La hora de la verdad: ¿Podrá México romper finalmente la maldición del quinto partido en su Mundial?
Pocas selecciones llegan a una Copa del Mundo con una carga emocional tan pesada como México. Más allá de los rivales, las tácticas o el nivel futbolístico, el equipo mexicano carga desde hace décadas con una historia que se ha convertido en una obsesión nacional: romper la llamada “maldición del quinto partido”.
Foto: México y la Copa del Mundo: la ilusión de superar el histórico “quinto partido” en un nuevo Mundial.
Ahora, en el Mundial de 2026, el escenario parece ideal. México vuelve a ser anfitrión, comparte la organización con Estados Unidos y Canadá y tendrá el respaldo de millones de aficionados. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma que ha acompañado al Tri durante generaciones: ¿esta vez sí podrá dar el paso que le ha sido esquivo durante casi 40 años?
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¿Qué es la maldición del quinto partido?
La expresión nació entre la afición mexicana para describir una frustración repetida. Desde Estados Unidos 1994 hasta Rusia 2018, México logró clasificarse de manera consecutiva a los octavos de final, pero siempre fue eliminado en esa instancia.
Eso significó quedarse, una y otra vez, a un partido de los cuartos de final. Ese encuentro se convirtió simbólicamente en el famoso “quinto partido”, una barrera psicológica que terminó transformándose en uno de los mayores traumas deportivos del país.
Antes de esa larga racha, la selección sí había alcanzado los cuartos de final en los Mundiales de 1970 y 1986, ambos celebrados en territorio mexicano. Desde entonces, ese logro no ha vuelto a repetirse.
Un nuevo formato cambia las reglas
El Mundial de 2026 no solo representa una nueva oportunidad, sino también un nuevo desafío.
Por primera vez participarán 48 selecciones y el torneo tendrá una ronda eliminatoria adicional. En la práctica, esto significa que el tradicional concepto del “quinto partido” ya no equivale automáticamente a los cuartos de final.
Con el nuevo formato, México necesita superar dos rondas de eliminación directa para instalarse entre los ocho mejores equipos del torneo, lo que hace que el reto sea incluso más complejo que en ediciones anteriores.
El factor de jugar en casa
La localía siempre ha sido uno de los argumentos más fuertes para creer que esta generación puede cambiar la historia.
México ya demostró en 1970 y 1986 que competir como anfitrión potencia su rendimiento. El ambiente, el conocimiento de las sedes y el apoyo constante de la afición suelen convertirse en un impulso adicional para cualquier selección.
Además, el Estadio Azteca vuelve a ocupar un lugar especial en la historia. Ningún otro estadio ha recibido tantos partidos mundialistas y, cuando se trata de Copas del Mundo, México mantiene una sólida tradición jugando allí.
El peso de la localía podría convertirse en un aliado, aunque también aumenta considerablemente la presión.
Javier Aguirre y la experiencia
La responsabilidad recae ahora sobre Javier Aguirre, quien vive su tercera etapa como entrenador de la selección mexicana.
Su amplia experiencia internacional y el conocimiento del entorno representan uno de los principales activos del equipo. Aguirre conoce perfectamente lo que significa dirigir bajo la presión mediática mexicana y ha insistido en mantener al plantel concentrado en el rendimiento deportivo antes que en las estadísticas históricas.
Su reto consiste en evitar que el peso del pasado termine condicionando a una generación que busca escribir su propia historia.
Un inicio que alimenta la ilusión
Las primeras actuaciones de México en el Mundial han renovado el optimismo de la afición.
El equipo consiguió avanzar con autoridad durante la fase inicial del torneo, incluyendo una victoria contundente sobre la República Checa que le permitió finalizar como líder de su grupo. También rompió una racha negativa al volver a ganar un partido inaugural mundialista, algo que no ocurría desde hacía varios torneos.
Los buenos resultados han permitido que el discurso cambie. Por primera vez en años, el debate no gira únicamente en torno a sobrevivir la fase de grupos, sino a qué tan lejos puede llegar este equipo.
El obstáculo más difícil puede estar en la mente
Muchos analistas coinciden en que la verdadera barrera nunca ha sido exclusivamente futbolística.
Durante décadas, cada eliminación fue alimentando una narrativa de fracaso que terminó instalándose tanto en jugadores como en aficionados. Cada nuevo Mundial revive recuerdos de derrotas dolorosas frente a Bulgaria, Alemania, Estados Unidos, Argentina, Países Bajos y Brasil.
Romper esa inercia exige controlar la presión emocional en los momentos decisivos, especialmente cuando llega la fase de eliminación directa, donde un solo error puede terminar con el sueño mundialista.
La experiencia demuestra que muchas veces las grandes selecciones logran trascender precisamente cuando consiguen liberarse del peso de su propia historia.
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¿Es esta la mejor oportunidad?
Juega en casa, cuenta con una generación experimentada, tiene un entrenador con amplio recorrido internacional y llega con una afición completamente entregada. Además, el ambiente generado durante el torneo ha devuelto parte de la confianza perdida tras la decepcionante actuación en Qatar 2022.
Sin embargo, el fútbol rara vez premia únicamente la ilusión. En las rondas decisivas aparecerán selecciones de mayor jerarquía, acostumbradas a competir bajo máxima presión y con planteles de enorme calidad.
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