de origen vegetal (especialmente en semillas de chía y lino) complementan los beneficios de los pescados grasos. Por otro lado, los minerales proporcionan soporte estructural a los procesos neurales.
¿Qué dice la ciencia en conjunto?
La evidencia no señala un alimento milagroso, sino patrones alimentarios completos, como los que se observan en la dieta mediterránea o la dieta MIND, que combinan estos grupos de alimentos y están asociados con un riesgo significativamente menor de Alzheimer y otras demencias cuando se adoptan a largo plazo.
Estas dietas incluyen abundancia de verduras de hojas verdes, pescados ricos en omega-3, frutas (especialmente bayas), frutos secos, aceite de oliva y legumbres. El efecto protector parece estar mediado por la suma de antioxidantes, antiinflamatorios y grasas saludables. Estos compuestos reducen el estrés oxidativo y la inflamación crónica, dos factores clave en el deterioro cognitivo.
Alimentación y cerebro: pequeños cambios con impacto acumulativo
Incorporar verduras de hojas verdes, bayas, nueces, fuentes de omega-3, crucíferas, especias y semillas no es una garantía absoluta contra el Alzheimer, pero sí una inversión inteligente en tu salud cognitiva. Estudios científicos respaldan que estos alimentos aportan antioxidantes, antiinflamatorios y nutrientes esenciales. Estos compuestos ayudan a mantener las neuronas funcionales y resistentes al daño, reduciendo el riesgo de deterioro con la edad.
La clave está en la consistencia: hábitos alimentarios sostenibles, junto con un estilo de vida activo, aumentan las probabilidades de llegar a la tercera edad con una mente ágil y saludable. La prevención empieza en tu plato, un alimento a la vez.
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