¿Consultar a un abogado o a la IA? Expertos dominicanos advierten sobre desafíos tecnológicos para el Derecho
La inteligencia artificial está modificando aceleradamente la forma en que los abogados investigan, redactan documentos y asesoran a sus clientes. Pero su impacto va más allá de agilizar tareas. La expansión de estas herramientas está redefiniendo qué significa aportar valor en el ejercicio legal y qué capacidades serán realmente difíciles de sustituir.
El cambio también está llegando desde los propios clientes. Hoy existen herramientas capaces de consultar información, analizar documentos y generar respuestas en segundos, lo que permite a empresarios y ejecutivos llegar a una consulta jurídica con preguntas más específicas y, en algunos casos, con sus propias interpretaciones.
Esto obliga al profesional del derecho a elevar el nivel de su aporte. Ya no basta conocer la norma o entregar una respuesta técnicamente correcta. El abogado debe comprender cómo sus recomendaciones pueden afectar las finanzas, las operaciones, los riesgos y los objetivos estratégicos de una organización.
El conocimiento ya no será suficiente
La transformación del ejercicio jurídico está llevando a los profesionales a involucrarse cada vez más en la arquitectura de los negocios. Entender cómo funciona una empresa, cuáles son sus riesgos y hacia dónde quiere avanzar permite que la asesoría legal deje de ser una respuesta posterior a los problemas y se convierta en parte de la toma de decisiones.
Desde esta perspectiva, el abogado necesita desarrollar una visión que combine conocimiento jurídico con finanzas, operaciones, gestión de riesgos y comprensión del entorno empresarial. La capacidad de anticiparse a cambios regulatorios y evaluar sus posibles consecuencias adquiere un peso cada vez mayor.
La prevención también gana relevancia. Una asesoría que identifica riesgos antes de que se conviertan en conflictos puede evitar costos legales, sanciones, problemas reputacionales o afectaciones a los activos de una compañía.
La profesión no desaparecerá para todos
Para Yurosky Mazara, socio director de Mazara Abogados, el avance de la inteligencia artificial plantea una transformación profunda del oficio, pero no necesariamente su desaparición.
“Yo voy a ser un poco incluso controversial. Alguien me decía, ¿va a desaparecer la profesión del abogado? Y yo, para provocarlo, decía, sí, va a desaparecer”, planteó Mazara al referirse al impacto que tendrán estas herramientas sobre la profesión.
Su explicación subraya una diferencia fundamental. “Va a desaparecer para todo aquel que solamente le puede agregar al cliente lo que la inteligencia artificial hoy día le agrega. No va a desaparecer para aquel que pueda seguir sumando criterios, aportando valor, ética, dando confidencialidad y teniendo ese factor humano que al final es diferenciador”, afirmó.
La distinción resalta el valor profesional en capacidades que van más allá de procesar información. El criterio para interpretar una situación, la experiencia para evaluar escenarios, la responsabilidad sobre una recomendación y la capacidad de acompañar al cliente siguen siendo elementos centrales.
Mazara llevó esa idea al terreno de la relación humana. Ninguna herramienta, sostiene, podrá sustituir completamente la presencia de un profesional que se encuentre frente a su cliente en un momento de incertidumbre, pueda estrecharle la mano, mirarlo a los ojos y transmitirle tranquilidad.
Del abogado que dice “no” al que ayuda a avanzar
La transformación también modifica la manera en que las organizaciones esperan recibir asesoría jurídica. El profesional deja de ser únicamente quien aparece cuando surge un conflicto o quien responde si una determinada acción está permitida o prohibida.
La expectativa apunta hacia un asesor que comprenda los objetivos del negocio y encuentre caminos para alcanzarlos dentro de los límites legales y de riesgo. En lugar de actuar como un “apagafuegos”, su participación debe comenzar mucho antes de que aparezca una crisis.
Ese enfoque convierte la prevención y el cumplimiento en herramientas de protección empresarial. La función jurídica pasa así de reaccionar ante los problemas a contribuir a que las decisiones se tomen con mayor información y menor exposición.
Desde esa perspectiva empresarial, José Alfredo Rizek, socio fundador y gerente de Rizek Abogados, identifica la innovación constante como uno de los principales desafíos jurídicos para las compañías. La implementación del nuevo Código Penal y el debate sobre un proyecto de ley de sociedades comerciales son, a su juicio, ejemplos de cómo los cambios normativos obligan a las empresas a revisar sus planes de negocio y establecer nuevas estrategias. Allí, asegura, la asesoría personalizada es insustituible.
El cliente también está cambiando
La democratización de las herramientas de inteligencia artificial está haciendo que los clientes tengan mayor acceso a información y puedan contrastar las respuestas que reciben. Plataformas como Claude, Gemini o Copilot permiten explorar conceptos jurídicos, revisar documentos y formular preguntas que antes dependían exclusivamente de una consulta profesional.
Esto no elimina la necesidad del abogado, pero sí eleva la exigencia. Frente a un cliente que llega mejor informado, el valor estará en saber distinguir entre una respuesta generada automáticamente y una recomendación construida a partir del contexto específico de una persona, una operación o una compañía.
El profesional tendrá que cuestionar la información disponible, identificar riesgos, interpretar escenarios y traducir el conocimiento jurídico en decisiones comprensibles y útiles para los negocios.
En esa perspectiva, Carolina Figuereo, directora Legal y de Cumplimiento de ALTIO SAFI, define el cumplimiento regulatorio desde una perspectiva estratégica. Advierte que las empresas deben desarrollar una cultura en la que el cumplimiento sea entendido como un mecanismo para proteger y hacer sostenible el negocio, además de generar confianza entre inversionistas y participantes del mercado.
El factor humano como ventaja
La inteligencia artificial puede acelerar procesos, ampliar las posibilidades de investigación y facilitar la preparación de documentos, pero el ejercicio jurídico incorpora dimensiones que no se reducen al procesamiento de información.
Ética, confidencialidad, criterio, responsabilidad y confianza forman parte de una relación profesional que requiere entender no solo el problema jurídico, sino también a quien debe tomar la decisión.
En esa nueva realidad, la ventaja no estará necesariamente en competir con las herramientas, sino en aprender a utilizarlas. Como plantea Mazara, la inteligencia artificial puede convertirse en un instrumento de trabajo, “como un martillo, como una herramienta”, siempre que el profesional sea capaz de combinarla con calidad y trato humano.
El abogado que gane relevancia en esta nueva etapa será, por tanto, aquel que utilice la tecnología para ampliar sus capacidades, sin delegarle aquello que constituye el verdadero valor de su profesión: el criterio para decidir, la capacidad de anticiparse, la responsabilidad de asesorar y la confianza que se construye entre personas.
Este es el tipo de conversaciones que ofrece Mercado Top Lawyers, un encuentro de primer nivel para el derecho dominicano.
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