FED en la encrucijada: Jerome Powell enfrenta la mayor prueba de su mandato
Este viernes, el escenario majestuoso de Jackson Hole, Wyoming, será testigo de una batalla que trasciende lo económico para adentrarse en lo político e institucional. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, se enfrenta al discurso más crucial de su carrera, un momento definitorio que pondrá a prueba la esencia misma del banco central más influyente del mundo. En un contexto de presión política sin precedentes, una fractura interna histórica y una economía que envía señales contradictorias, sus palabras no solo analizarán datos: serán un acto de defensa de la autonomía institucional.
La ofensiva política: Un asalto sin precedentes a la autonomía
La tormenta que envuelve a la Fed tiene un epicentro claro: la Casa Blanca. El presidente Donald Trump, en su segundo mandato, ha intensificado una campaña de descrédito y presión personal que ha roto todos los protocolos históricos de respeto a la independencia del banco central.
Los ataques verbales, calificando a Powell de «imbécil testarudo» y exigiendo su renuncia, son solo la punta del iceberg de una estrategia calculada.
El movimiento estructural clave ha sido la nominación de Stephen Miran, principal asesor económico de Trump, para una vacante crucial en la Junta de Gobernadores. Lejos de ser un tecnócrata neutral, Miran ha defendido abiertamente propuestas reformistas que buscan permitir al presidente de turno destituir al titular de la Fed.
Su confirmación supondría la introducción de un caballo de Troya dentro del organismo, un actor cuyo alineamiento con la agenda de la Casa Blanca amenaza con desmantelar décadas de consenso bipartidista en torno a la autonomía monetaria.
Fractura interna
La presión externa encuentra un eco peligroso en una división interna que no se veía desde hace más de tres décadas. En la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), dos gobernadores, Christopher Waller y Michelle Bowman, registraron una doble disidencia, votando a favor de un recorte inmediato de tipos de interés frente a la mayoría que optó por mantenerlos en la banda del 4.25% al 4.5%.
El argumento de los disidentes se centra en una lectura particular de los datos económicos. Sostienen que la inflación subyacente, una vez descontado el efecto de los aranceles, se acerca peligrosamente al objetivo del 2%, mientras el mercado laboral comienza a exhibir signos de fragilidad. Bowman alertó que mantener una política restrictiva podría dañar irreversiblemente el empleo, mientras Waller abogó por una postura monetaria «neutral, no restrictiva».
Esta grieta abierta debilita la posición de Powell y alimenta la percepción de un organismo en crisis de gobernanza.
El laberinto económico
Navigar la política monetaria se ha vuelto excepcionalmente complejo debido a un panorama económico enrarecido. La ola de aranceles impuesta por la administración Trump—que afecta a productos de China, México, Canadá y la Unión Europea— ha comenzado a impactar con fuerza en los precios y en la actividad productiva. El propio Powell ha alertado que estos gravámenes son «significativamente mayores» a lo previsto y podrían desencadenar un ciclo de estanflación, esa combinación tóxica de alta inflación y estancamiento económico.
Paradójicamente, mientras la inflación repunta, el desempleo se mantiene en mínimos históricos. Sin embargo, la desaceleración en la creación de empleo y, sobre todo, la creciente incertidumbre sobre la fiabilidad de los datos oficiales—agravada por la destitución de la comisionada de estadísticas laborales— nublan aún más el panorama para los formuladores de política monetaria.
Tomar decisiones basadas en información potencialmente politizada añade un riesgo sistémico adicional.
Jackson Hole: El escenario de una batalla por el alma de la Fed
En este contexto de tormenta perfecta, el foro de Jackson Hole se convierte en mucho más que una conferencia técnica de banqueros centrales. Es el escenario donde Powell debe realizar una delicadísima equilibrismo: calmar a los mercados, que dan por hegemónico un recorte de tasas en septiembre, sin parecer ceder a la presión política o a la disidencia interna.
Más allá de los tecnicismos monetarios, el mensaje de fondo será institucional. El mundo financiero observará si Powell defiende con firmeza los principios de independencia y tecnocracia que han guiado a la Fed durante décadas, o si, por el contrario, muestra una vulnerabilidad que podría ser explotada por sus detractores. Su mandato se extiende hasta 2026, pero su legado—y quizás el de la propia institución— podría definirse este viernes.
La estrategia de Trump de colocar leales en puestos clave busca redefinir los límites de lo aceptable en la política monetaria. Si Miran es confirmado y la disidencia interna se consolida, Powell podría encontrarse liderando un comité profundamente dividido, con una minoría suficiente para bloquear sus iniciativas. Jackson Hole no es el final de la batalla, sino el primer gran enfrentamiento en una guerra por el control del dinero y la economía global. Lo que está en juego es nada menos que el alma de la Reserva Federal.
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