Argentina vs. Inglaterra, semifinal Mundial 2026: la revancha que la selección inglesa tiene esperando 40 años
La última vez que se vieron en la fase eliminatoria, Maradona metió la mano y Argentina levantó el trofeo. El miércoles en Atlanta, Messi juega su último partido posible en una Copa del Mundo.
El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, Diego Maradona marcó dos goles en apenas cuatro minutos que no podían ser más distintos entre sí. El primero llegó con la mano izquierda, por encima del portero Peter Shilton, y fue celebrado antes de que casi nadie alcanzara a comprender lo ocurrido.
El segundo nació de una carrera de 60 metros, dejando atrás a cinco jugadores ingleses con la serenidad de quien parece conocer el desenlace antes que los demás. Argentina ganó 2-1, avanzó a la final y, semanas después, levantó la Copa del Mundo en ese mismo estadio. Inglaterra regresó a casa con una derrota que, cuatro décadas después, sigue ocupando un lugar incómodo en su memoria colectiva.
Desde aquella tarde no volvieron a cruzarse en una fase eliminatoria de un Mundial. Han pasado cuarenta años. El miércoles, en Atlanta, vuelven a encontrarse.
Sesenta años persiguiendo el segundo Mundial
Antes de aquel partido en México, Inglaterra ya llevaba tiempo esperando. El 30 de julio de 1966, Bobby Moore recibió el trofeo Jules Rimet en Wembley después de limpiarse las manos en el pantalón, como si quisiera evitar que algo tan valioso se manchara.
Era el primer Mundial de su selección y nadie imaginaba que también sería el último. La derrota de 1986 añadió una herida distinta a esa espera: Inglaterra no solo seguía sin volver a levantar la Copa, sino que además quedaba eliminada en el torneo en el que más cerca estuvo de cambiar su historia, marcada por un gol con la mano que nunca fue sancionado.
Desde entonces, Inglaterra ha vuelto una y otra vez a las puertas del título. En 1990, Alemania la eliminó en la tanda de penales mientras Paul Gascoigne rompía en llanto antes del pitazo final. En 2018, Croacia la dejó fuera en la prórroga cuando el camino hacia la final parecía más despejado que en décadas. En 2022, Harry Kane desperdició el penal que le habría permitido llevar el partido ante Francia al tiempo extra. Nunca ha sido una selección incapaz de competir. El problema siempre ha aparecido en el mismo lugar: cuando el torneo exige dar el último paso.
Ese recorrido explica por qué el ciclo de Thomas Tuchel despierta un optimismo distinto. El técnico alemán es el primero en mantenerse invicto en sus primeros seis partidos mundialistas al frente de Inglaterra, igualando el registro de Alf Ramsey en 1966. También ha logrado cuatro victorias consecutivas en rondas eliminatorias, una racha que la selección inglesa no conseguía desde el campeonato que terminó conquistando. Más que simples estadísticas, son indicios de un equipo cuya estructura parece más sólida que la de sus generaciones anteriores.
Bellingham llega donde solo había llegado Maradona
El cambio tiene nombre y lleva el número diez en la espalda. Jude Bellingham es el primer jugador desde Diego Maradona en 1986 en marcar dos goles en dos partidos eliminatorios consecutivos de una misma Copa del Mundo. Doblete frente a México. Doblete frente a Noruega. No necesita llegar a Atlanta con la etiqueta de mejor futbolista del mundo. En este torneo, en este equipo y en este momento, ha asumido un protagonismo capaz de transformar partidos cuando todo parece agotarse. Ante Noruega marcó el empate antes del descanso y el gol de la victoria en la prórroga.
Que el único antecedente pertenezca a Maradona convierte el dato en algo más que una curiosidad estadística. En el Mundial en el que Argentina eliminó a Inglaterra y terminó levantando la Copa, su capitán recorrió exactamente el mismo camino. Que ahora sea Bellingham quien repita ese registro, justo cuando ambas selecciones vuelven a cruzarse en una fase eliminatoria, parece una de esas simetrías que el fútbol produce sin necesidad de buscarlas.

