Bajo la lupa en Nueva York: ¿Fue un fracaso el segundo año de Juan Soto con los Mets?
Cuando Juan Soto llegó a los Mets de Nueva York, la expectativa no era simplemente que fuera un buen bateador. Después de firmar un contrato de 15 años y US$765 millones, el dominicano aterrizó en Queens con una etiqueta mucho más pesada, la de convertirse en una de las caras principales de una franquicia que llevaba años buscando una nueva era de protagonismo.
Foto: El desempeño del jugador con los New York Mets es analizado tras su primera temporada con el equipo, en medio de expectativas y evaluaciones sobre su rendimiento.
Por eso, cuando terminó su primera temporada con el uniforme de los Mets, la pregunta apareció casi de manera inevitable. ¿Estuvo a la altura o fue un fracaso? La respuesta corta es que llamarlo fracaso sería injusto. Pero también sería demasiado fácil decir que todo salió exactamente como se esperaba.
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Los números cuentan una parte de la historia
Soto disputó 160 partidos en 2025 y terminó con 43 jonrones, 105 carreras impulsadas, 120 anotadas, 38 bases robadas y 127 boletos. Bateó para .263, alcanzó un porcentaje de embasarse de .396 y cerró con un OPS de .921. Además, sus 43 cuadrangulares representaron un nuevo récord personal.
Se quedó a solo dos bases robadas de convertirse en el primer jugador de los Mets en conseguir una temporada de 40 jonrones y 40 robos.
Su producción también tuvo reconocimiento individual. El dominicano terminó tercero en la votación para el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y recibió el Premio Juan Marichal por segundo año consecutivo, esta vez por su actuación con Nueva York.
El problema nunca fueron únicamente los números
El contexto es clave para entender cómo se evaluó la primera temporada de Juan Soto con los Mets. En 2024, cuando jugaba para los Yankees, el dominicano había firmado una campaña extraordinaria. Bateó para .288, conectó 41 jonrones, impulsó 109 carreras, registró un OPS de .988 y terminó tercero en la votación por el MVP de la Liga Americana.
Un año después, sus estadísticas mostraron un ligero retroceso. Su promedio bajó a .263 y su OPS a .921. Aun así, se trató de una producción de élite y de una temporada que, para cualquier otro jugador, probablemente habría sido considerada sobresaliente. Sin embargo, las circunstancias en Nueva York eran diferentes.
Los Mets habían apostado por Soto con uno de los contratos más grandes en la historia del deporte, 15 años y US$765 millones garantizados, además de un bono de firma de US$75 millones y una cláusula de salida después de la quinta temporada. El acuerdo elevó las expectativas desde el primer día y cambió la forma en que se medía cada turno. La comparación ya no era con el resto de la liga, sino con el estándar extraordinario que acompañaba a un contrato histórico.
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Nueva York también hizo su parte
En Nueva York, cualquier detalle puede convertirse rápidamente en conversación. Un turno sin correr con la intensidad esperada, una mala noche o una racha sin conectar extrabases pueden terminar bajo el escrutinio de aficionados y medios.
Durante el primer tramo de la campaña, incluso surgieron críticas alrededor de su esfuerzo en algunas jugadas. El propio Soto tuvo que responder a cuestionamientos sobre su manera de correr las bases, mientras sus estadísticas todavía estaban lejos de lo que había acostumbrado al público durante sus primeros años en las Grandes Ligas.
Ese nivel de atención ayudó a construir una narrativa en la que cada aspecto de su desempeño parecía tener un peso mayor. No bastaba con producir en el plato. En una ciudad como Nueva York y con un contrato de semejante magnitud, también se esperaba que el dominicano respondiera a una presión que iba mucho más allá de las estadísticas.
El verdadero fracaso estuvo en otro lugar
El equipo terminó con récord de 83-79 y quedó fuera de la postemporada. La eliminación llegó después de perder el último partido de la temporada regular ante los Marlins de Miami, en una campaña que había comenzado con expectativas muy diferentes.
Los Mets llegaron a tener uno de los mejores récords de las Grandes Ligas durante la temporada y parecían encaminados a regresar a octubre. Sin embargo, el equipo perdió consistencia durante la segunda mitad y terminó viendo la postemporada desde fuera.
Ahí es donde la evaluación de Soto comienza a tomar otra dimensión. El jugador cumplió con una producción ofensiva de primer nivel, pero el equipo que debía acompañarlo no logró mantener el ritmo necesario para transformar esa actuación individual en una temporada exitosa para la franquicia.
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Entonces, ¿fue un fracaso?
Probablemente no. Fue una temporada excelente que, por el tamaño del contrato y las expectativas que lo acompañaban, terminó pareciendo menor de lo que realmente fue.
Soto consiguió 43 jonrones, 38 robos, 105 impulsadas y 127 boletos. Terminó tercero en la votación del MVP y volvió a demostrar que es uno de los bateadores más completos de su generación.
La verdadera medida de su llegada a los Mets, sin embargo, difícilmente podía estar en una sola temporada. Con un compromiso de 15 años y una presión que probablemente lo acompañará durante buena parte de su etapa en Queens, la evaluación de Soto apenas comienza.
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