La ruptura entre Claude y el Pentágono por el uso de IA - Revista Mercado
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Claude, de Anthropic, le dice que no al Pentágono y rompe su relación con EE.UU.

Las guerras convencionales son cosa del pasado; la inteligencia artificial ya está incorporada al tablero bélico para brindar apoyo a las operaciones militares en cuanto al procesamiento masivo de datos. La protagonista es Claude, de Anthropic. Sin embargo, su relación con el Departamento de Defensa de Estados Unidos fue de corta duración, y su último capítulo conocido fue la ofensiva estadounidense en Irán.

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Por qué el Pentágono usaba Claude

El interés del Pentágono en la tecnología de Anthropic data de finales de 2024, cuando la empresa integró su modelo en redes clasificadas del gobierno de Estados Unidos mediante una alianza con Palantir Technologies y Amazon Web Services.

Claude era, en ese momento, el único modelo de inteligencia artificial de frontera autorizado para operar en los entornos más sensibles de los servicios militares y de inteligencia estadounidenses.

Otro paso en esta integración ocurrió en junio de 2025, cuando Anthropic presentó Claude Gov, una versión diseñada específicamente para flujos de trabajo de seguridad nacional, que ya estaba activa en agencias de inteligencia y defensa antes de que estallara la disputa.

La relación entre Anthropic y el Departamento de Defensa se formalizó en julio de 2025 con un contrato de hasta US$200 millones para integrar Claude en sus operaciones, incluyendo entornos clasificados. En los términos de ese acuerdo, Anthropic incorporó dos restricciones innegociables: prohibir el uso del modelo para vigilancia doméstica masiva de ciudadanos estadounidenses y para el funcionamiento de armas totalmente autónomas sin supervisión humana.

Anthropic le dice «no» al Pentágono

La luna de miel entre Anthropic y el Pentágono tocó a su fin cuando en enero de 2026, Hegseth emitió un memorándum de estrategia de IA que exigía que todos los contratos del Departamento de Defensa adoptaran un lenguaje estándar de «cualquier uso legal», eliminando de facto las restricciones de Anthropic.

El CEO de Anthropic, Dario Amodei declaró que no podía «en buena conciencia» acceder a la solicitud del Pentágono, argumentando que la tecnología de IA de frontera «simplemente no es suficientemente confiable» para operar armas letales sin intervención humana, y que la vigilancia masiva impulsada por IA representa una amenaza sin precedentes.

La respuesta gubernamental no se hizo esperar y ante la negativa, el Pentágono fijó como fecha límite el 27 de febrero de 2026, so pena de invocar la Ley de Producción de Defensa de 1950 para obligar a Anthropic a entregar su tecnología, sin condiciones.

Horas después, el mismo presidente Donald Trump publicó en red social Truth Social que ordenaba a «TODAS las agencias federales [sic]» cesar de inmediato el uso de la tecnología de Anthropic.

El quiebre entre ambas entidades ocurrió en febrero de 2026. Medios de comunicación revelaron que Claude habría sido utilizada durante la operación militar en Venezuela, en enero. Las autoridades estadounidenses habrían utilizado el modelo de IA para procesar y sintetizar grandes volúmenes de inteligencia.

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La ruptura abre la puerta a la competencia

Con la salida de Anthropic, OpenAI vio la oportunidad para cerrar un acuerdo con el Departamento de Defensa para desplegar sus modelos en redes clasificadas.

Sin embargo, según el CEO de la compañía, Sam Altman, el contrato incluiría restricciones contra la vigilancia doméstica y las armas autónomas.

Por su parte, Grok, de Elon Musk y Gemini de Google, quedaron como alternativas para uso militar, aunque no clasificados.

Los dilemas éticos en el uso de la IA

El enfrentamiento entre Anthropic y el Pentágono pone sobre la mesa una serie de dilemas éticos sobre el uso de la inteligencia artificial en contextos militares.

Un primer punto tiene que ver con la responsabilidad e involucramiento humano en sistemas autónomos. Actualmente no existe un marco legal internacional que establezca con claridad quién debe responder ante una decisión letal ejecutada por un sistema de IA sin supervisión humana.

Por otro lado, la implementación de IA en vigilancia masiva toca un tema espinoso dentro de la política de vigilancia estadounidense y supone un debate jurídico sobre las capacidades que puede tener el Estado para vigilar o no a sus ciudadanos en aras de proteger y salvaguardar la seguridad nacional.

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