Negocios de Lionel Messi: de futbolista a propietario
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Messi después de Messi: ¿Qué estrategia sigue para pasar de ser el talento a ser dueño del negocio que lo produce?

Messi compró un club de fútbol en el que parte del dinero entra incluso antes de que aparezca un gran jugador: el UE Cornellà cobra por entrenar a jóvenes que siguen inscritos en otros equipos. Y Cornellà es solo una de las operaciones con las que Messi ya está decidiendo qué quiere tener en el fútbol cuando deje de jugar.

Lionel Messi sostiene el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA y saluda desde el campo junto a su familia.

Foto: Lionel Messi con el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA. Tras una carrera construida alrededor de su talento, los negocios de Lionel Messi muestran una creciente participación en clubes y activos vinculados al fútbol. Foto: Shutterstock.

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Messi ya había puesto en palabras ese futuro. Cuando le preguntaron qué quería hacer después de jugar, dijo que no se veía como técnico. “Manager me gusta, pero más me gustaría ser propietario”. Quería tener un club propio, arrancar desde abajo, hacerlo crecer y dar oportunidades a jóvenes.

Cuando la operación se hizo oficial el 16 de abril de 2026, Cornellà competía en la Tercera Federación, la quinta categoría del fútbol español. Su tamaño deportivo contrastaba con una trayectoria formativa de la que habían salido futbolistas que después llegaron a la élite, entre ellos David Raya, Jordi Alba y Gerard Martín.

Cornellà no solo había aprendido a formar jugadores. Parte de esa experiencia ya se vendía. En 2024, UEC Pro ofrecía sesiones de tecnificación y campus que podían reservarse y pagarse online. Messi adquirió, por tanto, un club en el que la formación ya tenía también un valor comercial.

¿Compró Messi todo el sistema de formación de Cornellà o solo una parte del club?

Cuando Messi compró el UE Cornellà, no todo lo que llevaba el nombre del club se gestionaba desde el mismo lugar. En 2017, Cornellà inició el proceso para convertir parte de su estructura en una sociedad anónima deportiva (SAD), una empresa cuyos accionistas son sus propios propietarios. El primer equipo y algunas de las categorías superiores de formación quedaron en esa estructura; buena parte del fútbol de jóvenes y las categorías femeninas continuaron bajo la Fundació UE Cornellà, una organización distinta y sin ánimo de lucro.

Cornellà podía seguir pareciendo un solo club. El escudo era el mismo; el dinero no necesariamente terminaba en el mismo lugar. Tras la compra, La Vanguardia describía una estructura en la que la SAD incluía el primer equipo masculino y ocho equipos de formación, mientras la Fundación agrupaba 53 equipos masculinos, 15 femeninos y el equipo de fútbol inclusivo.

Jugadores juveniles de UE Cornellà posan en un campo de fútbol con el uniforme verde del club.
Jugadores de las categorías formativas de UE Cornellà, el club adquirido por Lionel Messi en 2026. La formación de jóvenes futbolistas es una de las actividades centrales para analizar el modelo de negocio del club. Foto: UE Cornellà FC.

La adquisición tampoco consistió en comprar por separado jugadores, equipos o programas. Messi adquirió las acciones de la Unió Esportiva Cornellà SAD y pasó a ser su máximo accionista. Esas acciones sumaban un capital social de €271,000, pero la cifra no representa cuánto valía Cornellà ni cuánto pagó Messi: corresponde al valor nominal registrado de la sociedad. El precio de la compra no se hizo público.

El nombre Cornellà reunía actividades que, por dentro, no pertenecían a la misma organización ni cobraban a través de la misma estructura. Una actividad gestionada por la Fundación podía llevar el nombre de Cornellà sin que sus ingresos pertenecieran a la empresa de la que Messi es propietario. En cambio, los contratos, patrocinios, servicios o derechos que estuvieran dentro de la SAD sí podían generar valor para esa sociedad.

Messi cambia así su posición en el negocio. Como futbolista, monetiza su talento, su imagen y su trabajo. Como propietario, puede participar del valor que generan una organización, otros jugadores y los negocios que controla. Ya no tiene que ser él quien juegue para que una parte del fútbol genere valor para un activo que posee.

Si UEC Pro ya cobraba en 2024, ¿por qué crear otra empresa en 2026?

UEC Pro era una de las actividades de Cornellà que ya generaba ingresos cuando Messi compró el club. Cobraba por sesiones de tecnificación y campus que podían reservarse y pagarse online. El producto no nació con el nuevo propietario: la formación ya se vendía como servicio.

El 5 de agosto de 2026, UE Cornellà SAD constituyó UE Cornellà Pro S.L., con Alfonso Nebot como administrador único y la propia SAD como socio único. La empresa quedó dedicada a academias, escuelas de formación, campus y programas de tecnificación.

El servicio ya existía; ahora tenía una sociedad dedicada a gestionarlo. Esa separación permite registrar por cuenta propia sus ingresos, gastos y contratos, aunque no hay cifras públicas que permitan saber cuánto pesa UEC Pro en el negocio de Cornellà.

¿El negocio está en formar futbolistas o en vender formación?

Cornellà puede cobrar por entrenar a un joven que nunca llegue a jugar para el club.

En UEC Pro, un joven puede pagar para recibir entrenamiento y seguir jugando para otro equipo. El propio formulario de inscripción pregunta cuál es su “club actual” y en qué división compite.

