“Die With Zero” la filosofia de crianza de las multimillonarias que limita la herencia
Durante décadas, la riqueza extrema estuvo asociada a una idea casi aristocrática de la herencia, como construir fortunas para garantizar que los hijos jamás tuvieran que preocuparse por el dinero. Hoy, entre algunas de las mujeres más influyentes y ricas del planeta, esa narrativa comienza a fracturarse. La conversación ya no gira únicamente alrededor de cuánto capital transferir a la siguiente generación, sino de cómo evitar que el privilegio destruya la capacidad de construir una vida propia.
La paradoja es fascinante: mientras el patrimonio global se concentra cada vez más en menos manos, una parte de las élites económicas está diseñando modelos de crianza para limitar el impacto psicológico de la riqueza heredada. No se trata de austeridad performativa ni de romantizar el esfuerzo. Tampoco de rechazar el dinero. El verdadero debate ocurre en otro lugar, en cómo criar hijos funcionales en un entorno donde el capital puede distorsionar la percepción del mérito, el deseo y la autonomía.
La tendencia conecta con una filosofía financiera que gana espacio entre multimillonarios tecnológicos, celebridades y filántropos: “die with zero”, popularizada por el inversor Bill Perkins. La premisa propone que las grandes fortunas no deberían acumularse indefinidamente hasta la muerte, sino utilizarse estratégicamente en vida, ya sea para experiencias, impacto social o donaciones. En ese modelo, la herencia deja de ser el eje central del legado.
Lo interesante es que las mujeres multimillonarias están reinterpretando esta idea desde un ángulo profundamente doméstico y cultural: la crianza.
Rihanna y el lujo invisible: la estrategia de normalizar la infancia
La empresaria y artista Rihanna, cuya fortuna fue impulsada por el crecimiento de Fenty Beauty y sus negocios de moda y cosmética, ha construido una narrativa radicalmente distinta a la estética extravagante que históricamente acompañó a las celebridades multimillonarias.
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Rihanna ha insistido públicamente en que desea que sus hijos tengan una infancia sencilla. Ha explicado que no centra la crianza en ropa de lujo ni en símbolos externos de estatus, y que evita delegar completamente el cuidado de sus hijos en niñeras. El mensaje es más sofisticado de lo que parece, reflejando que la riqueza no debe convertirse en una experiencia emocionalmente distante.
En la práctica, esto representa una ruptura cultural importante. Durante años, la riqueza aspiracional se expresó mediante el consumo visible. Sin embargo, entre nuevas élites femeninas emerge otra lógica: proteger a los hijos del exceso de conciencia sobre el privilegio.
La estrategia no consiste en ocultar el dinero, sino en impedir que la identidad del niño se construya alrededor de él.
Priscilla Chan y el experimento filantrópico más ambicioso de Silicon Valley
Cuando Priscilla Chan y Mark Zuckerberg anunciaron que donarían el 99 % de sus acciones de Meta a la Iniciativa Chan Zuckerberg, muchos interpretaron la decisión como un gesto filantrópico clásico. Pero detrás del anuncio había también una definición explícita sobre la crianza de sus hijas.
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La pareja dejó claro que no buscaba transferir una fortuna ilimitada a la siguiente generación. La idea era permitir que sus hijas encontraran un camino propio, alejadas de la dependencia absoluta de una riqueza heredada.
Este modelo responde a una preocupación creciente entre multimillonarios tecnológicos: el riesgo de producir generaciones incapaces de desarrollar tolerancia a la frustración, ambición o sentido de propósito fuera del apellido familiar.
En Silicon Valley, el dinero dejó de verse únicamente como una herramienta de acumulación. También comenzó a percibirse como un potencial obstáculo psicológico.
Charlize Theron y la ética del trabajo en la era del patrimonio extremo
La actriz y productora Charlize Theron ha sido directa sobre el tema y no planea mantener a sus hijas económicamente de por vida. Su visión de la maternidad incluye enseñar independencia financiera y exigir que, eventualmente, busquen empleo formal.
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La posición resulta especialmente relevante porque rompe con una idea profundamente instalada en las clases altas contemporáneas, donde el éxito parental consiste en eliminar cualquier dificultad futura para los hijos.
Theron plantea exactamente lo contrario. Desde su perspectiva, la autonomía necesita fricción, responsabilidad y experiencia laboral real. En otras palabras, el trabajo no aparece solo como fuente de ingresos, sino como estructura emocional y psicológica.
Ese enfoque coincide con estudios recientes sobre riqueza intergeneracional. Investigaciones en psicología económica muestran que los hijos de familias multimillonarias presentan, con frecuencia, mayores niveles de ansiedad existencial, dificultad para construir identidad propia y sensación de vacío respecto al mérito personal.
Paradójicamente, tener acceso a todo puede debilitar la percepción de logro.
Mila Kunis: criar hijos conscientes de su privilegio
La actriz Mila Kunis y su esposo, el actor Ashton Kutcher, han defendido una postura similar: no planean dejar una gran herencia a sus hijos y prefieren destinar la mayor parte de su fortuna a causas benéficas.

Lo más revelador no fue la decisión financiera, sino cómo describieron la vida de sus hijos en entrevistas y podcasts. Ambos admitieron que los niños viven una realidad extremadamente privilegiada “sin siquiera saberlo”. Esa frase resume una nueva filosofía de crianza entre celebridades y multimillonarios de permitir comodidad, pero limitar la conciencia de superioridad.
Kunis y Kutcher buscan que sus hijos desarrollen hábitos de esfuerzo y no interpreten el bienestar económico como un derecho automático.
En el fondo, estas familias de mujeres multimillonarias están intentando resolver un problema contemporáneo enorme: cómo transmitir estabilidad sin fabricar dependencia.
El declive de la herencia como símbolo máximo de éxito
Durante buena parte del siglo XX, la acumulación patrimonial representó la principal medida de triunfo familiar. Hoy, entre ciertas élites globales, comienza a emerger otro indicador de éxito, que es el de criar hijos capaces de vivir con estructura emocional aun cuando podrían no necesitar trabajar nunca.
Las nuevas generaciones de multimillonarios crecieron observando los efectos sociales del exceso como el aislamiento, adicciones, crisis de identidad y relaciones deterioradas por el dinero.
Por eso, la conversación sobre riqueza heredada dejó de ser únicamente financiera. Ahora es psicológica. Algunas familias están sustituyendo la idea de “dejarlo todo” por otra más compleja: enseñar a administrar el privilegio sin convertirlo en identidad.
La contradicción silenciosa de las élites modernas
Existe, sin embargo, una contradicción inevitable. Aunque estas multimillonarias rechacen la cultura del heredero pasivo, sus hijos seguirán creciendo con acceso a redes, educación, capital cultural y conexiones imposibles de replicar para la mayoría de las personas.
La meritocracia absoluta sigue siendo, en gran medida, una ilusión.
Pero incluso dentro de ese privilegio estructural, estas madres parecen estar redefiniendo algo importante donde la riqueza ya no garantiza admiración automática. En ciertos círculos, la nueva señal de sofisticación consiste en criar hijos emocionalmente funcionales, no simplemente ricos.
Y quizás esa sea la verdadera mutación cultural de esta generación de multimillonarias. No están intentando criar herederos impresionantes. Están intentando evitar criar adultos incapaces de existir sin el dinero familiar.
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