¿Por qué a los jóvenes de 30 años les cuesta independizarse?
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¿Por qué a las nuevas generaciones de 30 años les cuesta tanto independizarse frente a sus padres?

Llegar a los 30 años y continuar viviendo con los padres dejó de ser una situación excepcional para convertirse en una realidad cada vez más visible en América Latina. Detrás de este fenómeno no existe una sola explicación: el costo de la vivienda, los ingresos insuficientes, la informalidad laboral y las nuevas prioridades familiares están modificando la manera en que las nuevas generaciones construyen su independencia.

Persona joven entrando a una vivienda con una caja de pertenencias y una mochila, mientras al fondo se observa una familia dentro de un hogar.

Foto: El acceso a la vivienda, los costos de vida y las nuevas dinámicas familiares son algunos factores que marcan el camino hacia la independencia de las generaciones más jóvenes.

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El debate también cambia cuando se compara a los jóvenes actuales con sus padres. Mientras generaciones anteriores podían aspirar a comprar una vivienda y formar un hogar con mayor rapidez, muchos adultos jóvenes de hoy enfrentan un escenario en el que alquilar representa una carga considerable y acceder a un crédito hipotecario exige una estabilidad que no siempre está disponible.

Esta situación forma parte de un fenómeno regional más amplio. Un análisis sobre los jóvenes latinoamericanos y la independencia económica muestra cómo el acceso a empleos de calidad, patrimonio y vivienda se ha convertido en uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones.

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El costo de independizarse supera los ingresos de muchos jóvenes

Argentina muestra con claridad esta tensión. Según un informe del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa, 44% de los jóvenes argentinos todavía reside con sus padres. El dato adquiere mayor relevancia cuando se compara el costo estimado de independizarse con los ingresos.

Martín Álvarez, coordinador del Instituto de Economía de la UADE, señala que se necesitan poco más de 1.3 millones de pesos para cubrir alquiler, servicios básicos y una canasta elemental, mientras que el ingreso promedio de los jóvenes de entre 18 y 30 años alcanza unos 900,000 pesos.

La brecha ayuda a explicar por qué el problema no se reduce a una decisión personal. Para muchos, mudarse significa asumir una estructura de gastos que puede consumir buena parte o incluso superar sus ingresos disponibles.

El fenómeno también se observa en Ecuador. Una encuesta de Multitrabajos encontró que 58% de los talentos ecuatorianos todavía vive con su familia y que 55% atribuye su falta de independencia a no tener trabajo o no contar con un empleo estable. Además, ocho de cada diez ciudadanos consideran que independizarse resulta más difícil que hace una década.

En este contexto, el costo de vivir solo adquiere un peso determinante. Para quienes comienzan su trayectoria profesional, pagar alquiler, alimentación, transporte, servicios y otros gastos fijos puede dejar muy poco espacio para construir ahorro o patrimonio.

El presupuesto necesario para vivir de manera independiente también obliga a considerar gastos que muchas veces no aparecen en el salario neto. Alquiler, depósito, servicios, mobiliario, alimentación y transporte pueden modificar de manera importante la capacidad de ahorro de un adulto joven.

Por eso, alcanzar la autonomía económica puede convertirse en un proceso gradual, especialmente cuando los ingresos crecen más lentamente que los gastos asociados con la vivienda.

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Vivienda, empleo y poder adquisitivo cambian las reglas

La dificultad para acceder a una vivienda no ocurre de manera aislada. En Ecuador, Santiago García, economista y docente de la Universidad Central de Ecuador, relaciona el problema con la informalidad y las dificultades para conseguir financiamiento, especialmente entre los menores de 30 años.

La situación también tiene una dimensión relacionada con el costo de la vivienda. Para una generación que necesita destinar una proporción elevada de sus ingresos al alquiler, comprar una propiedad puede convertirse en un objetivo cada vez más distante. Esta presión transforma la independencia económica en un proceso más prolongado.

En República Dominicana, los precios de las propiedades y los alquileres también representan un desafío para quienes buscan establecerse por cuenta propia. El análisis sobre cuánto cuesta realmente pagar una vivienda permite dimensionar la presión que este gasto puede ejercer sobre los ingresos de los hogares.

En Colombia, el economista Henry Amorocho plantea que los gastos superiores a los ingresos y el endeudamiento reducen el poder adquisitivo. A esto se suman los contratos de prestación de servicios, mediante los cuales algunos trabajadores deben asumir directamente aportes relacionados con salud y pensión.

