La crisis energética en Cuba reconfigura el turismo del Caribe y República Dominicana absorbe la demanda
La industria turística del Caribe está presenciando una reconfiguración forzada. Lo que parecía una crisis energética más en Cuba se transformó, en febrero de 2026, en un colapso logístico sin precedentes. La isla quedó incapaz de suministrar combustible Jet A‑1 durante un mes, según la NOTAM (Notice to Air Missions, anteriormente Notice to Airmen o Aviso a los Aviadores) que declaró “JET A1 FUEL NOT AVBL” para los nueve aeropuertos internacionales entre el 10 de febrero y el 11 de marzo.
Esta parálisis obligó a cancelar vuelos, desviar rutas y activar repatriaciones masivas, provocando una fuga inmediata de turistas hacia destinos alternativos. En este contexto, República Dominicana emergió como el nodo más estable y confiable del Caribe: un país con aeropuertos operativos, conectividad en expansión y un turismo que cerró 2025 con 11.6 millones de visitantes, su mejor año en la historia.
La crisis redefine el turismo en Cuba y crea oportunidad para República Dominicana
La señal más nítida fue el aviso a las aerolíneas: no habría combustible suficiente para sostener la operación habitual. A partir de ahí, el efecto dominó: cancelaciones, reprogramaciones y escalas técnicas en aeropuertos alternos; en tierra, una “compacción” de la planta hotelera que cerró habitaciones y reubicó huéspedes para minimizar el consumo energético. Zonas emblemáticas como Varadero, Cayo Santa María, Cayo Coco y Holguín pasaron de vender temporadas a gestionar contingencias. Todo esto, además, sobre el arrastre de un 2025 con visitación deprimida y apagones persistentes que erosionaron la experiencia del viajero.
La crisis energética y el rol de la política de Washington
En el trasfondo se combinan suministro restringido, tensión geopolítica y costos crecientes. El endurecimiento de la política estadounidense (con amenazas de tarifas a países que abastezcan de crudo a la isla) y la disrupción del flujo venezolano crearon una pinza difícil de sortear. El resultado es un déficit crítico de combustible que obliga a repostar fuera, a volar con mayor autonomía y a repensar itinerarios. Para un destino que depende de la conectividad aérea y del todo incluido como ancla de su propuesta, ese cóctel es letal en temporada alta.
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El impacto aéreo: la ruta del combustible y el papel de Santo Domingo
Las aerolíneas hicieron lo que mejor saben hacer en crisis: ajustar. Algunas suspendieron temporalmente; otras abrieron tech stops en Santo Domingo para asegurar el repostaje en rutas hacia La Habana; y unas terceras modularon cargas y tiempos para volar con autonomía de vuelta. En cuestión de días, Santo Domingo (SDQ) y Punta Cana (PUJ) quedaron instalados como aeropuertos de confianza: tráficos de tránsito en alza, agendas de operaciones reconfiguradas y nuevas frecuencias tácticas para sustituir itinerarios originalmente destinados a Cuba.
República Dominicana absorbe la demanda desplazada
Mientras Cuba reduce inventario, República Dominicana viene de su mejor año en llegadas y mantiene capacidad efectiva para absorber picos de demanda. Esa elasticidad no se improvisa: responde a una malla de rutas en expansión, un marco regulatorio pro‑conectividad y un ecosistema hotelero que combina escala con segmentación (del upper‑upscale familiar al solo adultos) sin perder consistencia operativa. El país sabe vender certeza: vuelos que llegan, check‑ins que se cumplen, experiencias que suceden.
República Dominicana también multiplicó rutas y operaciones.
- La JAC aprobó nuevos permisos y rutas de aerolíneas como Sky High y SETRAD, diversificando conexiones regionales y de carga.
- Arajet, la aerolínea dominicana en expansión, planifica abrir rutas hacia Cuba a finales de 2025 o inicios de 2026, consolidando el país como hub natural del Caribe.
- El país es el segundo con mayor índice de conectividad aérea en América Latina, con un salto de 878 a 1,096 rutas entre 2020 y 2025.
Todo esto ocurre mientras aerolíneas internacionales utilizan Santo Domingo y Punta Cana como paradas técnicas ante la crisis energética cubana, reforzando la percepción de estabilidad operativa en RD.
Capacidad hotelera y ocupación: RD sí puede absorber la demanda que Cuba pierde
Mientras Cuba “compacta” huéspedes por falta de energía, RD expande su oferta:
- El país cerró 2025 con más de 92,142 habitaciones, según ASONAHORES.
- La ocupación promedio ene–jul 2025 fue de 78.9 %, con Bávaro–Punta Cana liderando con 85.9%.
- El crecimiento de habitaciones sumó 2,500 nuevas unidades en 2025, manteniendo ocupaciones saludables.
Donde Cuba compacta, República Dominicana expande. El inventario supera ya las decenas de miles de habitaciones con ocupaciones saludables y pipeline activo. Bávaro–Punta Cana marca el pulso con tasas altas, pero existe margen en La Romana, Puerto Plata y Samaná para derivar demanda sin tensionar tarifas. La clave está en segmentar: familia que busca todo incluido, pareja que demanda solo adultos, viajero que privilegia experiencias low‑impact. Hay producto y hay capacidad.

Capitalizar sin saturar
El mercado internacional requiere acción inmediata: campañas cooperativas con el trade, bloques garantizados en Punta Cana, La Romana y Puerto Plata, y una propuesta clara de flexibilidad (cambios sin penalidad, upgrades, traslados, late check‑out). Desde el lado operativo, PUJ y SDQ pueden ampliar ventanas y publicar tiempos de giro y protocolos de abastecimiento para consolidar la percepción de “operación sin sorpresas”; en comunicación, MITUR y Banco Central aportan los datos duros que apuntalan esa narrativa.
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