El Mundial donde Messi ya no necesita decidirlo todo
Messi ya no juega en el espacio que los defensores vigilan. Juega en el que ellos mismos crean cuando se preocupan por vigilar a los demás. A los 39 años, se ha desplazado a zonas más atrasadas del campo, donde construye más de lo que termina. Su influencia ya no depende únicamente del gol, sino del pase que nadie imaginó y del lugar exacto donde aparece cuando el partido comienza a exigir respuestas.
Ante Suiza no marcó y puso fin a una racha de nueve partidos mundialistas consecutivos anotando. Aun así, abrió el marcador con una asistencia desde el córner y controló el juego durante toda la primera mitad con una naturalidad que hacía pensar que la prórroga nunca sería necesaria. Ni siquiera eso evitó que Argentina necesitara treinta minutos más para avanzar.
Ese recorrido resume bastante bien el Mundial que está disputando el vigente campeón. Argentina ya necesitó tiempo extra frente a Cabo Verde, remontó un 0-2 contra Egipto y eliminó a Suiza gracias a un disparo de Julián Álvarez en el minuto 112. No es el camino que suele recorrer un candidato al bicampeonato. Sin embargo, esa capacidad para sobrevivir cuando los partidos se complican se ha convertido en una de las señas de identidad del equipo de Lionel Scaloni. No domina todos los encuentros, pero encuentra la forma de mantenerse con vida cuando otros ya habrían quedado fuera.
Argentina persigue un bicampeonato que casi nadie ha conseguido
Lo que Argentina defiende el miércoles trasciende un lugar en la final. Solo Italia, entre 1934 y 1938, y Brasil, entre 1958 y 1962, lograron conquistar dos Copas del Mundo consecutivas. En noventa y dos años de historia del torneo, únicamente dos selecciones lo consiguieron. Convertirse en la tercera supone una presión que no recae de manera igualitaria sobre los veintiséis futbolistas del plantel. Sobre Messi pesa el significado histórico. Sobre sus compañeros, la responsabilidad de repartir ese peso para que el capitán solo tenga que decidir cuando el partido realmente lo demande.
Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez ya resolvieron encuentros en los que Messi no estuvo en su versión más determinante. Esa distribución del protagonismo convierte a esta Argentina en un equipo menos dependiente de una sola figura que el de otros ciclos. Inglaterra, sin embargo, presenta un desafío diferente. Su organización colectiva reduce los espacios donde suele aparecer el talento individual y, al mismo tiempo, cuenta con un futbolista como Bellingham capaz de atacar precisamente esas zonas desde el otro lado del campo.
Sesenta años de espera tienen un peso que ninguna estadística puede medir. No se percibe igual en los jugadores que en las tribunas, ni en el vestuario que en los pubs donde millones de ingleses seguirán el partido. Pero existe. Inglaterra enlaza tres Mundiales y llega a las instancias decisivas. En algún momento, alcanzar las semifinales deja de representar un progreso y empieza a sentirse como una oportunidad que no puede volver a escaparse.

Cuarenta años después, vuelven a encontrarse
Bobby Moore se limpió las manos antes de levantar el trofeo porque no quería mancharlo. Sesenta años después, Inglaterra vuelve a encontrarse a dos partidos de levantar otra Copa del Mundo. El primero de esos pasos conduce a la vigente campeona y al futbolista que ha marcado una época irrepetible.
Para Lionel Messi probablemente sea la última oportunidad de disputar una semifinal mundialista. Para Inglaterra, puede ser la ocasión más cercana en décadas para cerrar una historia que comenzó mucho antes de que naciera esta generación. Atlanta solo pondrá el escenario. El verdadero peso del partido viajará con todo lo que ambas selecciones llevan cuarenta y sesenta años, respectivamente, intentando resolver.
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