Jóvenes latinoamericanos y el reto de la independencia económica
La generación Z en Latinoamérica vive un momento histórico marcado por fuertes contrastes. Aunque es la cohorte más educada y con menores niveles de pobreza frente a generaciones previas, su autonomía económica retrocede. Un análisis del Banco Mundial señala que varios factores estructurales y tecnológicos están redefiniendo la capacidad de los jóvenes para formar hogares, adquirir patrimonio y acceder a empleos que impulsen su crecimiento profesional.
Según Hernan Winkler, economista sénior del organismo, los avances educativos no se han convertido en una mayor independencia financiera. “Esta prosperidad relativa no se ha traducido en mayor independencia residencial”, afirma. El porcentaje de jóvenes que se convierten en jefes de hogar ha disminuido desde la generación X hasta la Z, pasando de 35% a 26,5% en los países estudiados.
Educación al alza, pero empleos de baja calidad
Los jóvenes de 22 a 28 años tienen más años de estudio que sus padres. Sin embargo, enfrentan un mercado laboral que no acompaña esa mejora. La presencia de empleos informales, salarios estancados y condiciones precarias afecta directamente su capacidad de ahorro y limita su desarrollo patrimonial.
A este escenario se suma un fenómeno persistente: los “ninis”, jóvenes que no estudian ni trabajan y que representan cerca del 19%. Este grupo queda fuera de los sistemas educativos y productivos. Esa desconexión reduce su acceso a habilidades clave y limita su potencial para generar ingresos.
Winkler advierte que la baja calidad educativa influye de manera decisiva. Tres de cada cuatro jóvenes de 15 años no dominan habilidades básicas en matemáticas. Esto disminuye el retorno económico de la educación y amplía las brechas frente a un mercado que exige competencias cada vez más avanzadas.
La inteligencia artificial redefine los primeros empleos
El impacto de la automatización y la inteligencia artificial (IA) transforma con rapidez los empleos de entrada. Estos roles, que antes permitían a los jóvenes adquirir experiencia, están desapareciendo. Hoy, tareas como análisis de datos, revisión de texto o elaboración de reportes pueden realizarse con sistemas de IA. Como resultado, se eliminan los primeros escalones de la escalera laboral.
Winkler lo resume de forma clara: “Es como pedirles a los jóvenes que comiencen sus carreras en el tercer piso, pero hemos quitado las escaleras”.
Ante este panorama, la generación Z necesita nuevas estrategias. Debe adaptarse a perfiles digitales, buscar empleos en sectores dinámicos y usar la tecnología como una herramienta de crecimiento, no como un obstáculo.
Para el Banco Mundial, este reto requiere políticas públicas que mejoren la calidad educativa, fortalezcan el aprendizaje continuo y faciliten la transición hacia empleos formales y sostenibles.
Un desafío global que trasciende regiones
La falta de independencia económica no es un fenómeno exclusivo de Latinoamérica. En España, los millennials tienen un 40% menos de poder adquisitivo que sus padres a la misma edad, según el Banco de España. La vivienda se ha revalorizado un 71% en la última década, lo que dificulta ahorrar para una hipoteca.
En Estados Unidos, la generación Z tiene un poder adquisitivo 86% menor que el de sus padres, según cifras del Bureau of Labor Statistics. El economista Álvaro Zapatel señala que el endeudamiento y el alto costo de la vivienda frenan la movilidad social en ambos países.
Aun así, Zapatel destaca una ventaja. Las nuevas generaciones muestran una fuerte adaptabilidad tecnológica, lo que podría mejorar sus oportunidades laborales si cuentan con educación financiera para diversificar ingresos e inversiones.
Nuevas oportunidades: activos digitales y emprendimiento
A pesar de los obstáculos, la generación Z y los millennials no están condenados a perder capacidad de acumulación de riqueza. Según Glen Steward, fundador de Stewards Investment Capital, la economía digital ha abierto nuevas rutas hacia la prosperidad. Entre ellas se incluyen los activos digitales, el emprendimiento tecnológico, la economía de creadores y las inversiones globales a través de plataformas digitales.
Estos sectores permiten que jóvenes talentosos acumulen riqueza e, incluso, alcancen grandes fortunas a edades tempranas. Esto era impensable para generaciones anteriores.
Además, muchos jóvenes buscan múltiples residencias o ciudadanías como estrategia para diversificar su patrimonio, explica Michel Soler, de Henley & Partners.
Steward advierte que esta nueva economía exige disciplina, educación financiera y gestión del riesgo. Estos elementos son esenciales para construir riqueza sostenible.
La visión de riqueza también ha cambiado. Para las generaciones jóvenes, no se trata solo de acumular dinero. Buscan libertad, flexibilidad y propósito, integrando sostenibilidad y experiencias personales en su idea de bienestar.
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