La última aventura de Jane Goodall: la mujer que nos enseñó todo sobre primates
Jane Goodall no solo cambió para siempre la ciencia de los primates. También transformó la manera en que líderes, empresas y gobiernos entienden la sostenibilidad y la responsabilidad social. A sus 90 años, la Dama del Imperio Británico partió hacia su última aventura, difundiendo hasta el último segundo un mensaje tan urgente como disruptivo: “O dejamos de manipular la naturaleza y los animales, o nos quedamos sin nuestra casa”.
Su historia comenzó a los 26 años en Gombe, Tanzania, bajo la supervisión del antropólogo Louis Leakey. Con apenas su madre como acompañante, Goodall se sumergió en la selva para observar a los chimpancés. Descubrió, contra el paradigma científico de la época, que estos animales no solo utilizaban herramientas, sino que tenían personalidades y estructuras sociales complejas. Con ello no solo revolucionó la primatología, sino también la percepción pública de nuestra relación con la naturaleza.

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De la selva africana a las agendas de los CEO
Goodall ha pasado más de seis décadas viajando 300 días al año. No solo fundó el Instituto Jane Goodall y el santuario Tchimpounga en la República del Congo (el mayor de África para chimpancés huérfanos del tráfico ilegal), sino que diseñó un modelo integral que combina conservación, desarrollo comunitario y educación ambiental.
A través de su programa Roots & Shoots (Raíces y Brotes), implementado en más de 65 países, ha demostrado que la lucha contra la pobreza y la degradación ambiental son dos caras de la misma moneda. Si las comunidades no tienen alternativas económicas, no pueden proteger su entorno.

Este enfoque pragmático ha inspirado a fundaciones, gobiernos y empresas a incorporar en sus planes de sostenibilidad objetivos medibles que conecten directamente con las comunidades locales. Para mujeres líderes en negocios, el caso Goodall ofrece una lección clave: los proyectos con impacto ambiental real necesitan también estructuras financieras y organizativas robustas, comunicación efectiva y alianzas estratégicas.
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Un legado vivo y una sucesión estratégica
Uno de los actos más visionarios de Goodall fue elegir a su sucesora con antelación. La primatóloga española Rebeca Atencia, reconocida por Newsweek como una de las 20 mujeres más inspiradoras de su generación, dirige hoy Tchimpounga. Bajo su liderazgo, el santuario pasó de ser un refugio improvisado a un centro de rescate y rehabilitación de referencia, con protocolos para reintroducir chimpancés en áreas seguras como el Parque Nacional Concoati.

Este traspaso ordenado de liderazgo (inusual en el mundo de las ONG) asegura la continuidad del proyecto más allá de su fundadora y refuerza la sostenibilidad institucional. Para empresarias y directivas, es un ejemplo de sucesión estratégica y empoderamiento intergeneracional: construir legado no es solo fundar, sino preparar a quien seguirá.
Un mensaje para la humanidad
Durante la pandemia, Goodall fue clara: los virus saltan de especie a especie porque hemos destruido hábitats y forzado contactos imposibles entre humanos y fauna. Su diagnóstico coincidía con las advertencias de epidemiólogos y economistas sobre los riesgos sistémicos de ignorar la salud planetaria. “Tenemos cuatro problemas: la pobreza, la corrupción, la densidad de población y la definición de ‘éxito’”, afirmó. Su cuestionamiento de la palabra “éxito” interpela directamente al mundo corporativo: ¿cómo se mide realmente el progreso?

Goodall insiste en que el cambio comienza con decisiones individuales: qué consumimos, qué financiamos, cómo actuamos. Pero necesita escalamiento a través de políticas públicas y prácticas empresariales. En un momento en que la sostenibilidad ya no es opcional sino requisito, su visión ofrece un mapa para las líderes del siglo XXI.
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Su “última aventura”
Cuando le preguntaron cuál sería su próxima aventura, respondió con ironía: “Una vez que termine aquí, que hay tanto para hacer, seguramente sea descubrir qué es lo que descubro el día en que muera”. Esa frase resume la coherencia de su vida: una mujer que hizo de la curiosidad su motor, de la compasión su estrategia y del impacto su legado.

Para las mujeres de negocios, Jane Goodall es más que una científica icónica. Es una arquitecta de sistemas que demostró que ciencia, liderazgo y compasión pueden (y deben) convivir en el mismo modelo de acción. Su “última aventura” es, en realidad, un recordatorio: liderar con propósito no tiene fecha de caducidad.
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