La ONU exige acelerar la lucha contra el cambio climático antes de la COP31 en Antalya
Simon Stiell, secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, abrió este lunes la Conferencia de Bonn con una advertencia sin rodeos: el mundo no puede permitirse reabrir debates del pasado ni renegociar compromisos ya adquiridos.
Foto: La ONU advierte que para frenar el cambio climático se requiere de acciones urgentes antes de la COP31
El tiempo se agota y las consecuencias del calentamiento global (olas de calor mortales, crisis inflacionarias, inestabilidad energética) ya no son proyecciones: son titulares de hoy.
La cita de Bonn es la última gran reunión preparatoria antes de la COP31, que se celebrará entre el 9 y el 20 de noviembre en la ciudad turca de Antalya.
En ese contexto, los cerca de 200 países participantes deberán avanzar en los puntos más espinosos de la agenda climática global: el objetivo de adaptación, los mecanismos de financiación y la transición justa para las economías más vulnerables.
El calor ya mata: la urgencia que Stiell puso sobre la mesa
El secretario ejecutivo de la ONU no abrió su discurso con estadísticas abstractas. Lo hizo con imágenes concretas: «El calor mortal mata a miles de personas en un solo día».
La frase, pronunciada ante los delegados reunidos en Bonn, resume el argumento central que guiará las negociaciones de las próximas semanas: la crisis climática ya no es un escenario futuro, sino una emergencia presente con víctimas reales.
Stiell señaló además que los efectos del fenómeno El Niño (amplificados por el calentamiento global) están generando cadenas de daño que van más allá de lo ambiental: sequías, inundaciones y pérdidas agrícolas que alimentan presiones inflacionistas en economías que ya cargan con el peso de la inestabilidad geopolítica. «Mantener la dependencia de los combustibles fósiles significa seguir importando inflación e inestabilidad económica», afirmó.
La referencia al conflicto en Oriente Medio fue directa. Según Stiell, la guerra desencadenada por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las represalias de Teherán ha generado una crisis en los precios de los combustibles fósiles que está «asfixiando a las economías» de todo el planeta, reforzando (desde su perspectiva) el argumento a favor de acelerar la transición energética como herramienta de soberanía económica.
Antalya en el horizonte: qué debe resolverse antes de la COP31
La Conferencia de Bonn, formalmente conocida como las Sesiones de los Órganos Subsidiarios (SB62), no produce acuerdos vinculantes, pero sí define el terreno técnico y político sobre el que operarán las negociaciones de noviembre. Tres expedientes concentran la mayor parte de la presión.
El primero es el objetivo global de adaptación, un marco acordado en la COP28 de Dubái en 2023 pero aún pendiente de operativización concreta. Los países en desarrollo exigen indicadores claros para medir avances; los países desarrollados resisten compromisos cuantificables que impliquen nuevas obligaciones financieras.
El segundo expediente son los llamados indicadores de adaptación de Belém, derivados de la COP30 celebrada en la ciudad brasileña en noviembre de 2025, que deben traducirse en métricas accionables para los planes nacionales de adaptación.
El tercero es el mecanismo de transición justa, diseñado para acompañar a las economías dependientes del carbón y los combustibles fósiles en su reconversión sin dejar atrás a los trabajadores y comunidades más vulnerables.
Stiell reclamó también progresos en el programa de financiación climática y en el Fondo de Adaptación, dos instrumentos cuya capitalización efectiva sigue siendo uno de los grandes puntos de conflicto entre el Norte y el Sur global.
Entre el avance y la frustración: el estado real de la acción climática
El tono de Stiell no fue únicamente de alarma. En su discurso de apertura reconoció que «el arduo trabajo ha empezado a dar sus frutos» y que el mundo se encuentra en «un lugar en el que nunca antes habíamos estado», en referencia al crecimiento sostenido de las energías renovables, la caída de costos de la tecnología solar y eólica, y la proliferación de legislaciones climáticas nacionales en los últimos cinco años.
Pero esa narrativa de progreso convive con datos que la contradicen. Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), las políticas climáticas actuales de los países signatarios del Acuerdo de París pondrían al planeta en una trayectoria de calentamiento de entre 2,6 y 3,1 °C para finales de siglo, muy por encima del umbral de 1,5 °C que la ciencia identifica como el límite para evitar impactos irreversibles. La brecha entre los compromisos declarados y las emisiones reales sigue siendo enorme.
«Debemos ir más allá, más rápido», insistió Stiell, en una frase que resume tanto la ambición como la impaciencia de quienes consideran que el sistema multilateral climático avanza a una velocidad incompatible con la urgencia física del problema.
Fuentes: Acuerdo de París, COP30 Belém 2025, COP28 Dubái 2023, Agencia EFE, PNUMA
Redacción: Revista Mercado
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