US Open: por qué estar cerca de la cancha cuesta mucho más
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US Open: ¿Qué convierte estar cerca de la cancha en algo por lo que algunos están dispuestos a pagar mucho más?

Mucho antes de que Flushing Meadows se convirtiera en la casa del US Open, W.E. “Slew” Hester vio desde la ventanilla de un avión el lugar al que terminaría mudándose el torneo. Mientras descendía hacia el Aeropuerto LaGuardia, el entonces presidente de la Asociación de Tenis de Estados Unidos miró hacia Queens y algo llamó su atención. Entre la nieve se distinguían los restos del antiguo Singer Bowl, construido para la Feria Mundial de 1964.

Arthur Ashe Stadium lleno durante una ceremonia del US Open en Queens, Nueva York, con la cancha central y las gradas visibles.

Foto: El Arthur Ashe Stadium, en Queens, Nueva York, durante una ceremonia del US Open. Con cerca de 24,000 asientos, el estadio amplió su courtside y reorganizó parte de sus gradas, una transformación que cambia cuánto puede valer estar cerca de la cancha. Foto: US Open/USTA.

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La imagen llegaba en el momento oportuno. El US Open todavía se disputaba en el West Side Tennis Club de Forest Hills, pero después de más de seis décadas el torneo había empezado a desbordar su propia casa. Faltaban estacionamientos; las gradas y los pasillos se llenaban y las carpas comerciales competían por los pocos metros disponibles.

Hester llevaba tiempo buscando una salida a ese problema y, desde el aire, Flushing Meadows ofrecía justo lo que Forest Hills ya no podía darle: espacio para crecer.

De aquel descenso a LaGuardia surgió una posibilidad bastante más ambiciosa que la de recuperar un estadio abandonado: llevar el US Open hasta allí.

Hester presentó la propuesta a la USTA y, en 1978, el torneo dejó Forest Hills para instalarse en Queens. Más de 275,000 espectadores pasaron por el nuevo complejo durante aquella primera edición, una cifra que el campeonato nunca había alcanzado.

El público siguió creciendo y el complejo tuvo que volver a hacerlo con él. En 1997 se abrió el Arthur Ashe Stadium, hoy la cancha principal del USTA Billie Jean King National Tennis Center, en Flushing Meadows–Corona Park, Queens, Nueva York. Tenía más de 23,000 asientos alrededor de una sola cancha. Para entonces, la asistencia anual del torneo ya había superado el medio millón de personas.

Casi tres décadas después, Arthur Ashe seguía teniendo cerca de 24,000 asientos. Pero en 2026 ocurrió algo que su tamaño no explica: junto a la cancha había unos 2,000 lugares más sin que el estadio creciera de forma significativa.

Varias secciones que un año antes figuraban como loge habían pasado a formar parte del courtside. La propia USTA describe la remodelación del Arthur Ashe Stadium como una ampliación del nivel courtside de 3,000 a 5,000 asientos.

Primero cambió el mapa: ¿de dónde salieron 2,000 lugares más junto a la cancha si el estadio casi no creció?

Buena parte salió del loge. Esa franja intermedia perdió alrededor de 3,500 lugares mientras el courtside ocupaba una porción mayor de las gradas inferiores.

Los planos de asientos de Arthur Ashe permiten seguir el cambio. En 2025, las secciones 101–136 pertenecían al loge. Para 2026, parte de ese espacio había quedado incorporada al courtside, con la numeración 201–232.

El cambio no alcanzó a todas las zonas del estadio. El Promenade, con unas 13,500 plazas, permaneció prácticamente igual.

La remodelación se concentró en los niveles más cercanos a la cancha. Mientras el courtside ganaba unas 2,000 plazas, el loge quedaba mucho más reducido y la capacidad total apenas variaba. Arthur Ashe no se hizo mucho más grande; cambió la cantidad de espacio que dedicaba a cada tipo de asiento.

