Shein abre tienda en París entre furor y polémica
La multinacional china Shein, símbolo de la moda rápida y asequible, inauguró su primera tienda física permanente en el corazón de París. El evento, celebrado en los grandes almacenes BHV, frente al Ayuntamiento, generó un contraste marcado entre entusiasmo comercial y rechazo social.
Desde primeras horas de la mañana, unas 200 personas se congregaron para ser las primeras en ingresar al nuevo espacio. En paralelo, manifestantes y activistas se apostaron frente al edificio para denunciar las prácticas ambientales y laborales del gigante asiático. Entre pancartas con mensajes como “Shein, no” y una fuerte presencia policial, la apertura se transformó en un escenario de tensión entre consumidores y defensores del planeta.
Para muchos, la llegada de Shein representa una oportunidad de acceso a precios bajos en plena crisis del poder adquisitivo europeo. Turistas, jóvenes y compradores habituales destacaron la posibilidad de adquirir prendas a precios “imposibles” para otras marcas del sector.
“Algunos no pueden permitirse pantalones de 50 euros; aquí los consiguen por 10 o 20”, expresó Sandrine, clienta habitual de la plataforma. “Con la inflación y el desempleo, comprar barato no es un lujo, es una necesidad”, añadió Yuting, residente china en Francia desde hace una década.
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Protestas frente al BHV: Shein en el centro del debate ético
Mientras los compradores celebraban la apertura, activistas feministas, ambientalistas y políticos levantaban la voz contra la marca. Frente a la entrada del BHV, las críticas se multiplicaron: desde el impacto medioambiental de la moda ultrarrápida, hasta la venta de productos considerados ilícitos o inmorales.
Khadija, militante contra la violencia hacia mujeres y menores, denunció públicamente la comercialización de muñecas sexuales con apariencia infantil:
Tocar a un niño es tocar a la nación. No se trata solo de muñecas, es un problema de pedofilia y de impunidad”, declaró entre abucheos y cánticos.
Por su parte, Suzanne, integrante de un colectivo ecologista, apuntó a las consecuencias medioambientales:
Shein contamina muchísimo más que otras marcas. Nadie habla de las toneladas de CO₂ que se emiten cada día para producir y transportar sus prendas”.
La tensión no solo se concentró en la calle. La policía reforzó la seguridad de toda la manzana para evitar enfrentamientos directos entre los asistentes a la inauguración y los manifestantes.
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El impacto político: Francia endurece su postura ante la moda rápida
Coincidiendo con la apertura, la prensa francesa reveló la detención de un hombre en Bouc-Bel-Air, cerca de Marsella, tras recibir un paquete con una muñeca sexual de aspecto infantil comprada en Shein. Este hecho reavivó el debate sobre el control de productos importados y la responsabilidad de las plataformas internacionales.
Los directivos de Shein deberán comparecer el próximo 18 de noviembre ante el Parlamento francés para responder preguntas sobre ventas ilegales y condiciones de producción. En paralelo, un grupo de diputados de diferentes partidos planea presentar una resolución europea para que Bruselas y el gobierno francés adopten una postura más firme frente a la moda rápida.
Entre los legisladores más activos se encuentra Antoine Vermorel-Marques, del partido conservador Los Republicanos, quien anunció que denunciará ante la fiscalía de París la venta de armas prohibidas (como machetes y puños americanos) en la plataforma:
“Se ofrecen incluso con descuento para Navidad. Eso ya es demasiado”, escribió en redes sociales, recordando que su comercialización puede acarrear hasta 5 años de prisión y 75.000 euros de multa.
Un símbolo de la era Shein: consumo masivo vs. conciencia social
La apertura de la primera tienda permanente de Shein en París refleja un dilema global: la tensión entre el consumo asequible y la responsabilidad ética y ambiental. Mientras miles de jóvenes ven en la marca una vía para vestir a la moda sin vaciar el bolsillo, sus críticos denuncian un modelo económico insostenible basado en la sobreproducción y la precarización laboral.
En plena crisis del consumo europeo, Shein no solo vende ropa, sino una promesa de accesibilidad en tiempos de inflación. Sin embargo, cada prenda parece traer consigo una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el bajo precio justifica el costo social y ambiental?
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