Agricultura dominicana: los retos para producir más y mejor
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Producir los alimentos que RD necesita: agua y otros desafíos para lograrlo

República Dominicana ha avanzado en su capacidad para producir alimentos, pero el desafío que tiene por delante es más complejo: garantizar una oferta suficiente, competitiva y sostenible en un escenario marcado por el cambio climático, la presión sobre los recursos naturales, la necesidad de incorporar tecnología y el relevo generacional en el campo.

Campo agrícola con sistema de riego, sensores inteligentes y tecnología de monitoreo para optimizar la producción de alimentos.

Foto: La innovación tecnológica en el campo puede contribuir al manejo eficiente del agua y al fortalecimiento de la seguridad alimentaria en República Dominicana.

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La discusión sobre el futuro de la agricultura dominicana parte de una realidad concreta: producir más ya no puede significar simplemente ampliar las áreas cultivadas. El país necesita elevar la productividad, utilizar mejor el agua y el suelo, incorporar conocimiento y tecnología y, al mismo tiempo, lograr que producir alimentos sea una actividad rentable para quienes permanecen en el campo.

Para Osmar Benítez, presidente ejecutivo de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), uno de los principales desafíos está precisamente en cerrar la brecha de productividad. La meta es que un agricultor pueda obtener más producción en el mismo terreno, utilizando menos costos, insumos y agua.

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La experiencia demuestra que ese salto es posible. Benítez celebra los avances alcanzados en el cultivo de arroz como un ejemplo de cómo la investigación, la innovación y la incorporación de tecnología pueden elevar el rendimiento. Pero el aumento de la productividad debe tener una consecuencia directa para el productor: mejores ingresos.

Un agricultor que obtiene rentabilidad tiene mayores posibilidades de permanecer en el campo, invertir nuevamente en su producción y generar empleos. De ahí que la productividad no sea únicamente una variable agrícola, sino también económica y social.

El agua, el recurso que condiciona el futuro

Si existe un elemento capaz de poner a prueba cualquier estrategia de crecimiento agrícola, es el agua.

El exministro Benítez llama la atención sobre los efectos de la variabilidad climática y la sequía que ya se sienten con fuerza en algunas zonas del país. Ante este escenario, la agricultura dominicana necesita prepararse para períodos de menor disponibilidad de agua y hacer de su preservación una prioridad.

El país tiene grandes volúmenes de agua, pero la capacidad para almacenarla sigue siendo limitada. De casi 73 mil millones de metros cúbicos solo se logra preservar cerca del 9%. La cifra pone sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la agricultura: no basta con que el agua llegue al territorio; es necesario almacenarla, administrarla y utilizarla de manera eficiente.

En ese sentido, la tecnificación del riego aparece como una herramienta fundamental. Pavel Isa Contreras, director del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), considera que la gestión del agua y del suelo debe estar entre las prioridades para transformar la capacidad productiva del sector.

El riego tecnificado permite mejorar el uso del recurso y puede tener un impacto significativo sobre la productividad. Pero el agua no puede analizarse de manera aislada. El suelo también constituye un capital natural que debe preservarse si la nación quiere mantener su capacidad de producir en el largo plazo.

Tecnología: el salto que todavía debe llegar al productor

La innovación es otro de los puntos sobre los que existe consenso. Incorporar tecnología al agro no consiste simplemente en poner nuevas herramientas a disposición de los productores.

El presidente de la JAD fue enfático al señalar que la innovación no se transfiere automáticamente: debe ser adoptada por el productor. Para que eso ocurra, el agricultor necesita conocer la tecnología, comprender sus beneficios y comprobar que puede mejorar sus resultados. Las demostraciones prácticas y las escuelas de campo pueden desempeñar un papel importante en ese proceso, permitiendo que un productor vea en condiciones reales cómo una nueva práctica puede aumentar sus ingresos o reducir sus costos.