Redibujar esas secciones acercó a más gente al partido. Pero sentarse allí ahora significa algo más que tener una mejor vista.

¿Qué tuvo que aparecer alrededor de una silla para que la vista dejara de ser lo más valioso?

La diferencia se notaba al levantarse del asiento. Parte de quienes ocupaban esas filas podía dejar momentáneamente la cancha y entrar a espacios reservados a pocos pasos de la grada.

En The Blue Room, la entrada incluía comida y bebidas; The Club ofrecía otro espacio interior para permanecer antes de regresar al partido. La silla seguía allí esperando, pero ya no concentraba todo lo que se había comprado.

La remodelación llevó esa fórmula a una escala mucho mayor. En 2026, US Open Premier incorporaba The Blue Room, The Club y The Overlook alrededor de una sección del nuevo courtside. Cerca de 2,000 de sus aproximadamente 5,000 lugares estaban vinculados a clubes o servicios de hospitality.

US Open Premier muestra courtside, The Blue Room, gastronomía y servicios de hospitality en Arthur Ashe Stadium.
US Open Premier combina asientos courtside en el Arthur Ashe Stadium con espacios como The Blue Room, gastronomía y servicios de hospitality. La oferta muestra cómo estar cerca de la cancha puede incluir mucho más que la vista del partido. Foto: US Open Premier/USTA.

Dos espectadores sentados a poca distancia podían haber comprado cosas muy distintas. Para uno, el courtside era principalmente el lugar desde el que seguir el partido. Para otro, la misma entrada daba acceso a un salón reservado, a comida y bebidas, y a un espacio para pasar parte del día sin abandonar el torneo.

Un partido puede durar dos o tres horas; una jornada en el US Open, bastante más. Esas horas adicionales también forman parte de lo que algunos de estos productos ofrecen: llegar antes, permanecer entre partidos, comer, conversar y regresar después a una silla situada a pocos metros de la cancha.

¿Por qué una empresa pagaría tanto por un asiento que no compra solo para ver tenis?

Una comida antes del partido puede continuar en la grada y retomarse cuando los jugadores abandonan la cancha. Para quien ha invitado a un cliente o a un socio, son varias horas compartidas entre conversación, comida y tenis.

Espectadores conversan desde asientos courtside junto a la cancha del Arthur Ashe Stadium durante el US Open.
Los asientos courtside del Arthur Ashe Stadium sitúan al espectador a pocos metros del partido. En el US Open, esa cercanía también forma parte de ofertas de hospitality utilizadas para compartir tiempo con clientes, socios e invitados. Foto: US Open Premier/USTA.

Las empresas ya venían comprando el US Open de esa manera. En 2024, alrededor del 85 % de las ventas de hospitality correspondieron a compradores corporativos, según Elevate, que trabaja con la USTA en este sector.

La cifra corresponde a esa temporada y no determina automáticamente quién ocupará el courtside en 2026. Sí muestra qué tipo de comprador ya encontraba utilidad en una oferta que se extendía bastante más allá del tiempo sentado frente a la cancha.

Dan Rosenthal, entonces vicepresidente sénior de Elevate Experiences, describía al cliente de hospitality como “un comprador distinto del abonado tradicional con asiento reservado”. La diferencia no está necesariamente en cuánto tiempo quiere ver cada uno, sino en para qué puede utilizar esas mismas horas.

Un aficionado puede escoger una fila por la vista; una empresa puede sentar allí a un invitado después de compartir una comida con él y continuar la conversación cuando termine el partido. En una misma grada, la cercanía puede ser el producto principal para un comprador y solo una parte de una compra mucho más amplia para otro.

¿Qué tiene que cambiar para que un asiento termine valiendo casi ocho veces más que otro?

Para que el precio se acerque a ocho veces, no basta con cambiar la fila: hay que cambiar lo que se compra con ella.

En 2026, un Full Series, el abono para las 27 sesiones del torneo, en courtside sin club rondaba los US$15,201. Con club y hospitality podía llegar a unos US$62,991.

