Beneficios de la miel para la salud, según la ciencia
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Miel de abeja: 7 beneficios respaldados por la ciencia que mejorarán su salud

Durante siglos, la miel ha sido utilizada como remedio natural en distintas culturas. Mucho antes de convertirse en un ingrediente habitual en tés, postres o rutinas de bienestar, ya era valorada por sus propiedades medicinales.

Frasco de miel de abeja con tapa abierta y cucharilla de madera dejando caer miel sobre el frasco, sobre una superficie de fibra natural.

Foto: Miel de abeja: un endulzante natural que mejora la salud y aporta energía.

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Hoy, la ciencia moderna ha confirmado que este alimento contiene compuestos capaces de aportar beneficios reales al organismo cuando se consume con moderación. Y aunque muchas veces se le considera simplemente un sustituto “más natural” del azúcar, su composición va mucho más allá.

La miel contiene antioxidantes, enzimas, minerales y otras sustancias bioactivas que pueden influir positivamente en diferentes funciones del cuerpo. Sin embargo, no todas las variedades ofrecen las mismas propiedades. Su origen floral, el tipo de procesamiento y la calidad del producto hacen una diferencia importante.

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Un aliado tradicional para la garganta y la tos

Uno de los usos más conocidos de la miel está relacionado con los síntomas respiratorios. Diversos estudios han encontrado que puede ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de la tos, especialmente en niños mayores de un año y adultos.

Su textura espesa crea una especie de capa protectora sobre la garganta, lo que disminuye la irritación y genera sensación de alivio. Además, posee propiedades antimicrobianas naturales que podrían contribuir a combatir ciertos microorganismos.

Por eso, muchas personas recurren a una cucharada de miel mezclada con limón o jengibre cuando comienzan los síntomas de un resfriado. Aun así, los especialistas recuerdan que nunca debe administrarse a bebés menores de 12 meses debido al riesgo de botulismo infantil.

Una fuente natural de antioxidantes

Otro de los aspectos más valorados de la miel es su contenido de antioxidantes, como flavonoides y ácidos fenólicos. Estas sustancias ayudan a combatir el estrés oxidativo, un proceso asociado con el envejecimiento celular y diversas enfermedades crónicas.

Las mieles más oscuras, como algunas variedades de bosque o artesanales, suelen tener concentraciones más altas de estos compuestos.

Aunque la miel no sustituye una alimentación equilibrada, sí puede representar una alternativa más beneficiosa frente a otros endulzantes ultraprocesados, especialmente cuando se consume en cantidades moderadas.

Un posible apoyo para la salud digestiva

Además de sus propiedades nutricionales, la miel también ha mostrado potencial para beneficiar el sistema digestivo. Algunas investigaciones sugieren que puede actuar como prebiótico natural, ayudando a alimentar las bacterias “buenas” del intestino.

Mantener una microbiota intestinal equilibrada es importante no solo para la digestión, sino también para el sistema inmunológico y otros procesos del organismo.

Incluso, ciertas variedades de miel han sido estudiadas por su posible capacidad para reducir el crecimiento de bacterias dañinas en el tracto gastrointestinal. Aunque todavía hacen falta más estudios clínicos en humanos, los resultados obtenidos hasta ahora resultan prometedores.

Propiedades antibacterianas y cicatrizantes

La miel medicinal, especialmente variedades como la miel de Manuka, ha ganado reconocimiento por su posible utilidad en la cicatrización de heridas y quemaduras superficiales.

Parte de su efecto antibacteriano se relaciona con la presencia de peróxido de hidrógeno y otros compuestos naturales que dificultan el crecimiento de bacterias.

De hecho, en algunos hospitales y centros médicos se utilizan apósitos elaborados con miel de grado médico para favorecer la recuperación de ciertas lesiones cutáneas. Sin embargo, los especialistas advierten que no toda miel comercial es apta para aplicarse sobre heridas, ya que podría no ser estéril.

Energía rápida para el cuerpo

Gracias a su contenido natural de glucosa y fructosa, la miel también funciona como una fuente rápida de energía. Por esa razón, algunos deportistas la incorporan antes o después de realizar actividad física.

La glucosa aporta energía inmediata, mientras que la fructosa se absorbe de manera más lenta, ofreciendo un efecto más prolongado. Algunas investigaciones incluso han comparado la miel con bebidas energéticas comerciales y encontraron resultados similares en cuanto al rendimiento físico y la recuperación, aunque con menos ingredientes artificiales.

Aun así, sigue siendo un alimento rico en azúcar, por lo que su consumo excesivo puede tener efectos negativos, especialmente en personas con diabetes o resistencia a la insulina.

Un posible beneficio para el corazón

El consumo moderado de miel también se ha asociado con ciertos efectos positivos sobre la salud cardiovascular. Algunos estudios han observado que podría contribuir a reducir los niveles de colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, y triglicéridos, mientras aumenta ligeramente el colesterol HDL o “bueno”.

Además, los antioxidantes presentes en la miel podrían ayudar a mejorar la función de los vasos sanguíneos y disminuir procesos inflamatorios.

Aunque los resultados todavía no son concluyentes, muchos especialistas consideran que reemplazar azúcares refinados por pequeñas cantidades de miel puede ser una decisión más saludable dentro de una alimentación balanceada.

Un hábito que podría favorecer el descanso

En los últimos años, la miel también ha sido relacionada con una mejor calidad del sueño. Algunos expertos señalan que consumir una pequeña cantidad antes de dormir podría favorecer la liberación de melatonina, hormona vinculada con el descanso nocturno.

Esto ocurre porque la miel genera una ligera elevación de insulina que facilita el ingreso de triptófano al cerebro, un aminoácido relacionado con la producción de serotonina y melatonina.

Aunque no se trata de un “somnífero natural”, sí puede formar parte de hábitos relajantes antes de acostarse, especialmente cuando se combina con bebidas calientes como leche o té.

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Consumirla con moderación sigue siendo clave

A pesar de sus beneficios, la miel continúa siendo una fuente de azúcar y debe consumirse con equilibrio. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar la ingesta de azúcares libres, incluso cuando provienen de fuentes naturales.

En general, los nutricionistas suelen considerar razonable una o dos cucharaditas al día para la mayoría de las personas sanas. También aconsejan elegir mieles puras y poco procesadas, ya que algunas versiones comerciales contienen jarabes añadidos o niveles de refinamiento que reducen parte de sus propiedades naturales.

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