Materias primas en RD: canasta subiría un 9 % en 2027
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El Banco Mundial prevé una caída del 7 % en su índice de materias primas en 2027, pero una canasta de tres insumos importados por RD subiría un 9 % ¿Dónde queda el alivio?

En apenas seis meses, las previsiones de varios insumos esenciales cambiaron considerablemente. La agroindustria dominicana debe planificar sus compras y comprometer inversiones sin conocer aún los precios que terminará pagando.

Collage editorial del Banco Mundial con maíz, trigo, soya, comercio marítimo y un mapa de República Dominicana, que representa las distintas perspectivas de precios para 2027.

Foto: El Banco Mundial prevé que su índice de materias primas caiga un 7 % en 2027, mientras una canasta de maíz, trigo y aceite de soya importados por República Dominicana subiría cerca de un 9 %, según un cálculo ilustrativo basado en sus previsiones. Ilustración: Ana Sosa para Mercado.

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El maíz concentró casi la mitad del valor de tres insumos agrícolas importados por la República Dominicana en 2025. Sin embargo, el mayor encarecimiento previsto para 2027 provendría de otros dos productos: el trigo y el aceite de soya. Juntos representaron una proporción similar del dinero destinado a esas compras, pero explicarían cerca de tres cuartas partes del aumento proyectado de la canasta.

El Banco Mundial prevé que su índice agregado de materias primas suba 23,1 % en 2026 y retroceda 7 % en 2027, impulsado entonces por una caída del 11,5 % en la energía. Para los alimentos anticipa, en cambio, un aumento del 7,2 %.

República Dominicana importó maíz, trigo y aceite de soya por un valor de US$804,7 millones en 2025. Si se pondera la evolución proyectada de sus cotizaciones internacionales según su participación en dichas compras, el índice ilustrativo de la canasta subiría aproximadamente un 9,17 % en 2027.

El cálculo mantiene fijos los pesos de 2025 y utiliza cotizaciones internacionales que pueden diferir de las pagadas por los importadores dominicanos. No incluye combustibles, fertilizantes ni otros insumos; tampoco permite estimar cuánto costará producir alimentos. Que el mercado mundial se abarate no garantiza que lo mismo ocurra con las materias primas que necesita una fábrica.

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Tres insumos que RD importó por US$805 millones se alejarían del promedio mundial.

De acuerdo con las cifras preliminares de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 2025 el país adquirió 1,88 millones de toneladas de maíz por US$400,7 millones; 673.481,6 toneladas de trigo por US$174,7 millones, y 211.227,1 toneladas de aceite de soya por US$229,3 millones. El maíz representó el 49,79 % del valor conjunto; el trigo, el 21,71 %, y el aceite, el 28,50 %.

Para 2027, el Banco Mundial proyecta aumentos del 5,4 % en el maíz, del 13,5 % en el trigo estadounidense Hard Red Winter (HRW) y del 11,4 % en el aceite de soya. Al comparar 2026 con 2027 en el índice con base en 2025, la subida se reparte en 2,41 puntos porcentuales atribuibles al maíz, 3,07 al trigo y 3,68 al aceite. Los dos últimos explicarían alrededor del 74 % del incremento.

Comparación del valor importado de maíz, trigo y aceite de soya en República Dominicana en 2025 con su contribución al aumento previsto de la canasta en 2027.
El trigo y el aceite de soya explicarían el 74 % del aumento previsto para 2027 en una canasta de tres insumos importados por la República Dominicana. La comparación se basa en las importaciones de 2025 y en las previsiones internacionales del Banco Mundial. Fuentes: ONE y Banco Mundial. Gráfico: Ana Sosa para Mercado.

La ONE estimó que, en 2025, las importaciones cubrieron el 95,2 % de las necesidades de maíz y el 100 % de las de trigo y aceite de soya. El maíz es esencial para los alimentos balanceados de las industrias avícola y porcina. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción dominicana cubriría menos del 5 % del consumo de maíz en la campaña 2026-2027. El trigo abastece a los molinos harineros, mientras que el aceite de soya sigue otra cadena de procesamiento. En cada actividad, su peso en los costos totales es distinto.

El índice agregado del Banco Mundial asigna el 67 % de su ponderación a la energía y el 33 % a los productos no energéticos, con ponderaciones basadas en el comercio internacional de 2002-2004. Nuestra canasta reúne exclusivamente tres materias primas agrícolas y toma como referencia las importaciones dominicanas de 2025. Son medidas de universos diferentes. Por eso, el 9,17 % no representa un incremento equivalente en el costo de producir harina, pollo o aceite procesado: para calcularlo necesitaríamos conocer las estructuras de costos de esas industrias.

