Frida Escobedo la primera mujer en renovar el Met
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Frida Escobedo y el nuevo Met: la primera mujer en hacer un ala de US$670 millones

La arquitecta mexicana inicia la construcción del Oscar L. Tang y H.M. Agnes Hsu-Tang Wing, una intervención de 126,000 pies cuadrados que reformulará la relación del Metropolitan Museum of Art con su colección de arte moderno y contemporáneo. El proyecto, valorado en US$670 millones, abrirá en 2030.

Foto: Architectural Digest México / Zack DeZon.

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El Metropolitan Museum of Art de Nueva York acaba de comenzar una operación que es arquitectónica, pero también museográfica al reconstruir el lugar que ocupa el arte de los siglos XX y XXI dentro de una institución acostumbrada a pensar el tiempo en milenios.

El proyecto tendrá 126,000 pies cuadrados y conservará la huella del edificio existente, pero aumentará casi 50% la superficie destinada a exhibición, hasta alcanzar 69,500 pies cuadrados de galerías. La apertura está prevista para 2030.

No se trata, por tanto, de añadir simplemente una nueva caja al enorme complejo del Met. El desafío de Escobedo es más delicado; ella debe intervenir una institución cuya arquitectura se ha construido durante más de un siglo sin convertir lo nuevo en una ruptura con lo anterior.

Y ahí aparece una de las claves para entender por qué la elección de esta arquitecta resulta particularmente significativa.

Una arquitecta formada en las capas de la ciudad

Frida Escobedo nació en Ciudad de México en 1979 y estableció su estudio homónimo en 2006. Su trayectoria comenzó lejos de las grandes operaciones museísticas internacionales: hoteles, espacios culturales, pabellones y edificios en los que la arquitectura funciona menos como objeto aislado que como una forma de negociar con el contexto.

Entre sus primeros proyectos destacan la renovación del Hotel Boca Chica, el Pabellón El Eco y la ampliación de La Tallera Siqueiros, en Cuernavaca.

Hay una constante en esa obra temprana: Escobedo suele trabajar con aquello que ya existe.

En La Tallera, antigua casa-taller de David Alfaro Siqueiros, la intervención no consistió en borrar la estructura precedente para sustituirla por una arquitectura completamente nueva. Uno de los movimientos fundamentales fue rotar los grandes murales de Siqueiros para abrir el antiguo patio hacia la plaza pública, modificando la relación entre el museo y la ciudad. El proyecto convirtió el espacio exterior en una extensión del recinto cultural.

Fotografía: ELLE / Vincent Tullo

Ese gesto contiene, en pequeña escala, una preocupación que ahora adquiere dimensiones mucho mayores en Nueva York: cómo hacer que una intervención contemporánea converse con una estructura histórica sin quedar subordinada a ella ni imponerse sobre ella.

El proyecto que la llevó a la escena internacional

El salto internacional llegó en 2018, cuando Escobedo recibió el encargo de diseñar el Serpentine Pavilion en Kensington Gardens, Londres.

A sus 38 años se convirtió entonces en la arquitecta más joven en realizar el pabellón y en la primera mujer en hacerlo en solitario desde el inicio de la serie en 2000.

La propuesta partía de algunos puntos básicos: dos volúmenes rectangulares formando un patio, paredes construidas mediante una celosía de tejas de cemento y un techo reflectante acompañado por un pequeño estanque.

Escobedo tomó un elemento habitual de la arquitectura mexicana (la celosía, capaz de filtrar aire, luz y vistas) y lo trasladó a Londres utilizando materiales británicos. El eje del patio, además, se relacionaba con el meridiano de Greenwich. El agua, los reflejos y las sombras hacían que el edificio cambiara durante el día.

La arquitectura dejaba de ser una cosa estática para convertirse en una experiencia temporal.

Es una característica que ayuda a entender su trabajo posterior: Escobedo no parece interesada únicamente en diseñar edificios que puedan fotografiarse. Una parte importante de su práctica consiste en construir relaciones entre materia, luz, movimiento, memoria y recorrido.

Frida Escobedo: una arquitectura entre México y el mundo

La dimensión internacional de su trabajo se amplió durante la última década. Su estudio mantiene su sede en Ciudad de México y abrió una oficina en Nueva York en 2022, precisamente después de su designación para el proyecto del Met.