El problema no termina con conseguir empleo. La estabilidad de ese ingreso es igualmente importante. Cuando una persona tiene contratos temporales, ingresos variables o compromisos financieros, asumir un alquiler de largo plazo puede representar un riesgo importante.

Por eso, la posibilidad de comprar o alquilar una vivienda depende cada vez más de factores como los ingresos, el ahorro disponible, las tasas de interés y la permanencia esperada en una ciudad.

La decisión también está vinculada con la capacidad de acumular un fondo para emergencias. Sin ahorro suficiente, cualquier aumento del alquiler, pérdida de empleo o gasto inesperado puede retrasar todavía más el momento de abandonar el hogar familiar.

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Las nuevas generaciones también están cambiando sus prioridades

El fenómeno no puede explicarse únicamente desde la falta de dinero. Los modelos familiares también están cambiando. De acuerdo con los datos citados por Bloomberg Línea, en 2024 los hogares unipersonales representaban 17.2% cuando estaban encabezados por mujeres y 14.5% cuando estaban encabezados por hombres. En 2010 eran 16.0% y 8.6%, respectivamente.

Al mismo tiempo, los hogares biparentales con hijos pasaron de representar 53.6% a 45.5% entre 2010 y 2024. Estas transformaciones modifican la forma en que las personas entienden conceptos como matrimonio, vivienda, ahorro y patrimonio.

El cambio también puede observarse en las prioridades profesionales. Las nuevas generaciones muestran mayor interés por asuntos relacionados con el costo de vida, la estabilidad y sus prioridades económicas, factores que influyen en la forma en que planifican su futuro.

El economista Santiago García sostiene que las generaciones actuales toman decisiones más personalizadas y pueden priorizar experiencias, formación o viajes antes que asumir un crédito hipotecario de largo plazo. No necesariamente se trata de abandonar la idea de tener una vivienda, sino de postergar ese objetivo frente a otras necesidades.

En Colombia, además, la historia muestra que la independencia puede estar condicionada por responsabilidades familiares. Valentina Álvarez, una diseñadora gráfica entrevistada por Bloomberg Línea, explicó que continúa viviendo con su madre porque también debe participar en su cuidado y compartir los gastos familiares.

Así, la Generación Z y los millennials enfrentan una transición distinta a la de sus padres. También existen nuevas preocupaciones relacionadas con el manejo del dinero y la planificación financiera, especialmente entre quienes comienzan su vida laboral y todavía no cuentan con patrimonio.

En ese contexto, conocer consejos financieros para la Generación Z puede resultar relevante para entender cómo los jóvenes están abordando el ahorro, el gasto y la construcción de estabilidad económica.

Esta transformación también tiene una dimensión financiera. Para quienes todavía viven con sus padres, compartir gastos puede permitir acumular ahorros, reducir deudas o prepararse para una futura mudanza. En ese sentido, permanecer en el hogar familiar no necesariamente significa ausencia de independencia económica, sino una etapa diferente dentro de ella.

El desafío aparece cuando los ingresos no permiten avanzar hacia el siguiente paso. Una persona puede tener empleo, pero si gran parte de su salario se destina a gastos básicos, la capacidad de ahorrar para el depósito de un alquiler, adquirir muebles o reunir el inicial de una vivienda puede ser limitada.

Los hábitos de consumo también forman parte de esta ecuación. La relación entre gasto, Generación Z y millennials ayuda a comprender cómo las decisiones financieras de estas generaciones pueden influir en su capacidad para construir patrimonio a largo plazo.

Por otra parte, alcanzar una mayor estabilidad financiera requiere planificación. Para algunos jóvenes, permanecer temporalmente en casa de sus padres puede representar una estrategia para reducir gastos mientras acumulan recursos destinados a la vivienda, educación o emprendimiento.

En América Latina, la pregunta ya no parece ser únicamente cuándo se independizan los jóvenes, sino qué condiciones económicas necesitan para alcanzar su independencia sin comprometer su estabilidad financiera.

Vivir con los padres después de los 30 años, por tanto, puede entenderse como el resultado visible de una transformación económica y social más amplia. La comparación con generaciones anteriores pierde fuerza cuando cambian las condiciones que determinan cuánto cuesta estudiar, trabajar, alquilar, comprar una vivienda y formar un hogar.

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