Trump cierra en Pekín una cumbre histórica entre negocios y diplomacia
El presidente estadounidense abandonó China este viernes tras dos días de reuniones con Xi Jinping, la primera visita de Estado de un mandatario norteamericano al país asiático en casi una década. La cita, definida por ambos líderes como «histórica», estuvo dominada por una agenda económica sin precedentes, con más de una decena de los principales directivos empresariales de Estados Unidos sentados a la misma mesa que los altos mandos de la diplomacia y la defensa.
Trump partió de Pekín proclamando haber cerrado acuerdos «fantásticos» en sectores como aviación, agricultura e inteligencia artificial, pero sin revelar detalles concretos ni lograr avances visibles en los puntos más espinosos: el control de exportaciones de chips de alta tecnología, el futuro de Taiwán y la influencia china sobre Irán. La cumbre dejó más intenciones que certezas, y Xi Jinping demostró ser tan hábil en el protocolo como estratégico en sus mensajes.
Silicon Valley y Wall Street, en el corazón de Zhongnanhai
Una delegación empresarial integrada por 16 directores ejecutivos de las mayores compañías estadounidenses acompañó a Trump en su visita oficial a China. La comitiva —que viajó a bordo del Air Force One— incluyó a figuras como Tim Cook, consejero delegado saliente de Apple; Elon Musk, al frente de Tesla y SpaceX; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Larry Fink, de BlackRock; David Solomon, de Goldman Sachs; Kelly Ortberg, de Boeing; y Jane Fraser, de Citigroup, entre otros.
La incorporación más llamativa fue la de Jensen Huang, sumado a la delegación a última hora. La presencia del máximo responsable de la empresa más relevante en la carrera por la inteligencia artificial no es casual: Nvidia lleva meses buscando que Washington autorice la venta de sus chips al mercado chino, bloqueada por restricciones de exportación.
El propio Huang calificó el encuentro como «una de las cumbres más importantes de la historia humana».
Durante el banquete de gala celebrado en el Gran Salón del Pueblo, los líderes empresariales estadounidenses acumulaban una capitalización bursátil equivalente a la tercera economía del mundo. Del lado chino, estuvieron presentes altos ejecutivos de ByteDance, Lenovo, Xiaomi e Hisense.
Xi Jinping les transmitió a los CEO estadounidenses un mensaje de apertura: la puerta a los negocios en China «se abrirá más», afirmó, según la agencia oficial Xinhua. Trump resumió el espíritu del viaje con una frase que lo dice todo: «China va a invertir cientos de miles de millones con las personas que estaban en la sala. A eso vinimos», declaró en una entrevista con Fox News.
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Entre cuerdos anunciados y detalles esquivos
Trump no detalló los acuerdos comerciales que, según él, se sellaron con China. Sin embargo, en la entrevista con Fox, afirmó que Xi se comprometió a comprar aviones Boeing —»200 de los grandes»—, así como petróleo y soja estadounidenses. Las acciones del gigante aeronáutico cayeron tras esos comentarios, en una señal de que el mercado esperaba una compra más sólida por parte de China.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, reveló a la CNBC que Trump y Xi también discutieron el establecimiento de «barreras de seguridad» para el uso de la inteligencia artificial. En materia energética, la Casa Blanca destacó el compromiso de Xi de incrementar las compras de crudo estadounidense como vía para reducir la dependencia del petróleo de Oriente Medio —un guiño directo al contexto de la guerra con Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, uno de los temas más sensibles quedó sin resolverse: el levantamiento de los controles a la exportación de chips avanzados de Nvidia para el desarrollo de inteligencia artificial en empresas chinas sigue en el aire. En los corrillos empresariales circula un chiste que lo ilustra todo: «Nvidia es la única empresa que lidia con sanciones de los dos países».
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Taiwán, el elefante en la sala: Xi advierte, Trump esquiva
La visita no pudo evitar el tema que más tensión acumula en la relación bilateral. Xi Jinping hizo referencia a la «trampa de Tucídides», la teoría que describe la tendencia histórica al conflicto cuando una potencia emergente desafía a una establecida, aunque aseguró que ambos países podían «superar» ese peligro.
Sobre Taiwán, Xi fue directo: el dirigente chino le dijo a Trump que un mal manejo del asunto taiwanés podría empujar a las dos potencias a un «conflicto». Trump, en cambio, no hizo comentarios públicos al respecto.
El secretario de Estado, Marco Rubio, aclaró que «la política de Estados Unidos sobre la cuestión de Taiwán no ha cambiado a partir de la reunión».
En Washington, las alarmas no suenan solo desde el lado demócrata. Laura Ingraham, una de las voces más influyentes del movimiento MAGA, describió la posibilidad de inversión china en suelo estadounidense como una «trampa masiva». No son pocos los legisladores republicanos que temen que este acercamiento con Pekín pueda convertirse en un caballo de Troya en sectores donde China ya domina, como el automóvil eléctrico o las energías renovables.
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Por su parte, Xi aseguró que fue una «visita histórica» y que ambas partes establecieron «una nueva relación bilateral de estabilidad estratégica constructiva». Como gesto simbólico, prometió enviarle a Trump semillas para la Rosaleda de la Casa Blanca. La diplomacia tiene sus rituales. Lo que queda por ver es si tendrá sus resultados.
En septiembre, cuando Xi visite la Casa Blanca, ambos líderes podrán volver a escenificar la amistad cultivada en Pekín. Todo dependerá de si la relación resiste los meses que quedan por delante —y de si las promesas aterrizan en contratos reales.
Fuente: EFE
Redacción: Revista Mercado
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