La mujer que desmontó 152 años de tradición en Kentucky Derby
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Cherie DeVaux, la mujer que desmontó 152 años de tradición en el Kentucky Derby

Durante más de un siglo y medio, el Kentucky Derby funcionó como una liturgia masculina del poder ecuestre estadounidense. Un ritual donde la tradición pesaba más que la estadística y donde las mujeres podían participar, sí, pero rara vez ocupar el centro narrativo de la industria. Hasta ahora.

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La victoria de Cherie DeVaux en la edición 152 del Kentucky Derby debe mencionarse como algo más relevante que una anomalía histórica: revela una transformación silenciosa dentro de una de las estructuras deportivas más conservadoras de Estados Unidos.

El sábado en Churchill Downs no ganó solamente Golden Tempo. Ganó una nueva interpretación de la hípica profesional.

Una entrenadora que administra riesgos

En la cultura popular, el Derby suele reducirse a sombreros extravagantes, apuestas millonarias y fotografías de celebridades. Pero detrás del espectáculo existe un ecosistema ferozmente técnico donde las decisiones se toman con precisión biomecánica basadas tiempos de recuperación, resistencia muscular, lectura del ritmo de carrera y psicología animal.

Ahí es donde DeVaux construyó su reputación.

Antes de convertirse en entrenadora principal, pasó más de dos décadas dentro del circuito como asistente, jinete de entrenamiento y estratega de establo. Su formación fue bastante artesanal. Aprendió el negocio desde la pista, no desde la oficina.

Nacida en Saratoga Springs, Nueva York, uno de los epicentros históricos de la hípica estadounidense, creció rodeada de caballos y dentro de una familia profundamente vinculada al deporte. Sin embargo, su ascenso no respondió al nepotismo romántico que suele vender la industria ecuestre. DeVaux tardó años en obtener legitimidad propia.

Cuando abrió oficialmente su establo en 2018, lo hizo después de atravesar agotamiento profesional y cuestionar si el sistema tradicional de entrenamiento era sostenible. Esa decisión terminó redefiniendo su carrera. En apenas una temporada consiguió su primera victoria; menos de una década después, alcanzó el triunfo más importante de las carreras estadounidenses.

Golden Tempo: la victoria de una estrategia contracultural

La historia deportiva del Derby suele premiar la agresividad temprana: caballos veloces que dominan desde la salida y controlan el ritmo. Golden Tempo hizo exactamente lo contrario.

Con probabilidades de 24-1, el ejemplar permaneció en el último lugar durante gran parte de la carrera mientras el puertorriqueño José Ortiz seguía al pie de la letra las instrucciones de DeVaux: mantenerse lejos del riel interno, evitar el tráfico y esperar el momento exacto para atacar por fuera.

Fotografía: AP Photo/Jeff Roberson

El resultado fue uno de los cierres más dramáticos que ha visto Churchill Downs en décadas.

La imagen de Golden Tempo atravesando el caos final desde el exterior funciona casi como una metáfora involuntaria de la propia carrera de DeVaux dentro de la industria: avanzar desde la periferia hasta irrumpir en el centro de un sistema históricamente cerrado.

Por qué esta victoria importa más de lo que parece

El Kentucky Derby no es solamente una competencia deportiva. Es una institución económica y cultural. La industria de los pura sangre en Estados Unidos mueve miles de millones de dólares al año entre crianza, apuestas, derechos televisivos, farmacología veterinaria y turismo deportivo. En ese ecosistema, los entrenadores operan como gestores de activos de altísimo valor financiero.

Hasta 2023, ninguna mujer había ganado una carrera de la Triple Corona estadounidense como entrenadora. Ese techo lo rompió Jena Antonucci con el Belmont Stakes. Apenas tres años después, DeVaux conquista la joya más mediática y comercial de la hípica norteamericana.

El dato expone algo incómodo: tomó 152 años para que una mujer ganara el Derby.

Y aunque la industria ecuestre suele presentarse como más “igualitaria” que otros deportes profesionales, porque hombres y mujeres pueden competir directamente, los números muestran otra realidad. Las mujeres continúan subrepresentadas en puestos de entrenamiento de élite, manejo de establos de inversión y administración de grandes caballerizas.

DeVaux no llegó como una outsider ideológica. Llegó como una especialista técnica cuya metodología terminó siendo imposible de ignorar.

Más allá de las victorias

Paradójicamente, el aspecto que más distingue a DeVaux no tiene relación directa con trofeos. Durante años, ha insistido en que su principal objetivo es “poner al caballo primero”, incluso por encima de los resultados. En una industria que vive bajo creciente escrutinio por lesiones, agotamiento físico y muertes en pista, esa postura adquiere una dimensión mucho más compleja.

Su decisión de retirar a Golden Tempo del Preakness Stakes, renunciando automáticamente a la posibilidad de una Triple Corona, fue financieramente arriesgada y mediáticamente impopular. Pero también envió un mensaje contundente sobre el futuro ético del deporte.

La entrenadora explicó que el caballo necesitaba más tiempo de recuperación tras el enorme esfuerzo realizado en Louisville. En otras palabras: priorizó longevidad sobre espectáculo.

Ese gesto ayuda a entender por qué su figura resulta tan relevante para la nueva etapa de la hípica estadounidense. Más que diversidad de género, representa un cambio generacional sobre cómo administrar rendimiento animal de alto nivel.

La nueva narrativa del Derby

Durante décadas, el Kentucky Derby estuvo dominado por apellidos históricos, magnates ecuestres y estructuras familiares heredadas. La victoria de DeVaux altera parcialmente esa lógica porque introduce otro modelo de construcción profesional: menos aristocrático, más técnico y profundamente contemporáneo.

En una economía donde cada vez más industrias atraviesan debates sobre acceso, representación y sostenibilidad humana, DeVaux aparece como una figura particularmente moderna, es una profesional que combina conocimiento operativo, sensibilidad estratégica y gestión de largo plazo en un negocio obsesionado con la inmediatez.

Su triunfo no garantiza que la hípica haya resuelto sus desigualdades. Tampoco convierte automáticamente al Derby en un espacio progresista. Pero sí modifica algo más importante, como lo es la imaginación de quién puede dominar ese escenario.

Y en industrias construidas sobre tradición, cambiar la imaginación colectiva suele ser el primer verdadero punto de quiebre.

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