Airbnb ya supera en habitaciones a todos los hoteles de RD y el gobierno quiere cobrarle impuestos
La industria turística de República Dominicana atraviesa una transformación profunda que redefine la forma en que los visitantes buscan alojamiento. El crecimiento de las plataformas de renta corta, especialmente Airbnb, ha creado un nuevo escenario donde las viviendas turísticas ya compiten directamente con el modelo hotelero tradicional.
Los datos más recientes muestran la magnitud del cambio: las propiedades de alquiler turístico superaron las 49,000 unidades en diciembre de 2025, con una disponibilidad aproximada de 114,938 habitaciones, según cifras del Sistema de Inteligencia Turística (Situr). Esta capacidad supera el inventario de habitaciones hoteleras del país, estimado en alrededor de 90,000 habitaciones por organismos vinculados al sector.
El fenómeno refleja una nueva etapa del turismo dominicano, donde apartamentos, villas y viviendas privadas se han convertido en una alternativa cada vez más utilizada por viajeros nacionales e internacionales. En 2025, cerca del 34 % de los turistas extranjeros no residentes eligió alojamientos de renta corta, dentro de un flujo total de 8,860,709 visitantes, de acuerdo con estadísticas del Banco Central de República Dominicana.
Este crecimiento ha generado oportunidades económicas para propietarios locales, pero también abrió un debate sobre la necesidad de establecer reglas más claras para un sector que continúa expandiéndose sin un marco regulatorio completamente definido.
La especialista en marketing turístico Magaly Toribio considera que el avance de las plataformas digitales representa una “revolución silenciosa” dentro de la industria. A su juicio, el cambio no debe interpretarse como una amenaza, sino como una evolución del mercado que requiere adaptación, supervisión y equilibrio.
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El desafío fiscal: el gobierno busca que Airbnb y otras plataformas paguen impuestos
El rápido crecimiento de los alquileres turísticos también ha puesto el foco sobre la diferencia entre este modelo y la hotelería tradicional. Mientras los hoteles operan bajo esquemas formales de tributación, regulaciones laborales, controles sanitarios y requisitos de seguridad, muchas propiedades de renta corta todavía funcionan sin un sistema homogéneo de fiscalización.
La Caribbean Hotel & Tourism Association (CHTA) ha señalado que República Dominicana podría estar dejando de captar alrededor de RD$ 10,000 millones anuales en impuestos relacionados con esta actividad, equivalentes aproximadamente a US$ 170 millones.
Ante esta realidad, la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) trabaja en la creación de un mecanismo para que las plataformas digitales comiencen a tributar en el país. El objetivo planteado es establecer un esquema que permita el pago del ITBIS de 18 %, bajo criterios que todavía están en discusión con los proveedores digitales.
El director general de la DGII, Pedro Urrutia, explicó que la institución mantiene conversaciones con las plataformas y busca alcanzar un acuerdo que permita incorporar estos servicios dentro del sistema tributario dominicano.
La discusión llega en un momento en que el sector turístico enfrenta una pregunta clave: cómo regular una industria que ya tiene un peso importante en la economía sin frenar la innovación ni reducir las oportunidades para miles de propietarios.
Expertos como Juan Lladó sostienen que la regulación debe acelerarse, no solamente por razones fiscales, sino también por temas de seguridad y calidad del servicio. Según su análisis, una normativa adecuada permitiría proteger a los visitantes y evitar problemas similares a los registrados en otros destinos internacionales.
Lladó considera que una carga impositiva equilibrada podría incentivar la formalización del sector. Propone que durante una primera etapa la tasa aplicada sea moderada para facilitar la incorporación masiva de propietarios al sistema.
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Turismo inmobiliario gana terreno mientras República Dominicana busca equilibrio
El avance de Airbnb y otras plataformas no es exclusivo de República Dominicana. En diferentes destinos del Caribe, los alquileres de corta duración han aumentado su participación dentro del mercado turístico.
Un estudio citado por la Caribbean Hotel & Tourism Association muestra que en Aruba, por ejemplo, las visitas asociadas a alojamientos de renta corta crecieron significativamente entre 2019 y 2025, superando el ritmo de expansión de los hoteles tradicionales.
En República Dominicana, la concentración de habitaciones de renta corta evidencia la importancia que ha adquirido este segmento. Las principales zonas con mayor oferta incluyen el Gran Santo Domingo, Puerto Plata, La Altagracia, Santiago, Samaná y La Romana.
La distribución refleja que el fenómeno ya no está limitado a destinos de playa, sino que también alcanza ciudades y regiones con actividad económica, cultural y de negocios.
La regulación del sector comenzó a discutirse desde 2022, cuando las autoridades anunciaron planes para organizar miles de habitaciones de renta corta. Sin embargo, hasta 2026 todavía no existe una propuesta definitiva que establezca todas las condiciones de operación.
Para los defensores del modelo, las plataformas han democratizado el turismo porque permiten que familias dominicanas participen directamente en la generación de ingresos. Además, una mayor presencia de propietarios locales significa que una parte importante de los beneficios económicos permanece dentro del país.
Este punto cobra relevancia porque gran parte de la oferta hotelera tradicional pertenece a grandes cadenas internacionales, donde una porción de las ganancias puede salir hacia otros mercados.
El reto para República Dominicana será encontrar un punto medio: proteger la competencia, garantizar seguridad para los turistas, ampliar la recaudación fiscal y mantener el atractivo de un modelo que ya forma parte esencial del ecosistema turístico.
La discusión sobre Airbnb ya no gira únicamente alrededor de una plataforma digital. Se trata de un nuevo modelo económico que ha cambiado la estructura del turismo dominicano y que ahora exige reglas capaces de acompañar su crecimiento.
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