El siglo de Marilyn Monroe: la mujer que inventó a los influencers
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El siglo de Marilyn Monroe: la mujer que inventó la celebridad moderna

Un siglo después, Marilyn Monroe sigue siendo el activo cultural más rentable de Hollywood

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DIGITAL EDITOR

El 1 de junio de 2026, Marilyn Monroe habría cumplido 100 años. Pocas figuras nacidas en la primera mitad del siglo XX conservan una presencia tan poderosa en la cultura contemporánea. Su imagen sigue vendiéndose en galerías, subastas, museos, plataformas digitales, campañas publicitarias y colecciones de moda. Su nombre continúa generando ingresos, estudios académicos, documentales y debates sobre género, fama y representación femenina.

Hollywood ha decidido celebrar el centenario de la actriz con una serie de homenajes que incluyen exposiciones, proyecciones especiales de sus películas más emblemáticas, eventos conmemorativos en el histórico Teatro Chino de Los Ángeles y subastas de objetos personales que permiten reconstruir la complejidad de una mujer convertida en mito.

Pero detrás de las flores, los vestidos icónicos y las fotografías inmortales existe una pregunta más relevante para nuestro tiempo y es, ¿por qué Marilyn Monroe sigue importando cien años después de su nacimiento?

La respuesta tiene menos que ver con la nostalgia y más con el hecho de que Monroe fue una de las primeras mujeres en comprender, y desafiar, la maquinaria que hoy domina la economía global de la celebridad.

La primera influencer antes de la era digital

Mucho antes de Instagram, TikTok o las estrategias de marca personal, Marilyn Monroe entendió que la imagen pública podía convertirse en una forma de capital.

La actriz construyó una identidad visual reconocible en cualquier parte del mundo. El cabello rubio platino, la voz susurrante, la sonrisa calculada y la feminidad exagerada terminaron convirtiéndose en uno de los productos culturales más exitosos del siglo XX.

Sin embargo, el personaje que conquistó las pantallas ocultaba a una mujer mucho más estratégica de lo que la industria estaba dispuesta a admitir.

Monroe comprendió que el sistema de estudios de Hollywood obtenía enormes beneficios económicos a partir de su imagen mientras limitaba su capacidad de decisión artística. En una época en la que pocas actrices cuestionaban públicamente las reglas del negocio, ella desafió contratos, exigió mejores salarios y tomó una decisión revolucionaria de fundar su propia productora.

Marilyn Monroe Productions, creada en 1955, representó una de las primeras iniciativas empresariales lideradas por una actriz de gran estudio. Su objetivo era simple pero radical para la época, comenzar a recuperar control sobre su carrera.

Décadas después, figuras como Oprah Winfrey, Reese Witherspoon, Margot Robbie o Taylor Swift seguirían una lógica similar, para convertir la influencia personal en propiedad intelectual.

El centenario de una mujer que anticipó debates del siglo XXI

Los homenajes organizados por Hollywood llegan en un momento especialmente simbólico.

Más de medio siglo antes del movimiento #MeToo, Monroe habló abiertamente sobre las dinámicas de poder que afectaban a las mujeres dentro de la industria cinematográfica. Denunció a falsos representantes y productores que utilizaban su posición para obtener favores que comprometían su dignidad y cuestionó públicamente la forma en que las actrices eran tratadas como mercancías.

Hoy, muchas de las conversaciones que dominan la industria del entretenimiento como la equidad salarial, explotación de la imagen femenina, autonomía profesional y control narrativo; ya estaban presentes en los conflictos que marcaron su carrera.

Su historia resulta particularmente relevante porque desafía una simplificación frecuente, y es la idea de que Marilyn fue únicamente una víctima de Hollywood.

La evidencia histórica muestra una realidad más compleja. Fue una mujer vulnerable, sí, pero también una negociadora hábil, una estudiante disciplinada de actuación y una empresaria que entendió las reglas del mercado mejor que muchos de sus contemporáneos.