Ambos correspondían al courtside. Uno compraba principalmente cercanía; el otro añadía acceso, servicios y varias horas de uso alrededor del partido.

La comparación con el antiguo loge amplía aún más la brecha. En 2025, sus 27 sesiones costaban alrededor de US$7,857. Un año después, asistir a esas mismas sesiones desde un courtside con club podía costar casi ocho veces más.

Pero no todo Arthur Ashe se encareció. El loge que permaneció bajó de precio: de unos US$291 por sesión en 2025 a US$241 en 2026, cerca de un 17 % menos, aun cuando había muchos menos asientos disponibles.

Una parte del antiguo loge se convirtió en un courtside. Dentro del propio courtside, algunos lugares conservaron una oferta centrada en la ubicación, mientras que otros incorporaron servicios de club y de hospitalidad.

La USTA no subió el precio de todo el estadio: reservó una mayor parte de los metros más próximos a la cancha para productos que podían venderse de otra manera.

La demanda no apareció con la remodelación. Kirsten Corio, directora comercial de la USTA, reconoció que llevaban una década recibiendo más solicitudes de courtside de las que podían atender.

En 2021, HOK había analizado determinadas mejoras en el sector del hospitalidad. Su modelo estimaba que podían elevar los ingresos anuales asociados a esa oferta en 39.5 % y recuperar la inversión en 3.5 a 5 años. La firma sostiene que aquel estudio influyó directamente en el alcance de la remodelación que después llegó a Arthur Ashe.

El 39.5 % era una proyección, no dinero ya ganado ni un retorno garantizado. Pero ponía un valor a una demanda que la USTA llevaba tiempo observando.

Con la capacidad prácticamente fija, la remodelación terminó actuando sobre lo que sí podía modificarse: cómo distribuir las gradas y qué ofrecer alrededor de determinados asientos.

Si millones pueden ver el partido, ¿qué sigue reservado para quienes consiguen estar allí?

Fuera de Arthur Ashe, la capacidad de un partido puede aumentar sin ocupar un metro adicional del estadio. La televisión, el streaming y los teléfonos permiten sumar espectadores, repetir un punto y ofrecer ángulos que ningún asiento puede reproducir.

En Flushing Meadows ocurre otra cosa. Cada persona que entra ocupa un lugar real y los metros próximos a la cancha siguen siendo los que caben dentro de Arthur Ashe.

La USTA tampoco cobra el máximo posible por todas las formas de estar allí. En 2026 mantuvo el Grounds Pass en US$65, con acceso al recinto aunque sin asiento reservado en Arthur Ashe, y Fan Week continuó siendo gratuita mediante registro.

Kirsten Corio reconoció que mantener el Grounds Pass en ese nivel implicaba dejar dinero sobre la mesa, ya que la demanda permitía cobrar más.

Dentro del mismo US Open puede haber entradas de US$65 y productos que cuestan decenas de miles de dólares. La distancia respecto de la cancha explica una parte. El resto está en lo que ocurre alrededor de esa silla: qué espacios puede utilizar quien la ocupa, cuánto tiempo puede permanecer allí, a quién puede invitar y qué servicios acompañan su uso.

La USTA no vende todos los lugares de Arthur Ashe de la misma manera. Cuanto más cerca está el espectador y más servicios incorpora su entrada, más cambia lo que está comprando: no solo una vista del partido, sino también acceso a espacios, tiempo dentro del recinto y la posibilidad de compartirlo con otras personas.

Cuando el US Open dejó Forest Hills, necesitaba un terreno para albergar a un público que ya no cabía allí.

Hoy una transmisión puede llevar el partido a una audiencia que jamás cabría en Queens. Los metros que rodean su cancha principal, en cambio, siguen siendo limitados.

Millones pueden ver el mismo partido desde una pantalla. Solo unos pocos pueden ocupar los lugares más próximos a la cancha y acceder a todo lo que el US Open ha construido a su alrededor.

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