Héctor Valdez Albizu: ¿Cómo construyó la confianza que sostiene su continuidad?
El presidente Luis Abinader confirmó a Héctor Valdez Albizu como gobernador del Banco Central por otros dos años. ¿Qué capacidades ha consolidado la institución durante su gestión para responder a las crisis y preservar la estabilidad monetaria?
Foto: Héctor Valdez Albizu, gobernador del Banco Central de la República Dominicana, ha sostenido una trayectoria marcada por la continuidad, la estabilidad monetaria y la confianza construida a lo largo de distintos ciclos económicos. Foto de archivo: Mercado.
La trayectoria de Héctor Valdez Albizu en la Gobernación del Banco Central se divide en dos etapas: de 1994 a 2000 y de 2004 a la actualidad. Han pasado casi 32 años desde su primera designación, pero acumula cerca de 28 años efectivos como gobernador, 22 de ellos de manera ininterrumpida desde su regreso al cargo en agosto de 2004, según el registro histórico del BCRD. Si se completa el período para el que acaba de ser ratificado, llegará en 2028 a aproximadamente 30 años acumulados al frente de la institución.
El diseño legal del cargo contempla períodos mucho más cortos. La Ley Monetaria y Financiera 183-02 establece que el gobernador es designado por el presidente de la República por un período de dos años, con posibilidad de renovación. Valdez Albizu ha ocupado la posición bajo cuatro presidentes y, desde 2004, su permanencia se ha extendido mediante ratificaciones sucesivas, separadas por nuevos períodos de gestión y por escenarios económicos que han planteado exigencias distintas al Banco Central.
Su primera designación tampoco marcó el inicio de su relación con la institución. Cuando llegó a la Gobernación en 1994, Valdez Albizu llevaba 24 años de carrera en el Banco Central. Había ingresado en 1970 y, antes de alcanzar la máxima posición, ya había desempeñado responsabilidades técnicas y directivas en el propio banco.
¿Qué hizo Héctor Valdez Albizu durante los 24 años previos a dirigir el Banco Central y por qué ese recorrido importa?
Antes de entrar al Banco Central, Héctor Valdez Albizu ya había definido el campo desde el que quería abordar los problemas económicos del país. En una entrevista con Mercado en 2023, recordó que había comenzado a estudiar ingeniería en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, pero que una beca lo llevó a Chile, donde cursó materias de economía y finanzas. Allí, explicó, comprendió que “esa área respondía mejor a las necesidades que tenía el país y a mis deseos de contribuir con su desarrollo”. De regreso en República Dominicana, orientó su formación hacia economía y, en 1970, ingresó al Departamento de Estudios Económicos del BCRD.
Ya dentro del Banco Central, comenzó a trabajar sobre algunos de los problemas que luego marcarían la política económica dominicana. Entre sus investigaciones económicas figuran estudios sobre el mercado paralelo de divisas, los programas financieros del país, la dimensión del sistema bancario y sus posibilidades de expansión. En 1985, mientras dirigía el Departamento de Estudios Económicos, aparecieron, además, dos trabajos particularmente vinculados con las tensiones de aquellos años: “Régimen de emergencia cambiaria” y “Reforma del sistema financiero, una propuesta”.
Su trabajo dejó de centrarse únicamente en estudiar esos desequilibrios. Desde las áreas de política monetaria y la Junta Monetaria asumió responsabilidades que lo expusieron a decisiones con consecuencias fuera del propio Banco Central. Entre 1992 y 1993 participó, en representación de la institución, en las renegociaciones de la deuda externa con bancos comerciales y con los gobiernos acreedores del Club de París. Allí la capacidad técnica debía trasladarse a una negociación concreta con quienes evaluaban la capacidad del país para cumplir sus compromisos externos.

En enero de 1993 asumió la administración general de Banreservas. Pasó entonces de trabajar en torno a la política monetaria y financiera a dirigir una institución que debía operar bajo esas reglas. La historia institucional de Banreservas, escrita por Roberto Cassá, sitúa su gestión en una etapa de reordenamiento orientada a competir con mayor eficiencia y a adaptar el banco a las Normas Prudenciales, proceso que exigía cambios en buena parte de su funcionamiento.
Al asumir la Gobernación el 31 de agosto de 1994, Valdez Albizu acumulaba 24 años de experiencia en diversas áreas del sistema económico y financiero dominicano. Había investigado problemas monetarios y financieros, participado en negociaciones con acreedores internacionales y dirigido un banco público en medio de cambios regulatorios en el sistema financiero.

Ese recorrido le había exigido competencias profesionales distintas: análisis económico, participación en la toma de decisiones de política monetaria, negociación financiera internacional y gestión bancaria. Desde 1994, esas credenciales tuvieron que sustentarse en resultados: inflación, expectativas de inflación y la capacidad de respuesta del Banco Central frente a los shocks.
¿Cómo cambió la respuesta del Banco Central bajo la dirección de Héctor Valdez Albizu ante inflación, crisis bancaria y pandemia?