Entre sus trabajos recientes figuran Ray Harlem, un proyecto de uso mixto desarrollado junto a Handel Architects que incorpora viviendas, espacios comerciales y la nueva sede permanente del National Black Theatre; Boca de Agua, Cartier Design: A Living Legacy, Otis Plaza y otros proyectos que muestran una práctica que se ha desplazado progresivamente entre arquitectura, diseño, espacio público y cultura.

Fotografía: Vanity Fair

Su agenda internacional tampoco termina en Manhattan.

En 2024, Escobedo fue seleccionada junto al estudio Moreau Kusunoki como codiseñadora de la renovación del Centre Pompidou 2030 en París.

Y su estudio figura actualmente entre los equipos encargados del nuevo complejo para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Catar, además del proyecto del Met y la renovación del Pompidou.

El Met no necesitaba otra arquitectura monumental

El problema del Met es precisamente su propia monumentalidad.

Fundado en 1870 y abierto al público en 1872, el museo se ha expandido hasta convertirse en un complejo arquitectónico y cultural extraordinariamente heterogéneo. Su colección comprende alrededor de cinco mil años de producción artística y más de dos millones de piezas.

En ese contexto, construir una nueva ala para el arte moderno y contemporáneo implica resolver una contradicción: el arte más reciente del museo necesitaba un espacio capaz de expresar su contemporaneidad dentro de una institución construida sobre la acumulación histórica.

La respuesta de Escobedo no es competir con el edificio existente mediante una nueva monumentalidad.

El proyecto del Tang Wing conservará la huella del edificio actual y no superará la altura del edificio de 1880 ubicado en el centro del complejo. Tendrá cinco niveles: una base de tres pisos, un cuarto nivel retraído y un quinto aún más retirado.

La fachada será uno de los elementos más reconocibles: una celosía de piedra caliza que funcionará como una pantalla permeable. Su textura mineral y su patrón permitirán que la superficie responda de manera cambiante a la luz solar.

Es difícil no reconocer allí una evolución de uno de los recursos que ya aparecía en el Serpentine Pavilion.

La celosía deja de ser únicamente una referencia a la arquitectura mexicana y se convierte en un dispositivo para mediar entre el edificio, la luz y el entorno.

Los US$670 millones detrás de la transformación

A septiembre de 2026, el Met había recaudado US$670 millones para cubrir el costo total de construcción y una parte significativa del fondo patrimonial destinado a operar la nueva ala.

El nombre Tang Wing responde al matrimonio formado por Oscar L. Tang y H.M. Agnes Hsu-Tang, cuyo aporte inicial de US$125 millones fue determinante para poner en marcha el proyecto. En 2024, el museo anunció que había alcanzado US$550 millones en donaciones privadas para la renovación.

El aumento de la cifra hasta los US$670 millones ilustra la dimensión financiera de una intervención que no consiste únicamente en levantar un edificio: también requiere dotarlo de recursos para funcionar durante las décadas siguientes.

En los grandes museos, la arquitectura y la filantropía forman parte de la misma ecuación.

La primera mujer en diseñar un ala del Met

Escobedo es la primera mujer en diseñar un ala del Metropolitan Museum of Art en sus 156 años de historia y, además, la arquitecta más joven en recibir un encargo de este tipo para la institución.

Pero reducir el proyecto a ese dato sería perder la parte más interesante de la historia.

El Met no eligió únicamente una representación geográfica o generacional. El propio museo señaló que su selección fue resultado de una búsqueda internacional y que Escobedo había sido escogida para materializar una renovación que llevaba más de una década en discusión.

Su arquitectura llega al museo con un lenguaje que ya ha demostrado capacidad para trabajar con edificios históricos, instituciones culturales y contextos urbanos complejos.

En La Tallera, reorganizó la relación entre un museo y su plaza.

En el Serpentine Pavilion, convirtió luz, agua, orientación y materiales cotidianos en una arquitectura temporal.

En Nueva York, su trabajo con Ray Harlem la ha obligado a operar dentro de un contexto urbano y social mucho más complejo que el de una pieza aislada.

Ahora, en el Met, la escala cambia radicalmente.

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