¿Cómo beneficiará la celebración de los Juegos Centroamericanos 2026 a la economía y el turismo de República Dominicana?
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 representan mucho más que una competencia deportiva. Para República Dominicana, el evento constituye una oportunidad para atraer visitantes, generar empleos, impulsar el consumo y fortalecer su posición como destino turístico internacional.
Foto: Los Juegos Centroamericanos 2026 proyectan a República Dominicana como sede deportiva internacional, con expectativas de generar beneficios para el turismo, la infraestructura y la economía local.
El verdadero valor de la cita deportiva podría estar, precisamente, en lo que ocurra fuera de las canchas. El país ha destinado alrededor de US$ 160,000,000 a la construcción y remodelación de 16 instalaciones deportivas, una inversión que plantea una pregunta fundamental: ¿qué beneficios económicos y turísticos permanecerán después de que concluyan las competencias?
La respuesta dependerá de la capacidad de República Dominicana para convertir los Juegos en una plataforma de promoción internacional y, sobre todo, en una estrategia permanente para desarrollar el turismo deportivo.
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Juegos Centroamericanos 2026: una inversión que movilizará la economía dominicana
La celebración de Santo Domingo 2026 tendrá un impacto directo sobre diferentes sectores de la economía. La construcción y adecuación de instalaciones deportivas ya ha movilizado recursos, mientras que durante la competencia se espera un incremento en la demanda de hoteles, restaurantes, transporte, comercio, entretenimiento y otros servicios.
El economista Huáscar Jiménez, investigador del Centro de Estudios Económicos Turísticos y Desarrollo Local, considera que el impacto de los Juegos debe analizarse desde cuatro dimensiones: económica, turística, creativa e institucional.
Desde la perspectiva económica, la llegada de miles de atletas, entrenadores, técnicos, delegaciones y visitantes genera un aumento temporal del consumo. Los negocios vinculados al alojamiento, alimentación, transporte y entretenimiento tendrán la posibilidad de captar una demanda adicional durante la celebración del evento.
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Las cifras ayudan a dimensionar el desafío. La competencia contempla la participación de 37 delegaciones internacionales, alrededor de 6,200 atletas, unos 3,000 entrenadores, técnicos y miembros del personal de apoyo, además de 483 pruebas en 40 disciplinas deportivas.
Esta concentración de personas durante varias semanas puede convertirse en un importante estímulo para la actividad económica de Santo Domingo y otras zonas vinculadas con la organización.
Sin embargo, el beneficio más importante podría llegar después de agosto de 2026.
Jiménez advierte que el retorno de la inversión dependerá del uso que República Dominicana pueda dar a las instalaciones deportivas una vez finalizadas las competencias. La infraestructura debe convertirse en un activo permanente y no quedar limitada a un evento de unas pocas semanas.
Un ejemplo es la decisión de destinar la Villa Olímpica de Ciudad Juan Bosch a viviendas de bajo costo. Para el resto de las instalaciones, el desafío será establecer modelos de gestión que permitan mantenerlas activas, generar ingresos y atraer nuevas competencias.
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Turismo deportivo: la gran oportunidad para República Dominicana
Uno de los principales legados potenciales de los Juegos Centroamericanos 2026 está relacionado con el turismo. República Dominicana ya es uno de los principales destinos turísticos del Caribe, pero la mayor parte de su oferta internacional continúa concentrada en sol, playa y resorts.
Los eventos deportivos pueden ayudar a diversificar esa propuesta.
La Asociación Nacional de Hoteles y Turismo, Asonahores, proyectó la llegada de 300,000 visitantes vinculados con la celebración de los Juegos. A esto se suma la exposición internacional que tendrán las competencias, que serán transmitidas en los 37 países participantes y podrían alcanzar una audiencia potencial de 280,000,000 de personas.
Ese alcance convierte a Santo Domingo 2026 en una herramienta de promoción turística de gran escala.