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También hace falta financiamiento. La adquisición de un tractor, un sistema de riego o cualquier otra tecnología puede representar una inversión elevada para un productor. Por eso, los mecanismos financieros deben contemplar condiciones que permitan recuperar esa inversión a partir de los beneficios que genere.

Pavel Isa Contreras definió esta necesidad como “finanzas transformadoras”: recursos que no se limiten a sostener las operaciones cotidianas, sino que permitan elevar la capacidad productiva, mejorar el uso de los recursos y financiar la transformación tecnológica.

Más investigación para más productividad

Fernando Durán, administrador general del Banco Agrícola, pone la investigación nuevamente en el centro de la conversación. A su juicio, la agricultura dominicana ha perdido espacio en materia de investigación agrícola y necesita recuperar capacidades, especialmente en áreas como la biotecnología.

El argumento tiene una particularidad dominicana: tenemos una diversidad de microclimas que hace difícil aplicar una única solución a todos las regiones . Las variedades de semillas, los cultivos, el manejo del suelo y la respuesta a los insumos requieren conocimiento adaptado a cada realidad.

La productividad, por tanto, no depende únicamente de tener más maquinaria o utilizar más insumos. También depende de contar con semillas adecuadas, conocimiento científico y soluciones diseñadas para las condiciones específicas de cada zona productiva.

Durán también plantea la necesidad de definir incentivos para actividades agrícolas que tengan capacidad de crecer, encontrar mercados y generar rentabilidad. Muestra como ejemplos el coco, la uva y el arándano, sin dejar de lado aquellos cultivos donde el país ha desarrollado capacidades importantes.

El campo necesita una nueva generación

La transformación agrícola también enfrenta un desafío humano. Expertos advierten sobre la necesidad de lograr que los jóvenes permanezcan en el campo y encuentren allí una oportunidad de desarrollo. Una encuesta realizada por la FAO a personas de entre 15 y 28 años mostró que 38% manifestó que quiere salir del país en los próximos 10 años. Para el sector agropecuario, este dato tiene implicaciones que van más allá de la migración. Si la agricultura no consigue atraer y retener a las nuevas generaciones, tendrá dificultades para garantizar el relevo de quienes hoy sostienen la producción.

La respuesta pasa por cambiar la percepción del campo y, sobre todo, sus condiciones económicas. Para que un joven considere la agricultura como una opción profesional, debe encontrar oportunidades de ingresos, acceso a tecnología, capacitación y posibilidades reales de crecimiento.

Durán recuerda procesos de formación de profesionales que se impulsaron décadas atrás y ayudaron a fortalecer las capacidades técnicas del sector. Recuperar ese esfuerzo, adaptado a las necesidades actuales, puede ser determinante para construir el capital humano que requiere la agricultura del futuro.

Una transformación que necesita coordinación

Los desafíos del agro dominicano están conectados. El agua requiere infraestructura y tecnología; la tecnología necesita conocimiento y financiamiento; la productividad necesita investigación; y todo el sistema necesita productores capaces de adoptar los cambios y obtener rentabilidad.

Por eso, Isa Contreras recuerda la necesidad de transformar la gobernanza del sector, con una mayor articulación entre el Estado, el sector privado, los productores y los demás actores. La política agrícola, bajo esta visión, no puede construirse únicamente desde las instituciones públicas. Necesita incorporar a quienes producen, procesan, comercializan y consumen.

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El objetivo final es construir una agricultura con metas claras y resultados medibles, capaz de responder a las necesidades alimentarias del país sin comprometer los recursos que necesitarán las próximas generaciones.

República Dominicana tiene experiencias que demuestran que puede aumentar su productividad. Ahora el reto es llevar esos avances a una escala mayor y hacerlo en un contexto donde cada gota de agua, cada hectárea de suelo, cada innovación y cada nuevo productor cuentan. Porque garantizar los alimentos que el país necesita no dependerá únicamente de producir más, sino de aprender a producir mejor, con mayor eficiencia y con una visión de largo plazo.

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