El negocio de Marilyn: una marca que no envejece

Pocas celebridades fallecidas han conservado un valor comercial tan extraordinario.

Sesenta y cuatro años después de su muerte, Monroe continúa siendo una de las figuras más licenciadas de la cultura popular. Su rostro aparece regularmente en colecciones de lujo, exposiciones internacionales, libros de fotografía, documentales y campañas publicitarias.

Everett Collection.

Las subastas organizadas en torno a su centenario reflejan ese fenómeno. Fotografías inéditas, manuscritos, recetas escritas a mano, artículos de maquillaje y documentos de trabajo alcanzan cifras que confirman que Marilyn no es solamente un recuerdo histórico; es una categoría económica dentro del mercado global de coleccionismo cultural.

La persistencia de ese valor demuestra algo inusual y es que mientras muchas estrellas dependen de la memoria de una generación específica, Monroe ha conseguido atravesar generaciones sucesivas sin perder relevancia.

Su imagen continúa siendo reconocida por personas que nacieron décadas después de su muerte.

De símbolo sexual a objeto de estudio académico

Quizás la transformación más interesante del legado de Monroe no se encuentra en Hollywood, sino en las universidades.

Durante décadas fue reducida a la categoría de símbolo sexual. Hoy es analizada desde perspectivas que incluyen historia cultural, estudios de género, sociología de la fama, psicología de masas y economía de la celebridad.

Los investigadores observan en su trayectoria una de las primeras expresiones modernas de un fenómeno que ahora resulta cotidiano, que es la distancia entre la persona real y la identidad pública.

Norma Jeane Mortenson, la mujer detrás del personaje, vivió una infancia marcada por la inestabilidad, pasó por hogares temporales y experimentó una soledad que contrastaba con la admiración masiva que despertaba en millones de personas.

La tensión entre ambas identidades ayuda a explicar por qué su historia continúa generando fascinación. Marilyn representa una contradicción profundamente contemporánea, como lo es alcanzar una visibilidad absoluta sin lograr que el mundo vea quién eres realmente.

Hollywood celebra a Marilyn, pero también celebra una época

Las actividades organizadas para conmemorar sus cien años incluyen exposiciones con cientos de piezas originales, proyecciones especiales de clásicos como Niagara, The Seven Year Itch, Gentlemen Prefer Blondes, Some Like It Hot y The Misfits, además de eventos simbólicos en lugares que forman parte de la historia del cine estadounidense.

Sin embargo, el centenario también funciona como una celebración de la llamada Edad de Oro de Hollywood, un período en el que el cine estadounidense consolidó buena parte de los mitos culturales que aún dominan el entretenimiento global.

Monroe ocupa un lugar central dentro de ese relato porque encarna mejor que nadie la paradoja fundamental del sistema, partiendo por la capacidad de crear estrellas inmortales y, al mismo tiempo, consumirlas.

El legado que sigue incomodando

La verdadera razón por la que Marilyn Monroe continúa siendo relevante a los 100 años no está en sus vestidos, ni en sus fotografías, ni siquiera en sus películas.

Su legado persiste porque plantea preguntas que siguen sin respuesta definitiva.

¿Qué precio tiene la fama? ¿Quién controla la imagen de una mujer pública? ¿Puede una celebridad poseer realmente su propia narrativa? ¿Qué ocurre cuando el personaje se vuelve más importante que la persona?

Hollywood celebra hoy a Marilyn Monroe con rosas, homenajes y retrospectivas. Pero la permanencia de su figura revela algo más profundo y es que el mundo cambió radicalmente desde 1926, mientras que muchas de las tensiones que definieron su vida siguen presentes.

Quizás por eso, cien años después de su nacimiento, Marilyn Monroe continúa siendo menos un recuerdo del pasado y más un espejo incómodo del presente.

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