Por €30 puede comprar una sesión; un paquete de 30 sesiones cuesta €450. UEC Pro-cobra por entrenarlo sin necesidad de incorporarlo a uno de los equipos de Cornellà. Ese pago no otorga al club derechos económicos sobre su carrera ni lo convierte automáticamente en futbolista registrado de Cornellà.

Vender formación tiene una economía inmediata: existe un servicio, un precio y un cliente que paga por recibirlo. Para cobrar esos €30, UEC Pro no necesita que el joven llegue al fútbol profesional, sea transferido o termine convertido en una estrella.

Formar a un jugador del propio club exige años de espera para saber si esa inversión tendrá algún retorno. Cornellà destina entrenadores, instalaciones y recursos a su desarrollo sin saber hasta dónde llegará ni si alguna vez generará ingresos.

Cuando ese retorno llega, puede ser mucho mayor que el ingreso obtenido en una sesión o en un campus. Pero es menos frecuente, tarda más y depende del desarrollo deportivo del jugador.

Cornellà puede monetizar algo que normalmente solo se valora cuando aparece un gran futbolista: el conocimiento necesario para formarlo. UEC Pro lo convierte en un servicio que puede vender hoy; desarrollar a un jugador registrado del club deja abierta la posibilidad de un retorno futuro mucho mayor.

No hace falta encontrar al próximo gran talento para cobrar por saber entrenarlo.

¿Qué gana Cornellà si uno de sus jugadores termina valiendo millones?

Cuando uno de esos jugadores sí llega lejos, el dinero puede ser mucho mayor. Un futbolista puede dejar Cornellà joven, continuar su carrera en clubes más ricos y, años después, generar pagos a quienes participaron oficialmente en su formación.

La FIFA contempla dos mecanismos. La compensación por formación y la contribución de solidaridad remuneran, en circunstancias distintas, a los clubes que participaron oficialmente en el desarrollo del futbolista. El Pasaporte Electrónico del Jugador reconstruye, desde los 12 años, dónde estuvo inscrito y permite determinar qué clubes tienen derecho a cobrar.

Hasta julio de 2026, el sistema había generado cerca de US$1,000 millones en recompensas por formación; más de US$639 millones ya habían sido distribuidos por la FIFA Clearing House, que centraliza y procesa dichos pagos.

El costo de formación es continuo; los grandes retornos son excepcionales. Hay que pagar entrenadores, instalaciones y años de desarrollo para muchos jugadores, aunque solo una minoría termine generando ingresos importantes. Un solo caso puede pesar mucho: la FIFA documentó un pago de €159,990 a un equipo amateur francés que superó su presupuesto anual.

Para un club pequeño, esa economía es necesariamente desigual: los costos se repiten con cada generación; los ingresos extraordinarios se concentran en pocos jugadores y pueden llegar muchos años después.

De ser el activo que todos querían a poseer los activos que generan valor

Cornellà no es el único proyecto en el que Messi participa desde la propiedad. Se incorporó como socio al Deportivo LSM, creado por Luis Suárez; 525 Rosario, su productora, lanzó la Messi Cup alrededor del fútbol juvenil; y LM10 Football fue constituida para adquirir y administrar participaciones en otras sociedades.

Vistos juntos, los negocios de Lionel Messi podrían parecer partes de una misma estructura. La documentación pública no permite afirmarlo. No hay evidencia de transferencias coordinadas de jugadores, scouting común, una metodología compartida o un holding que reúna Cornellà, LSM, la Messi Cup e Inter Miami. Tampoco hay prueba pública de que LM10 Football sea propietaria de Cornellà.

La marca Messi produce ingresos cuando terceros pagan por asociarse con su nombre, su imagen o su audiencia. La propiedad incorpora una relación distinta: permite participar del crecimiento de una empresa cuando el valor lo generan jugadores, entrenadores, clientes, patrocinadores o la propia apreciación del activo.

Lionel Messi sostiene una camiseta rosa con el número 10 durante su presentación en Inter Miami junto a directivos del club.
Lionel Messi durante su presentación en Inter Miami, uno de los activos centrales para entender su transición de futbolista y marca global hacia una posible participación como propietario. Foto: Shutterstock.

En Inter Miami, ambas posiciones pueden terminar encontrándose. Messi llegó como jugador y contribuyó a ampliar la visibilidad y la dimensión comercial del club. Su paquete contractual ha sido reportado con una futura participación accionaria, aunque el porcentaje, el precio y las condiciones exactas no son públicos.

Si esa participación se materializa, Messi habrá pasado de contribuir al crecimiento de un club desde el campo a poseer una parte del activo cuyo valor ayudó a aumentar.

La propiedad también modifica el riesgo. Los ingresos asociados a jugar o explotar comercialmente su imagen dependen directamente de Messi. Como propietario, el resultado depende, además, de que otros jugadores rindan, los clientes paguen, los patrocinadores permanezcan y el negocio conserve o aumente su valor. Puede beneficiarse de la riqueza producida por otros, pero también asumir las pérdidas cuando el activo no funciona.

Messi no está saliendo del negocio que convirtió su talento en uno de los activos más valiosos del deporte. Está cambiando su posición dentro de él: de ser principalmente el activo que otros querían monetizar a poseer también los activos que podrán seguir produciendo valor cuando él ya no juegue.

 

 

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