Cuando Héctor Valdez Albizu asumió por primera vez la Gobernación del Banco Central, la inflación era un problema fundamental para la economía dominicana. Después de cerrar 1993 en 2.79 %, alcanzó 14.31 % al cierre de 1994. Para hogares y empresas, significaba enfrentar costos que subían más rápido; para el Banco Central, el reto era contener ese aumento y evitar que la inflación siguiera ganando fuerza.
La crisis bancaria de 2003, que comenzó con el colapso de Baninter, entonces el tercer banco privado más grande de República Dominicana, planteó un problema de mayor alcance. El descubrimiento de fraude y obligaciones que no aparecían reflejadas en su contabilidad afectó la confianza de los ciudadanos en el sistema financiero. Para proteger a los depositantes y evitar que el temor provocara retiros masivos en otras entidades, el Banco Central tuvo que movilizar grandes cantidades de recursos. Esa intervención puso más dinero en circulación justo cuando el peso perdía valor y los precios aumentaban con rapidez.
Valdez Albizu regresó a la Gobernación en 2004 con buena parte de esas presiones todavía presentes. El BCRD necesitaba retirar gradualmente parte del dinero que había entrado al sistema durante la crisis y reducir la presión sobre la moneda y los precios. Intensificó la colocación de certificados del Banco Central: al vender esos títulos, captaba pesos que de otra manera podían permanecer disponibles para prestar o gastar. La recuperación del peso durante la segunda mitad del año también ayudó a moderar el costo de bienes importados. La inflación interanual, que había llegado a 60.35 % en junio, cerró diciembre en 28.74 %.
La estabilización no dependió únicamente del Banco Central. También intervinieron ajustes fiscales, reformas al sistema financiero y medidas para reforzar la supervisión bancaria. Al recordar aquel período en una entrevista con Mercado en 2023, Valdez Albizu situó entre los momentos más importantes de su carrera “la contribución del Banco Central a la rápida recuperación de la estabilidad macroeconómica y de la confianza” tras la crisis bancaria de 2003, junto con la gestión de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.
En 2020, las restricciones sanitarias para contener el COVID-19 limitaron la movilidad y obligaron a numerosas empresas a cerrar temporalmente o reducir sus operaciones. Las ventas y los ingresos cayeron, pero las nóminas, los alquileres, los pagos a proveedores y los préstamos seguían venciendo. El riesgo era que empresas y hogares encontraran, además, mayores dificultades para conseguir crédito o para cumplir las deudas que ya tenían.
La Junta Monetaria y el BCRD redujeron la tasa de política monetaria de 4.50 % a 3.00 % y habilitaron facilidades de liquidez que alcanzaron RD$215,814.5 millones, alrededor del 5 % del PIB de 2020. No era dinero entregado directamente por el Gobierno a las empresas: eran mecanismos para que los bancos dispusieran de más recursos y pudieran continuar prestando o refinanciando obligaciones mientras una parte importante de la actividad económica permanecía limitada.
En el Country Report 2021-22, Mercado recogió una valoración atribuida a Valdez Albizu que situaba la recuperación en una combinación de políticas: “Las condiciones monetarias favorables, junto con las medidas de apoyo del Gobierno, han facilitado una recuperación más rápida de lo previsto” tras el punto más crítico de la pandemia.
A medida que la actividad económica se reabrió en 2021, los precios comenzaron a subir con mayor fuerza. El encarecimiento de los fletes, la energía y las materias primas elevó los costos de las empresas y de los productos importados, y en 2022 se añadieron nuevas presiones internacionales. Mantener tasas muy bajas y una abundante liquidez podía impulsar aún más el crédito y el gasto cuando la inflación ya se había convertido en el principal problema que debía contener el Banco Central.
El BCRD comenzó entonces a retirar el apoyo extraordinario y elevó la tasa de política monetaria del 3.00 % al 8.50 % entre noviembre de 2021 y octubre de 2022. Para empresas y consumidores, una tasa más alta encarece gradualmente los préstamos y tiende a moderar el crédito y el gasto. La inflación alcanzó 9.64 % en abril de 2022 y regresó al rango meta en mayo de 2023, con 4.43 %.
El Banco Central cambió la orientación de su política monetaria según el problema que enfrentaba: retiró dinero de circulación tras la crisis bancaria, facilitó el financiamiento cuando la economía se paralizó y volvió a restringirlo cuando la inflación se convirtió en la principal preocupación. Para empresas, hogares e inversionistas, esa capacidad adquiere mayor valor cuando pueden anticipar que la autoridad monetaria reaccionará de manera consistente ante el riesgo que intenta contener.
¿Qué resultados le dieron credibilidad a Héctor Valdez Albizu al frente del Banco Central?
La credibilidad asociada a Héctor Valdez Albizu se fue construyendo con algo más que períodos de inflación controlada. Las respuestas examinadas ante escenarios económicos distintos dejaron una señal reconocible sobre la conducción del Banco Central:
La institución podía cambiar la orientación de su política cuando cambiaba el riesgo y mantener la estabilidad de precios como referencia.
