Qué viene para Venezuela tras la caída de Maduro
La crisis política de Venezuela entró en una fase inédita tras la operación militar de Estados Unidos anunciada por Donald Trump y la supuesta detención de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores. El episodio, ocurrido en la madrugada de este sábado, despejó una de las mayores dudas que dominaban el escenario regional en los últimos meses: si Washington estaba dispuesto a pasar de la presión diplomática y económica al uso directo de la fuerza.
Trump, que durante años se presentó como un negociador imprevisible y evitó una acción militar directa en su primer mandato, optó esta vez por una intervención de alto impacto. Sin embargo, lejos de cerrar el conflicto, el operativo abrió un abanico de interrogantes que mantienen en vilo a Venezuela, a América Latina y a la comunidad internacional. A continuación, un análisis de las claves que definirán lo que viene.
El destino de Maduro y el impacto judicial internacional
El primer interrogante gira en torno a qué pasará con Nicolás Maduro si se confirma que está bajo custodia de Estados Unidos. El propio Trump afirmó en la red Truth Social que el mandatario venezolano fue capturado y trasladado fuera del país tras un ataque a gran escala. Horas después, la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió una prueba de vida, dando a entender que el gobierno chavista desconocía su paradero.
Si Maduro se encuentra efectivamente en poder de las autoridades estadounidenses, su situación judicial es extremadamente compleja. Desde 2020 enfrenta cargos por narcotráfico en tribunales de EE.UU., acusado de liderar el llamado Cartel de los Soles. A esas causas se suman denuncias por violaciones a los derechos humanos y torturas contra ciudadanos estadounidenses.
Washington había ofrecido una recompensa que llegó a US$50,000,000 por información que condujera a su captura, una cifra que refleja la centralidad del caso para la política exterior estadounidense. Maduro siempre negó las acusaciones y sostuvo que formaban parte de una estrategia para derrocarlo y controlar los recursos naturales venezolanos. Ahora, ese discurso se enfrenta a un escenario radicalmente distinto.
Quién gobierna Venezuela y la disputa de poder interno
La eventual salida de Maduro no resuelve automáticamente la crisis institucional. La Constitución venezolana establece que, ante una ausencia absoluta del presidente durante los primeros cuatro años del mandato, el poder debe recaer en la vicepresidencia mientras se convocan elecciones en un plazo de 30 días. No obstante, la captura por un gobierno extranjero no figura explícitamente entre las causales previstas.
Además, la legitimidad del chavismo sigue en disputa. Estados Unidos, gran parte de la Unión Europea y varios países de América Latina no reconocen a Maduro como presidente legítimo tras las elecciones del 28 de julio de 2024. Para esos actores, el ganador fue Edmundo González Urrutia, candidato respaldado por la oposición.
Pese a ello, el control real del poder sigue en manos del chavismo, que domina las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad. En ese contexto, cobra fuerza la hipótesis de una continuidad interna, con Delcy Rodríguez como figura visible. Sin embargo, el equilibrio dentro del oficialismo es frágil. Nombres como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino poseen una influencia decisiva sobre el aparato militar, lo que anticipa una posible reconfiguración del poder con desenlace incierto.
La oposición y el dilema del cambio de régimen
Para la oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, y por González Urrutia, la caída de Maduro representa una oportunidad, pero también un desafío. Su objetivo declarado es hacer valer los resultados electorales de 2024 e impulsar un cambio estructural en el país.
Sin embargo, la ausencia de Maduro no garantiza ese desenlace. El chavismo conserva el control territorial y militar, y hasta ahora ninguno de sus principales referentes mostró disposición pública a negociar una transición. La oposición enfrenta así el dilema de cómo avanzar sin provocar una escalada de violencia ni depender exclusivamente del respaldo externo.
Trump, la victoria política y los límites del golpe
Desde la óptica de Donald Trump, la captura de Maduro constituye un triunfo político contundente. Refuerza su discurso de mano dura contra el narcotráfico y la migración irregular, y valida su estrategia de presión máxima. No obstante, el éxito podría ser parcial si no se traduce en un cambio de régimen efectivo.
Ya surgieron críticas internacionales, incluso de gobiernos que cuestionaban a Maduro, como el de Chile, que objetan la forma en que fue removido del poder. Para Trump, el desafío será demostrar que su victoria no es solo simbólica, sino el inicio de una transformación real en Venezuela.
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