Carne de res: claves para que RD produzca más y dependa menos de las importaciones
República Dominicana tiene un mercado de carne de res que todavía no logra abastecerse completamente con producción local. El consumo alcanza unas 14.4 libras per cápita al año, mientras se importan alrededor de 21 millones de libras, una realidad que plantea una pregunta cada vez más relevante para la ganadería dominicana: ¿cómo producir más de mejor calidad y a un costo competitivo para sustituir parte de esas importaciones?
Foto: La ganadería inteligente puede ayudar a República Dominicana a incrementar la producción de carne de res, optimizar recursos y reducir la dependencia de las importaciones.
La respuesta, de acuerdo con productores y especialistas del sector, no pasa únicamente por aumentar el número de animales. El desafío está en elevar la productividad por cabeza, mejorar la genética, incorporar tecnologías reproductivas, reducir la edad de sacrificio y crear un sistema que premie económicamente la calidad de la carne.
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La oportunidad existe. Pero para aprovecharla, la ganadería dominicana necesita dejar atrás algunos métodos tradicionales y avanzar hacia un modelo más empresarial, tecnológico y orientado a resultados.
Más carne en menos tiempo
Uno de los principales puntos señalados por los ganaderos es la baja eficiencia productiva. De acuerdo con los datos presentados por Efraín Taboada, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Ganado de Carne (ASOCARNE), el 67% de los animales sacrificados actualmente tiene más de cuatro años, mientras que solo una proporción mucho menor corresponde a animales jóvenes.
El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa el potencial de la genética y la alimentación. José López, presidente de Ganadería 3J y secretario general del Patronato Nacional de Ganaderos (PNG), explicó que un animal que puede alcanzar unos 400 kilogramos a los cuatro años mediante sistemas tradicionales puede llegar a ese mismo peso entre los 16 y 17 meses cuando recibe una alimentación adecuada y cuenta con genética de mayor rendimiento. La diferencia no es menor. Significa producir la misma cantidad de carne en un período considerablemente más corto y con una utilización más eficiente de los recursos.
“Para producir tenemos que ser eficientes y ser eficientes para ser rentables”, es uno de los planteamientos centrales de Taboada. La discusión, por tanto, no se limita a cuántas cabezas de ganado tiene el país, sino a cuánta carne puede obtener de cada animal y cuánto tiempo necesita para hacerlo.
Genética como acelerador de la producción
Las tecnologías reproductivas comienzan a ocupar un papel estratégico.
López explica que en sus operaciones utilizan inseminación artificial a tiempo fijo y transferencia de embriones, herramientas que permiten acelerar la reproducción de animales con características deseables y orientar los nacimientos hacia determinados objetivos productivos.
La transferencia de embriones permite, además, multiplicar rápidamente la genética de animales superiores. El productor puede utilizar hembras como receptoras y replicar características de ejemplares seleccionados, reduciendo el tiempo necesario para expandir una genética de alto rendimiento dentro del hato.
Según el líder gremial, la utilización de embriones también ha permitido reducir significativamente los costos frente a lo que anteriormente pagaban por este tipo de genética en mercados internacionales.
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El impacto potencial es especialmente importante para un país que necesita incrementar su producción sin depender exclusivamente de aumentar la cantidad de animales.
Maite Mallén, directora comercial de Mallén Veterinaria S.A., coincide en que uno de los principales retos es cambiar la percepción de que los embriones constituyen una tecnología exclusiva o demasiado costosa para el productor promedio. El objetivo, subraya, debe ser democratizar su acceso y utilizarla como una herramienta para elevar el rendimiento de la carne producida en el país, no únicamente para desarrollar animales destinados a exhibición o competencias.
Tecnología para más productores
Para que esas herramientas tengan un impacto sobre la producción nacional debe llegar a las fincas y ser utilizada correctamente. Mallén resalta que República Dominicana cuenta con capacidades y avances en materia de genética, pero enfrenta desafíos relacionados con la regulación, la sanidad, la bioseguridad y la preparación de las fincas.
Taboada puso el énfasis en otro componente: la formación. Para que las tasas de éxito de las tecnologías reproductivas sean sostenibles, los productores y sus equipos deben conocer cómo preparar adecuadamente las receptoras y manejar el hato. De lo contrario, una tecnología que puede ofrecer buenos resultados puede terminar teniendo indicadores de efectividad mucho menores.
Por eso, el sector plantea fortalecer la capacitación de técnicos y profesionales, con una participación más activa de las universidades. La tecnología, en este caso, no puede entenderse como la simple compra de equipos o embriones. Requiere conocimiento, personal capacitado, sanidad, manejo adecuado y financiamiento.
El precio, factor determinante
Producir más no necesariamente significa producir mejor. Y ahí aparece uno de los mayores obstáculos para transformar la ganadería de carne dominicana: el sistema de precios no diferencia suficientemente entre calidad y producto convencional.
A López le preocupa que productores que invierten en genética superior, alimentación y procesos de engorde pueden terminar recibiendo un precio similar al de animales con características productivas inferiores. La consecuencia es clara: si el mercado no recompensa la inversión, el incentivo para seguir invirtiendo disminuye.
El ganadero que utiliza genética de mayor calidad y alimentación especializada necesita recuperar esa inversión. Para ello, el país requiere un mecanismo de clasificación de la carne que permita establecer diferencias según sus características y, sobre todo, asociarlas a una compensación económica.
El directivo usa como referencia el sistema de clasificación utilizado en Estados Unidos aunque reconoce la necesidad de que República Dominicana avance hacia un esquema propio que permita reconocer la calidad.
Un caso resulta ilustrativo. En un grupo de aproximadamente 400 animales sometidos a alimentación con grano durante más de 180 días, al aplicar una clasificación bajo estándares USDA, solo alrededor del 5% alcanzó la categoría considerada excelente. El dato evidencia que mejorar la calidad no depende únicamente de alimentar más al ganado. Requiere combinar genética, alimentación y edad, tres variables que determinan buena parte del resultado final.
De ganadero a empresario
La transformación también implica un cambio en la mentalidad del productor.
Mallén propone que el ganadero dominicano debe avance hacia una visión empresarial, en la que las decisiones se tomen a partir de indicadores de rentabilidad, retorno de inversión, eficiencia y costos. Eso incluye administrar de manera más estratégica recursos como el agua, planificar las necesidades del hato y evaluar qué tecnologías generan realmente un beneficio económico.
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En otras palabras, la modernización de la ganadería no consiste solamente en incorporar tecnología, Sino en saber cuándo utilizarla, cómo financiarla y qué retorno puede generar.
Más hembras y otros desafíos
Otro de los datos que llama la atención es la composición del sacrificio. Taboada señaló que aproximadamente 65% de los animales sacrificados son hembras. Esta tendencia representa un desafío porque las hembras son fundamentales para ampliar el hato y aumentar la capacidad reproductiva del país.
Los productores también consideran necesario contar con información más actualizada sobre la realidad ganadera nacional. Taboada planteó la importancia de disponer de un censo ganadero actualizado, ya que buena parte de las cifras utilizadas para conocer el tamaño del hato corresponden a datos antiguos. Sin conocer con precisión cuántos animales existen, dónde están y cuáles son sus características, resulta más difícil diseñar políticas públicas eficaces.
El desafío de la carne de res tiene, por tanto, dos caras. Por un lado, existe una demanda interna que actualmente requiere una participación importante de las importaciones. Por otro, existe una ganadería que tiene margen para mejorar sus indicadores productivos mediante genética, tecnología reproductiva, alimentación y manejo.
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