El objetivo no debería limitarse a conseguir visitantes durante la competencia. La oportunidad consiste en mostrar al mundo las capacidades de República Dominicana para organizar grandes eventos y utilizar esa exposición para atraer futuras competencias internacionales.
El especialista en turismo Juan Lladó considera que el país todavía enfrenta desafíos para consolidar el turismo deportivo. Entre ellos identifica la necesidad de ampliar y diversificar la infraestructura, además de mejorar la promoción de las disciplinas deportivas que pueden convertirse en atractivos para visitantes extranjeros.
El potencial del mercado es considerable. Según los datos citados en el estudio de referencia, el turismo deportivo mundial alcanzó cerca de US$ 565,000,000,000 en 2023 y podría superar los US$ 1,300,000,000,000 para 2032.
Para República Dominicana, captar una pequeña porción de ese mercado podría representar una nueva fuente de ingresos turísticos.
El desafío consiste en conseguir que los visitantes deportivos permanezcan más tiempo, gasten más y recorran otros destinos del país. Una persona que viaja para asistir a una competencia puede convertirse también en consumidor de restaurantes, excursiones, actividades culturales, transporte y experiencias turísticas.
Por eso, los Juegos pueden funcionar como una puerta de entrada hacia una oferta turística más amplia.
El legado de Santo Domingo 2026 puede ir más allá del deporte
La experiencia internacional demuestra que los grandes eventos deportivos pueden generar importantes beneficios económicos, aunque sus resultados dependen de la planificación y del uso posterior de las inversiones.
Los Juegos Olímpicos de París 2024 registraron un impacto económico estimado en 3,000,000,000 de euros, de acuerdo con las cifras citadas en el artículo de referencia. Para el Mundial de la FIFA 2026 se estimaron alrededor de US$ 7,500,000,000 en gasto turístico, mientras que el Clásico Mundial de Béisbol 2026 proyectó ingresos de US$ 225,000,000, según Forbes USA.
Estos casos muestran que una competencia deportiva puede convertirse en una plataforma económica cuando existe una estrategia para aprovechar la llegada de visitantes y la exposición internacional.
En República Dominicana, otro de los posibles beneficiarios será la economía creativa. De acuerdo con Jiménez, unas 4,000 personas vinculadas con las industrias culturales y creativas participan en la organización del evento.
La producción audiovisual, el diseño, el mercadeo, la gastronomía y el entretenimiento forman parte de una cadena económica que puede crecer alrededor de los Juegos.
También existe una oportunidad institucional. La coordinación entre organismos públicos, federaciones deportivas, empresas privadas, organismos internacionales y voluntarios permitirá al país acumular experiencia en la organización de eventos de gran escala.
El Clúster Turístico La Romana Bayahíbe ha planteado que el turismo deportivo debería convertirse en una política estratégica de Estado, capaz de complementar el modelo turístico tradicional, diversificar la oferta y reducir la estacionalidad.
La idea resulta especialmente relevante para un país cuya economía turística depende en buena medida de los destinos de playa. Los eventos deportivos pueden generar actividad durante períodos en los que normalmente existe menor demanda.
El éxito de Santo Domingo 2026, por tanto, no debería medirse únicamente por el número de medallas obtenidas por la delegación dominicana ni por la cantidad de dinero gastada durante la competencia.
El indicador más importante será el legado.
Si las instalaciones continúan funcionando, si República Dominicana consigue atraer nuevas competencias internacionales, si aumenta el número de turistas que llegan motivados por el deporte y si las empresas locales logran integrarse a esa cadena de valor, la inversión realizada podría producir beneficios durante muchos años.
Los Juegos Centroamericanos 2026 representan así una oportunidad para que República Dominicana pase de ser únicamente un destino turístico de sol y playa a convertirse también en un destino capaz de organizar y aprovechar grandes eventos deportivos.
El verdadero oro de Santo Domingo 2026 podría no estar en las medallas. Podría estar en la capacidad de convertir una competencia de unas semanas en una estrategia económica y turística para la próxima década.
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