Guía para la familia en RD: Claves para acompañar a los hijos en el inicio del año escolar
El regreso a clases no solo implica comprar útiles y preparar uniformes. También supone recuperar rutinas, organizar horarios y acompañar emocionalmente a niños y adolescentes durante una etapa de cambios.
Foto: El acompañamiento familiar puede ser clave para que los niños afronten con confianza el regreso a clases y se adapten nuevamente a las rutinas escolares.
Volver a la escuela tiene una fecha concreta en el calendario, pero para cada familia el proceso comienza mucho antes de cruzar nuevamente la puerta del colegio. Este lunes 24 de agosto inició oficialmente el año escolar 2026-2027 en República Dominicana, con una matrícula proyectada de 2,686,971 estudiantes en los niveles Inicial, Primaria, Secundaria y el Subsistema de Personas Jóvenes y Adultos.
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Con ese regreso también vuelve la dinámica de levantarse temprano, preparar mochilas, cumplir con tareas, organizar meriendas y ajustarse a nuevos horarios. Para los padres, madres y tutores, la clave no está únicamente en que todo esté listo el primer día, sino en ayudar a que los hijos encuentren nuevamente su ritmo y se adapten de forma progresiva a las exigencias del nuevo año escolar.
Volver a la rutina, sin hacerlo de golpe
Después de semanas con horarios más flexibles, volver a madrugar puede convertirse en uno de los primeros retos del regreso a clases. Para facilitar esta transición, lo recomendable es recuperar de manera gradual los horarios de sueño, alimentación y preparación escolar, evitando cambios bruscos que puedan hacer más difícil la adaptación.
Mantener una hora relativamente estable para acostarse y levantarse puede ayudar a que el cuerpo recupere su ritmo. Según la Academia Estadounidense de Pediatría, los niños de 6 a 12 años necesitan entre nueve y 12 horas de sueño, mientras que los adolescentes de 13 a 18 años requieren entre ocho y 10 horas cada noche.
Más que imponer una rutina estricta, pequeños hábitos pueden marcar la diferencia. Cenar a una hora estable, preparar la mochila y el uniforme la noche anterior y reducir el uso de pantallas antes de dormir son acciones sencillas que pueden hacer más llevadera la vuelta a clases. La Academia también recomienda mantener los dispositivos electrónicos fuera de la habitación durante la noche para favorecer un descanso adecuado.
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La mochila no es lo único que deben preparar
La organización de los útiles, los libros y los uniformes suele ocupar buena parte de los preparativos antes del inicio del año escolar. Sin embargo, mientras se revisan las listas y se termina de poner todo en orden, también puede ser un buen momento para conversar con los hijos sobre lo que esperan de esta nueva etapa.
Preguntar cómo se sienten, qué les entusiasma y qué les preocupa puede ayudar a identificar situaciones que de otro modo podrían pasar desapercibidas. Para un niño que cambia de grado, de escuela o de compañeros, el regreso puede generar ilusión, pero también nervios e incertidumbre.
En lugar de comenzar con preguntas exclusivamente académicas, una conversación sencilla puede abrir la puerta a lo que realmente están viviendo. Preguntar qué es lo que más esperan del nuevo año o si hay algo que les preocupa puede ser suficiente para iniciar el diálogo. Escuchar sus respuestas sin restar importancia a lo que sienten es una forma de acompañamiento que no requiere dinero ni mucho tiempo.
La alimentación también forma parte del regreso
Con las mañanas escolares vuelve también el apuro por llegar a tiempo. Entre levantarse, vestirse y preparar todo para salir, la alimentación puede quedar relegada, aunque también forma parte de las condiciones necesarias para afrontar la jornada escolar.
UNICEF destaca que durante la etapa escolar la alimentación aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento y está relacionada con el desarrollo cerebral y las capacidades necesarias para aprender.
La organización puede comenzar desde casa. Tener frutas disponibles, priorizar el consumo de agua y combinar alimentos variados puede facilitar las decisiones durante la semana y reducir el estrés de preparar cada merienda a última hora.
No hace falta convertir la lonchera en una competencia de redes sociales. Lo importante es que sea práctica, adecuada para la edad del niño y posible de mantener de acuerdo con las posibilidades y la realidad de cada familia.
Estar pendientes de las tareas, pero sin hacerlas por ellos
Una vez que comienzan las clases, el acompañamiento familiar pasa de los preparativos a la rutina diaria. Estar pendiente de las tareas y del desempeño escolar es importante, pero acompañar no significa sentarse todas las tardes a resolver cada ejercicio.
Una de las responsabilidades de la familia puede ser crear las condiciones para que el estudiante desarrolle autonomía. Contar con un espacio relativamente tranquilo, establecer un horario para las tareas y reservar momentos para descansar puede ayudar a construir hábitos que se mantengan durante todo el año.
También es importante que los padres conozcan qué está trabajando el niño y mantengan comunicación con el centro educativo cuando aparezca alguna dificultad. La asistencia regular forma parte de ese mismo acompañamiento. UNICEF señala que establecer rutinas para levantarse, acostarse y prepararse la noche anterior puede favorecer la puntualidad y la asistencia constante, además de recomendar que las familias mantengan comunicación con los docentes sobre los avances y las dificultades del estudiante.
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Acompañar también significa saber cuándo pedir ayuda
No todos los cambios de comportamiento significan que existe un problema. Los primeros días pueden traer cansancio, irritabilidad o cierta resistencia a volver a la rutina. La adaptación puede tomar tiempo y cada niño o adolescente la vive de una manera diferente.
Sin embargo, cuando una situación persiste o comienza a afectar de manera significativa el bienestar, el rendimiento o la asistencia del estudiante, conviene prestar mayor atención. En esos casos, conversar con los docentes puede ser un primer paso y, cuando sea necesario, buscar orientación profesional.
El objetivo de la familia no es conseguir que el niño tenga un año escolar perfecto. Se trata de ayudarlo a atravesar tanto los días buenos como los complicados, reconocer sus esfuerzos y recordarle que equivocarse también forma parte de aprender.
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