Pérdida de memoria: estrés o señal de alerta
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Pérdida de memoria: ¿Cuándo es por estrés y cuándo es una señal de alerta?

Olvidar dónde quedaron las llaves, entrar a una habitación sin recordar a qué ibas o quedarse en blanco durante una conversación importante son situaciones más comunes de lo que parecen. En una época marcada por el exceso de estímulos, la falta de sueño y el estrés constante, muchas personas sienten que su memoria ya no funciona igual. Y entonces aparece una duda inevitable: ¿se trata de algo normal o podría haber algo más detrás?

Mano señalando una imagen de una resonancia magnética cerebral con detalles de la estructura cerebral.

Foto: El uso de imágenes de resonancia magnética cerebral es clave para diagnosticar y estudiar condiciones como la pérdida de memoria, permitiendo a los profesionales médicos identificar posibles causas y tratamientos.

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La realidad es que no toda pérdida de memoria está relacionada con enfermedades neurodegenerativas. En muchos casos, el cerebro simplemente está saturado. Sin embargo, también existen señales que no conviene pasar por alto y que podrían estar asociadas a un deterioro cognitivo temprano.

Te puede interesar: Pérdida de memoria: cuándo consultar al médico y qué síntomas deben alertar, según Mayo Clinic

El estrés como enemigo silencioso de la memoria

El cerebro humano no está preparado para vivir en estado de alerta permanente. Cuando una persona atraviesa períodos prolongados de ansiedad, presión laboral, problemas emocionales o agotamiento mental, el organismo libera cortisol, conocida como la “hormona del estrés”. Cuando sus niveles se mantienen elevados durante mucho tiempo, pueden afectar funciones como la concentración, la atención y la memoria.

Por eso, muchas personas bajo estrés experimentan olvidos frecuentes, dificultad para retener información nueva o esa sensación de “mente nublada”. No necesariamente significa que exista un daño cerebral, sino que el cerebro está priorizando responder al agotamiento antes que almacenar detalles.

También es habitual que la ansiedad provoque fallos momentáneos en la memoria verbal. Es decir, saber lo que se quiere decir, pero no encontrar las palabras adecuadas en el momento. A eso se suman el insomnio y la fatiga mental, que suelen intensificar estos episodios.

Los especialistas explican que, cuando el problema está relacionado con estrés o ansiedad, la persona generalmente es consciente de sus olvidos y se preocupa por ellos. Además, estos lapsos no suelen interferir de manera grave con la rutina diaria.

Cuando olvidar deja de ser algo cotidiano

Aunque ciertos despistes forman parte de la vida diaria, hay diferencias importantes entre un olvido ocasional y una posible señal de deterioro cognitivo.

Una de las principales alertas aparece cuando la pérdida de memoria comienza a afectar la funcionalidad cotidiana. Por ejemplo, olvidar repetidamente citas importantes, perderse en lugares conocidos, hacer las mismas preguntas varias veces o tener dificultades para realizar tareas habituales.

La frecuencia también marca una diferencia. No es igual olvidar un nombre de vez en cuando que no recordar conversaciones recientes completas o depender constantemente de otros para resolver actividades simples.

Los expertos también observan cambios en el comportamiento y la personalidad. Irritabilidad, apatía, confusión frecuente o alteraciones emocionales repentinas pueden acompañar algunos trastornos cognitivos.

Incluso la manera en que una persona reacciona ante sus olvidos puede ofrecer pistas. Algunos neurólogos señalan que quienes presentan deterioro cognitivo temprano suelen minimizar los fallos o culpar a otros, mientras que las personas con olvidos asociados al estrés generalmente reconocen el problema y se sienten frustradas por ello.

No toda pérdida de memoria es Alzheimer

Uno de los errores más frecuentes es relacionar automáticamente los problemas de memoria con el Alzheimer. En realidad, existen múltiples causas reversibles que pueden provocar síntomas similares.

La depresión, la ansiedad, la falta de vitamina B12, los trastornos del sueño, el consumo excesivo de alcohol, algunos medicamentos e incluso problemas de tiroides pueden afectar significativamente la memoria y la capacidad de concentración.

La apnea del sueño, por ejemplo, se ha convertido en un factor cada vez más estudiado. Dormir mal reduce la capacidad del cerebro para consolidar recuerdos y procesar información. Por eso, una persona que duerme pocas horas o tiene un descanso interrumpido puede sentirse mentalmente agotada durante el día.

A esto se suma la sobrecarga digital. El cerebro moderno está expuesto constantemente a notificaciones, multitarea y exceso de información, lo que reduce la atención sostenida. Y sin atención, la memoria simplemente no funciona igual.

Envejecimiento normal o deterioro cognitivo

Con el paso de los años, es natural que el cerebro procese la información con más lentitud. Recordar nombres o aprender cosas nuevas puede requerir más tiempo, pero eso no significa necesariamente que exista una enfermedad.

Los especialistas diferencian entre envejecimiento normal, deterioro cognitivo leve y demencia. En el envejecimiento habitual, la persona mantiene su independencia y sus capacidades funcionales. En cambio, en el deterioro cognitivo leve comienzan a aparecer fallos más notorios que pueden influir en el día a día.

La buena noticia es que no todos los casos evolucionan hacia Alzheimer u otras demencias. De hecho, muchos problemas de memoria pueden estabilizarse o mejorar cuando se identifica correctamente la causa.

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El cerebro también necesita descansar

La memoria no depende únicamente de la edad, sino también de la manera en que vivimos. Dormir bien, hacer ejercicio, reducir el estrés, mantener vínculos sociales y estimular el cerebro continúan siendo algunas de las herramientas más efectivas para cuidar la salud cognitiva.

En medio de rutinas aceleradas y una constante sobrecarga mental, muchas veces el cerebro no está fallando: simplemente está pidiendo una pausa.

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