José Antonio ‘Tony’ Caro Ginebra, el continuador de un gran legado en la arquitectura contemporánea
República Dominicana despide a uno de sus grandes referentes de la arquitectura y la construcción. José Antonio «Tony» Caro Ginebra, arquitecto de la segunda generación de la legendaria familia Caro, dejó un legado que continuó y amplió la obra de su padre, el maestro José Antonio Caro Álvarez, quien contribuyó a forjar las edificaciones más emblemáticas del escenario urbano y cultural de la ciudad de Santo Domingo.
Su vida estuvo marcada por la vocación, el rigor profesional y la fidelidad a un linaje intelectual sin igual que ha dejado escritas varias de las páginas más trascendentales de la historia de la arquitectura dominicana y caribeña.
Desde Santo Domingo, junto a su hermano Danilo y al constructor Jaime Batlle, Tony Caro Ginebra elevó la herencia paterna a nuevas expresiones del modernismo dominicano y consolidó a la familia Caro como referente arquitectónico del siglo XX en tanto en República Dominicana como fuera de ella y que ahora mantiene vivo el legado a través de su hijo, Juan Cristóbal Caro Gómez.
Un linaje con sólidos cimientos
La historia de Tony Caro Ginebra, si bien destaca por sus grandes aportes, no puede entenderse sin la contundente herencia dejada por su padre.
El arquitecto José Antonio Caro Álvarez (JACA), fue el intelectual que definió la modernidad contemporánea de la arquitectura dominicana. Graduado de la Escuela Especial de Arquitectura de París en 1934, JACA regresó al país con una visión renovadora, que integraba el modernismo europeo con la identidad caribeña.
Entre sus méritos, fue rector de la Universidad de Santo Domingo, Secretario de Estado de Obras Públicas y especialmente, impulsor de los grandes proyectos culturales del Estado dominicano.
En aquel templo de ideas, exigencia y cultura fue donde creció Tony Caro Ginebra, absorbiendo desde temprana edad la convicción de que la arquitectura no era solamente un oficio, sino una responsabilidad civil que deja una perdurable huella social e histórica.
La segunda generación: Ingeniería y Arquitectura, IA
A finales de los años sesenta, Tony Caro Ginebra y su hermano Danilo Caro Ginebra, junto al ingeniero Jaime Batlle, fundaron la firma Ingeniería y Arquitectura Dominicana, IA, que más tarde tomaría el nombre de J. A. Caro Álvarez y Asociados, en homenaje al patriarca de la familia. La empresa, que en su evolución más reciente se denomina Caralva, completó más de ocho décadas de trayectoria continua y se consolidó en una de las firmas de diseño y construcción más importantes del país.
Bajo su conducción, la empresa incursionó en casi todas las tipologías arquitectónicas: residencial, comercial, turística e institucional. Su metodología, basada en el trabajo colaborativo con jóvenes talentos, forjó una verdadera escuela de arquitectura dominicana, de donde surgieron firmas que hoy ocupan posiciones de liderazgo en el sector.

Obras emblemáticas
La huella de Tony Caro Ginebra está grabada en piedra y concreto, pero en especial, en los edificios que definen la identidad urbana de Santo Domingo. Su asociación con Danilo Caro y Jaime Batlle produjo varias de las obras más emblemáticas y reconocidas del patrimonio arquitectónico nacional.
La Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, en la Plaza de la Cultura, fue diseñada por Tony y Danilo Caro Ginebra y construida por Jaime Batlle.
Dos años después, en 1973, el mismo equipo firmó el diseño del Museo del Hombre Dominicano, con la museografía a cargo de José Antonio Caro Álvarez padre. Esas dos obras, concebidas como parte del gran complejo cultural, representan el punto más alto de su obra conjunta con la generación fundadora.
La firma también ejecutó proyectos en Casa de Campo, La Romana, entre 1971 y 1978, consolidando su prestigio en el segmento turístico y residencial de alto nivel.
Como contratistas, el portafolio de la firma incluyó proyectos como el Estadio Olímpico Félix Sánchez, la Torre del Banco BHD, y diversas obras comerciales e institucionales que marcaron el desarrollo urbano del país durante las décadas de 1970 y 1980.
En 2016, cuando la Fundación J. A. Caro Álvarez organizó la exposición «Itinerario de un arquitecto humanista» en el Centro Cultural de España, Tony Caro Ginebra tomó la palabra en nombre de la familia. Su mensaje fue claro: la intención no era solo recordar a su padre, sino hacer que su obra fuera conocida por las nuevas generaciones.
Ese mismo año participó en el coloquio que acompañó la presentación del libro «Los Caro: tres generaciones de arquitectura, urbanismo y construcción en República Dominicana» (volumen 07 de la serie AAA), publicación que documenta el itinerario de las tres generaciones de esta singular familia.
El reconocimiento de sus pares y de la nación
La Sociedad de Arquitectos de la República Dominicana (SARD) reconoció, en 2019, a Tony Caro Ginebra (junto a su hermano Danilo), por su trayectoria en la arquitectura y a la sociedad.
En marzo de 2023, en el marco de la segunda edición del Design Week República Dominicana, Revista Mercado reconoció a la Familia Caro por sus aportes en favor de la promoción de la cultura, el arte y la arquitectura dominicana.
El reconocimiento fue entregado por la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, la ministra de Cultura, Milagros Germán, y el ministro de Vivienda, Carlos Bonilla. En representación de la familia, lo recibieron Tony Caro, Danilo Caro y Juan Caro. Fue uno de los últimos grandes actos de reconocimiento público a su figura.

Un legado vivo que continúa
La tercera generación, encarnada en su hijo Juan Cristóbal Caro Gómez, al frente de Caralva, mantiene el espíritu innovador que Don Tony cultivó durante décadas. Los descendientes de esta familia han seguido aportando a la sociedad dominicana en el ámbito de la arquitectura y la construcción, así como en el bancario, turístico, inmobiliario, empresarial, industrial y de negocios.
Con la partida de Tony Caro Ginebra, República Dominicana despide a un constructor de identidad. Un hombre que recibió una herencia extraordinaria y tuvo la altura de hacerla crecer. Sus obras siguen en pie, como elocuentes testigos de su égida y como grandes legados que no necesitan palabras para explicar su valía social e histórica.

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