Las cotizaciones que hoy sirven para preparar los presupuestos de 2027 pueden cambiar considerablemente antes de que una empresa contrate sus próximos suministros.

La previsión del trigo para 2027 aumentó un 36 % en apenas seis meses.

En abril de 2026, el Banco Mundial esperaba que el trigo HRW costara US$260 por tonelada en 2027. Seis meses después, su pronóstico había pasado a US$353, un 35,8 % más. La estimación del aceite de soya subió de US$1.236 a US$1.765 por tonelada (42,8 %), y la del maíz, de US$214 a US$235 (9,8 %).

Gráfica de las previsiones del Banco Mundial para 2027, revisadas entre abril y octubre de 2026: aceite de soya +42,8 %, trigo HRW +35,8 % y maíz +9,8 %.
El Banco Mundial elevó entre abril y octubre de 2026 sus previsiones de precios para 2027: aceite de soya (+42,8 %), trigo HRW (+35,8 %) y maíz (+9,8 %). Las cifras representan revisiones de estimaciones, no aumentos observados. Fuentes: Banco Mundial, Commodity Markets Outlook, abril y octubre de 2026. Gráfico: Ana Sosa para Mercado.

Son revisiones de precios esperados para un año futuro: no significan que los importadores dominicanos pagarán esos aumentos entre abril y octubre. El informe de octubre examina las interrupciones en el comercio de cereales, las cosechas y las presiones energéticas sobre la agricultura. Conflictos internacionales más intensos o un episodio fuerte de El Niño podrían volver a modificar las previsiones.

Quien aseguró parte del suministro meses atrás puede llegar a 2027 a un costo distinto al de quien deba contratarlo más adelante. Un molino también puede utilizar trigo comprado cuando las cotizaciones varían. Ese inventario amortigua una subida, pero retrasa el ahorro si los precios caen; además, requiere almacenamiento y financiación.

El USDA registra compras de Hard Red Winter (HRW), Soft Red Winter (SRW) y Hard Red Spring (HRS), variedades con características y precios distintos. En la campaña 2024-2025, Estados Unidos representó aproximadamente el 76 % del abastecimiento y Canadá el 21 %. Entre julio de 2025 y enero de 2026, esas participaciones pasaron al 59 % y al 38 %, respectivamente. El precio pesa en la elección del proveedor, junto con la calidad del grano.

Sin conocer los precios contratados para 2027, la composición de las compras o la velocidad a la que se renuevan las existencias, no podemos determinar cuánto de la revisión internacional se trasladará a los costos de los molinos. La cotización del HRW no necesariamente refleja el precio de toda la mezcla de trigo importada. Sería infundado atribuir pérdidas o errores presupuestarios únicamente a esos cambios en la previsión.

Las empresas todavía pueden renegociar los suministros, cambiar de proveedor o ajustar los inventarios, aunque cada decisión tiene su costo. Una inversión en maquinaria y edificios deja mucho menos margen para rectificar.

Un nuevo molino ya estaba decidido cuando cambió la previsión del trigo.

El 20 de noviembre de 2025, la Cooperativa de Servicios Múltiples de Procesadores de la Harina (COOPROHARINA) anunció la construcción de un molino en el Distrito Industrial de Santo Domingo Oeste. La inversión supera RD$1.100 millones e incluye infraestructura para almacenar y procesar trigo, seguida de una etapa de incorporación de equipos de molienda. El proyecto ya estaba decidido cuando llegaron las nuevas previsiones de octubre de 2026.

En su memoria de 2024, la cooperativa indicó que operaba a su máxima capacidad y recurría a harina de otras marcas para atender a socios y clientes. También contemplaba aumentar el almacenamiento y registraba la adjudicación de un nuevo molino.

El USDA calcula que los seis principales molinos dominicanos tienen una capacidad conjunta de 3.320 toneladas diarias, aprovechada en promedio entre el 65 % y el 70 %.

¿Por qué construir más si hay capacidad ociosa?

El promedio de seis plantas no indica cuánto produce cada una. La ubicación, la tecnología, el tipo de harina y la cartera de clientes también determinan si una instalación disponible puede atender los pedidos de otra empresa. La capacidad ociosa del sector y el límite productivo declarado por COOPROHARINA no son incompatibles entre sí.

