PISA 2025 revela menor acompañamiento familiar en adolescentes
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¿Por qué los padres dominicanos se están alejando de la educación de sus hijos según las pruebas PISA?

Los resultados de PISA 2025 ponen sobre la mesa una señal que va más allá del desempeño académico y que tiene que ver con el acompañamiento familiar durante la adolescencia. Cada vez menos estudiantes dominicanos aseguran conversar con sus padres o tutores sobre lo que ocurre en la escuela, una tendencia que abre interrogantes sobre los cambios que están influyendo en la relación entre las familias y los jóvenes.

Estudiante frente a una mesa con lápices y papel, con las manos en la cabeza mientras parece concentrarse en una tarea escolar; al fondo se refleja su imagen desenfocada.
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Las cifras muestran una disminución significativa. El porcentaje de estudiantes de 15 años que afirmó que sus padres o tutores les preguntaban al menos una vez por semana qué habían hecho en la escuela pasó de 65 % en 2022 a 49 % en 2025, una reducción de 16 puntos porcentuales. Detrás de este descenso hay conversaciones cotidianas que, aunque pueden parecer sencillas, cumplen un papel importante en la forma en que los adolescentes viven, procesan y enfrentan su experiencia escolar.

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La caída también se observa cuando se trata de hablar sobre dificultades académicas o personales dentro del centro educativo. En 2022, el 56 % de los estudiantes decía abordar semanalmente estos problemas con sus familias, mientras que en 2025 la proporción se redujo al 37 %. El dato deja una interrogante que PISA, por sí sola, no puede responder: qué está provocando este distanciamiento y qué consecuencias podría tener para el desarrollo y el bienestar de los adolescentes dominicanos.

Una señal que va más allá de las tareas

El acompañamiento de los padres no implica necesariamente sentarse todas las tardes a revisar cuadernos o supervisar asignaciones. También se construye al preguntar cómo estuvo el día, escuchar con atención, conocer qué sucede dentro del aula y reconocer a tiempo cuando un adolescente atraviesa alguna dificultad.

Desde esa perspectiva, la reducción registrada por PISA adquiere mayor relevancia. No se trata únicamente de saber si alguien ayudó con una tarea de Matemáticas, sino de entender cuánto espacio ocupa la vida escolar dentro de las conversaciones que se producen en el hogar.

El panorama resulta aún más llamativo al observar dónde buscan apoyo los adolescentes cuando necesitan ayuda. Aunque disminuyeron los intercambios con sus familias, los estudiantes dominicanos continúan recurriendo a las personas que forman parte de su entorno educativo.

El 77 % afirmó que pide ayuda a sus profesores cuando la necesita, mientras que el 79 % señaló que recurre a sus compañeros cuando no comprende completamente algún contenido. La percepción sobre los docentes también es favorable. El 89 % considera que sus profesores muestran interés por el aprendizaje de cada estudiante, el 83 % afirma que continúan explicando hasta que los alumnos comprenden y el 86 % asegura recibir apoyo adicional cuando lo requiere.

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Qué puede estar detrás

Las cifras de PISA no permiten atribuir el desempeño de los estudiantes dominicanos a una causa específica. La evaluación tampoco establece una relación directa entre este menor acompañamiento familiar y factores como el trabajo de los padres, el uso de dispositivos móviles, los cambios en las estructuras familiares o las nuevas formas de comunicación. Por ello, cualquier conclusión categórica iría más allá de lo que realmente permiten interpretar los datos.

Uno de los elementos que sí llama la atención es la asistencia escolar. En 2025, cerca de la mitad de los estudiantes dominicanos afirmó haber faltado al menos un día de clases durante las dos semanas previas a la prueba, frente al 22 % registrado en promedio por los países de la OCDE. Además, el 45 % indicó que había faltado al menos a una clase, una situación que plantea la necesidad de observar con mayor atención la regularidad con la que los jóvenes asisten a las aulas.

A este escenario se suma el papel cada vez más presente de la tecnología en la experiencia educativa. Los estudiantes dominicanos señalaron utilizar dispositivos digitales durante unas 1.3 horas diarias para actividades de aprendizaje en la escuela, pero dedicaron alrededor de 1.8 horas a fines recreativos. Además, el 32 % percibió distracciones frecuentes de sus compañeros debido al uso de estos dispositivos durante las clases de Ciencias.

La inteligencia artificial comienza a formar parte de esta dinámica. La mitad de los estudiantes afirmó utilizar chatbots de IA para apoyarse en su aprendizaje al menos una vez por semana, lo que refleja cómo las herramientas digitales están adquiriendo un espacio cada vez mayor en la vida académica de los jóvenes y, al mismo tiempo, plantean nuevos retos para las familias y los centros educativos.

Un desafío que no puede recaer solo en los padres

Cuando un adolescente no conversa con frecuencia con sus padres sobre lo que vive en el colegio, reconstruir ese vínculo no debería ser una responsabilidad exclusiva del hogar. La comunicación entre las familias, los centros educativos, los docentes y los orientadores también resulta fundamental para identificar a tiempo las dificultades y ofrecer a los estudiantes el acompañamiento que necesitan durante su proceso académico.

Este desafío adquiere mayor relevancia en un sistema educativo que todavía enfrenta importantes retos. Los resultados de PISA 2025 muestran que República Dominicana obtuvo 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura y 339 en Matemáticas. Aunque el país ha registrado avances frente a sus primeras participaciones, las puntuaciones permanecen por debajo del promedio de la OCDE, lo que evidencia la necesidad de continuar fortaleciendo tanto los aprendizajes como las redes de apoyo alrededor de los estudiantes.

Por eso, más que preguntarse únicamente por qué los padres están conversando menos con sus hijos sobre el colegio, este dato invita a observar una brecha que merece ser comprendida. Detrás de ese 37 % hay adolescentes que mantienen una comunicación cercana en casa, pero también muchos otros que podrían estar enfrentando dificultades académicas sin contar con un espacio suficiente para hablar de ellas.

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Cerrar esa distancia requiere más que aumentar la supervisión. Supone recuperar la conversación como una herramienta de acompañamiento y fortalecer los vínculos entre hogares y escuelas. Escuchar, preguntar y mantener abiertos esos canales puede convertirse en un paso decisivo para detectar dificultades a tiempo y acompañar a los jóvenes de una manera más cercana y oportuna.

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