Para septiembre de 2023, esa valoración ya aparecía reflejada en el cover story de la edición The Power Issue de Mercado, donde su perfil lo definía como “figura consensual, arquitecto del sistema”.

La adopción del Esquema de Metas de Inflación en 2012 convirtió esa forma de conducir la política monetaria en un compromiso medible. Desde 2015, el BCRD mantiene una meta de 4 % ± 1 punto porcentual. Empresas, hogares e inversionistas pasaron a conocer de antemano hacia qué nivel buscaba llevar la inflación la autoridad monetaria y podían contrastar sus decisiones con ese objetivo.
El Fondo Monetario Internacional encontró en 2019 que ese marco ya había producido resultados observables. La inflación había disminuido tanto en su nivel como en su volatilidad, y las expectativas se habían anclado progresivamente. El organismo consideró que la credibilidad del esquema dominicano era comparable a la de economías latinoamericanas con una trayectoria más prolongada en el uso de metas de inflación.
La forma en que Valdez Albizu explicaba esos resultados también evolucionó hacia una atribución más amplia de responsabilidades. En una entrevista con Mercado en 2023, afirmó que “la trayectoria descendente de la inflación en los últimos meses ha sido el resultado del esfuerzo coordinado de las políticas monetarias y fiscal”, además de la moderación de las presiones externas. La declaración evita convertir un resultado macroeconómico en un mérito exclusivo del Banco Central y coincide con el carácter compartido de muchas de las condiciones que permitieron reducir la inflación.
La evaluación del FMI de 2025 mostró que esa referencia había resistido incluso el fuerte aumento internacional de los precios posterior a la pandemia: las expectativas de inflación a 24 meses permanecían alrededor de 4 %, en el centro de la meta del BCRD. Para una empresa, esa expectativa influye en decisiones que van mucho más allá del precio de un producto: cuánto invertir, a qué plazo endeudarse, qué costos proyectar o en qué condiciones comprometer capital.
La estabilidad monetaria también coincidió con uno de los períodos de mayor expansión económica de la República Dominicana. Entre 2005 y 2019, el PIB real creció en promedio 5.8 % anual, más del doble del 2.6 % registrado por América Latina y el Caribe, según el Banco Mundial. Ese desempeño no puede explicarse únicamente por la política monetaria: también intervinieron la inversión, las exportaciones, el turismo, las reformas económicas y la estabilidad política. Pero contener la inflación y preservar el funcionamiento del sistema financiero redujo una fuente de incertidumbre para el crédito, la inversión y las decisiones empresariales.
Los resultados que dieron credibilidad a Valdez Albizu aparecen en esa combinación: una meta de inflación que terminó influyendo en las expectativas, una política monetaria que las empresas y los mercados podían interpretar con mayor previsibilidad y un entorno de precios más estable durante años en los que República Dominicana estuvo entre las economías de mayor crecimiento de la región.
Su continuidad no se explica únicamente por el tiempo que ha ocupado la Gobernación, sino también por los resultados que distintos gobiernos obtuvieron al evaluar lo ocurrido durante ese período.

¿Qué queda por consolidar después de más de dos décadas de continuidad en el Banco Central?
La nueva ratificación de Héctor Valdez Albizu encontró respaldo tanto en el sistema financiero como entre los economistas. La Asociación de Bancos Múltiples de la República Dominicana (ABA) destacó la prudencia, la credibilidad técnica y la capacidad de respuesta de la conducción del BCRD. Christopher Paniagua, presidente en funciones de su Consejo de Asociados, afirmó que “su gestión ha sido determinante para preservar la estabilidad macroeconómica y generar condiciones de confianza”. Los economistas Daris Javier Cuevas y Maribel Lorenzo asociaron la continuidad de la actual dirección monetaria con la certidumbre para los mercados y la previsibilidad en la política financiera.
La recapitalización del Banco Central sigue entre las tareas institucionales por completar. Los estados financieros auditados de 2024 registran RD$731,205 millones por recibir del Gobierno dominicano, equivalentes al 38 % de los activos de la institución. La Ley 167-07 creó un programa de recapitalización mediante bonos y otros mecanismos, pero las obligaciones acumuladas no han sido totalmente cubiertas. El BCRD señala, al mismo tiempo, que sus pérdidas anuales se redujeron de 2.3 % del PIB en 2006 a 0.46 % en 2024 y que continúa trabajando con el Ministerio de Hacienda sobre el esquema vigente.
Después de 28 años efectivos de Valdez Albizu como gobernador, la continuidad representa algo más que las sucesivas renovaciones del cargo. Durante ese período, el Banco Central consolidó una meta de inflación reconocible, fortaleció su capacidad técnica para responder a ciclos económicos diversos y convirtió la previsibilidad de la política monetaria en un valor reconocido por bancos, economistas y organismos internacionales. La recapitalización pendiente recuerda que ese recorrido institucional aún tiene compromisos por cumplir.
La continuidad de Héctor Valdez Albizu como gobernador del Banco Central también cuenta la historia de una institución que convirtió la experiencia, la capacidad de respuesta ante las crisis y la previsibilidad monetaria en confianza institucional.
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