En noviembre de 2024, el Banco de Desarrollo y Exportaciones (BANDEX) anunció RD$600 millones para fortalecer las instalaciones de almacenamiento y procesamiento. La memoria financiera de COOPROHARINA correspondiente a 2025 registra un préstamo hipotecario a 15 años, con una tasa anual inicial del 9,5 % fija durante 3 años y 3 años de gracia para amortizar el capital. A junio de 2025 se habían desembolsado RD$300 millones, la mitad del crédito previsto.

Según la cooperativa, el nuevo molino permitiría pasar de 2.500 a 6.750 sacos de harina diarios, una capacidad 2,7 veces mayor. La posibilidad de repartir ciertos costos fijos entre más unidades exige vender suficiente harina y operar de manera eficiente. De poco serviría ampliar las instalaciones si la demanda no acompaña el aumento de la producción o si los gastos adicionales absorben las mejoras en eficiencia.

Si el costo del trigo sube, presionará los márgenes o los precios de venta, según lo que el mercado permita trasladar. Sin flujos de caja incrementales, costos operativos específicos, márgenes previstos y la utilización esperada de la nueva capacidad, la documentación pública no permite calcular la rentabilidad de la inversión ni concluir que habría convenido aplazarla.

No hay evidencia de que COOPROHARINA haya decidido expandirse con base en una expectativa concreta sobre el trigo para 2027. Los documentos apuntan a una necesidad de capacidad previamente identificada. La inversión deberá generar resultados a lo largo de los años, mientras que las previsiones sobre el precio de su principal materia prima pueden cambiar varias veces en un mismo ejercicio.

La canasta bajaría en 2028, pero seguiría casi un 20 % por encima de 2025.

Para 2028, el Banco Mundial prevé que el maíz baje de US$235 a US$211 por tonelada (10,2 %); el trigo HRW, de US$353 a US$315 (10,8 %), y el aceite de soya, de US$1.765 a US$1.601 (9,3 %).

En el índice ilustrativo de la canasta, con 2025 = 100, los niveles serían 122,10 en 2026, 133,30 en 2027 y 119,92 en 2028. La reducción de 2028 rondaría el 10 %, pero los precios de esos tres insumos, considerados conjuntamente según nuestra metodología, seguirían 19,9 % por encima de los de 2025. Una materia prima puede abaratarse respecto del año anterior y, aun así, seguir costando bastante más que hace tres años.

Gráfico de la canasta de materias primas de RD: índice de 100 en 2025, 122,10 en 2026, 133,30 en 2027 y 119,92 en 2028, según previsiones internacionales.
La canasta de maíz, trigo y aceite de soya analizada para República Dominicana bajaría cerca de un 10 % en 2028, pero seguiría un 19,9 % por encima de 2025, según un cálculo ilustrativo basado en las previsiones internacionales del Banco Mundial. Fuentes: Banco Mundial y ONE. Gráfico: Ana Sosa para Mercado.

Un importador puede tener existencias compradas a precios más altos o contratos vigentes; otro puede renovar su suministro tras el descenso. Para un molino que acaba de comprometer capital, 2028 apenas cubre una parte de su horizonte de inversión. Además, las previsiones siguen sujetas al clima, a la oferta, a la demanda y a los conflictos internacionales. El Banco Mundial contempla escenarios en los que los alimentos costarían considerablemente más.

Incluso si se cumple la baja, un trigo más barato no garantiza mayores beneficios para un molino. La energía, el transporte o la financiación pueden absorber el ahorro; también puede trasladarse al comprador mediante precios de harina más bajos. Los fabricantes de alimentos balanceados y los procesadores de aceite enfrentan mecanismos similares, pero con estructuras de costos distintas. Importará cuánto represente cada materia prima en sus gastos y cuánto margen consigan obtener de sus ventas.

Una compra anterior a la caída tampoco prueba que el empresario se equivocó: quizás necesitaba garantizar el suministro para seguir produciendo. Del mismo modo, una fábrica ampliada durante un período de precios elevados podría responder a una demanda que perdure más allá de ese ciclo. Evaluar esas decisiones únicamente con la cotización que finalmente se observe confundiría el resultado del mercado con la información disponible en el momento de la decisión.

Para quien compra trigo, importa cuánto costará reponer el próximo inventario; para quien construye un molino, cuántos sacos podrá vender y con qué margen durante los años necesarios para pagar su deuda y recuperar la inversión.

La caída de un índice puede anunciar un cambio de ciclo. El alivio para quienes producen solo llegará cuando ese cambio se refleje en sus cuentas.

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