Victoria’s Secret ya no seduce igual: Hillary Super revela el renacimiento de la marca
Durante décadas, Victoria’s Secret vendió lencería y toda una narrativa, de hecho definió un imaginario cultural. Su declive posterior estuvo marcado por la desconexión con nuevas narrativas de cuerpo, diversidad y consumo; y lo llamativo es que resultó ser igual de simbólico. Hoy, bajo el liderazgo de Hillary Super, la compañía no busca reinventarse desde cero, sino algo más sofisticado: reescribirse sin renunciar a su ADN comercial.
Ese matiz de renacer sin ruptura, es lo que convierte su recuperación en un caso de estudio estratégico.
Un repunte que no se puso al descuento
Los números cuentan una historia que el mercado ya empieza a tomar en serio. En el cuarto trimestre más reciente, la compañía registró ingresos por 2.270 millones de dólares, un crecimiento del 7,8% interanual y un alza del 8% en ventas comparables. A nivel anual, las ventas alcanzaron los 6.550 millones, un aumento del 5,2%.
Pero lo relevante no es solo el crecimiento, sino su calidad. Hace un tiempo Hillary Super reveló su plan sin rodeos y hoy vemos los resultados.
A diferencia de ciclos anteriores, este repunte no está impulsado por promociones agresivas ni descuentos tácticos. Según la propia Super, el crecimiento proviene de dos vectores estructurales: producto y narrativa de marca. En una industria donde el precio suele ser el atajo, Victoria’s Secret está apostando por reconstruir valor.
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El regreso del core: bras y Pink como motores de recuperación
Durante años, el corazón del negocio fueron los sujetadores y también su talón de Aquiles. La categoría no crecía desde hacía cuatro años. Hoy, vuelve a expandirse.
El dato no es menor: indica que la compañía ha logrado reconectar con su propuesta funcional, no solo aspiracional.
Más revelador aún es el caso de Pink. La línea orientada a consumidoras jóvenes, que durante una década arrastró los resultados, acaba de registrar su mejor desempeño en diez años. En términos estratégicos, esto sugiere algo más profundo que una recuperación coyuntural: la marca está logrando volver a ser culturalmente relevante para una nueva generación.
En paralelo, Victoria’s Secret ha reactivado uno de sus activos más controvertidos y poderosos: el espectáculo.

El regreso de su desfile de moda no es nostalgia, es cálculo. La compañía reportó un retorno de inversión significativamente superior al de su edición anterior, lo que reabre la puerta a convertir estos eventos en plataformas recurrentes de marketing experiencial.
A esto se suma una campaña de San Valentín protagonizada por Hailey Bieber, que refuerza una estrategia clara: volver a ocupar espacio en la conversación cultural sin caer en los códigos del pasado.
Una crisis de identidad convertida en números
La caída de Victoria’s Secret no fue financiera en su origen, sino simbólica. La marca perdió sintonía con una consumidora que evolucionó más rápido que su narrativa. El desafío actual para todas las marcas no es solo vender más, sino vender distinto.
Super parece haber entendido que el reposicionamiento no pasa por abandonar el concepto de deseo, algo históricamente central en la marca, sino por redefinirlo en clave contemporánea: inclusión, autenticidad y funcionalidad sin perder aspiracionalidad.
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Este equilibrio es delicado. Demasiado cambio diluye la marca; demasiado continuismo la vuelve irrelevante.
Proyecciones: ¿un nuevo récord o un techo estructural?
La ambición es explícita. La compañía apunta a volver a sus cifras récord de 7.780 millones de dólares alcanzadas en 2016. Para 2026, proyecta ingresos entre 6.850 y 6.950 millones, lo que implicaría un crecimiento adicional de entre 4,5% y 6%.
“No veo por qué no podemos alcanzar cifras históricas”, afirmó Super ante analistas. La pregunta, sin embargo, no es solo si puede volver a ese nivel, sino bajo qué condiciones.
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El mercado de la lencería ha cambiado: es más fragmentado, más competitivo y menos dependiente de una sola narrativa dominante. Marcas digitales, propuestas inclusivas y estrategias direct-to-consumer han redefinido las reglas del juego.
Victoria’s Secret ya no puede aspirar a ser el único referente cultural de la feminidad, pero sí puede convertirse en una de las marcas que mejor entienda cómo se negocia hoy ese concepto entre deseo, identidad y negocio.
El verdadero logro de este “segundo acto” no será alcanzar nuevamente un récord de ventas, sino demostrar que una marca construida en otro tiempo puede aprender a operar (y a crecer) en uno completamente distinto.
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