El regreso de Miranda Priestly ya vale 258 millones de dólares
Advertisement
Home
Trends

El regreso de Miranda Priestly ya vale 258 millones de dólares

Veinte años después de que Miranda Priestly pronunciara una de las líneas más citadas de la cultura pop contemporánea, Hollywood descubrió algo más rentable que la moda: la memoria emocional del mercado femenino adulto. La secuela de The Devil Wears Prada 2 llegó convertida en un caso de estudio financiero para una industria que atraviesa una de sus transformaciones más delicadas desde la irrupción del streaming.

Avatar del autor
DIGITAL EDITOR

Hasta el 7 de mayo de 2026, la película acumuló 258.4 millones de dólares en taquilla global, con 101.8 millones de dolares en Estados Unidos y 156.6 millones de dólares en mercados internacionales, según cifras de Box Office Mojo.

En un ecosistema dominado durante años por superhéroes, sagas de acción y audiencias masculinas jóvenes, el éxito comercial de la cinta protagonizada por Meryl Streep y Anne Hathaway confirmó que Hollywood volvió a mirar con seriedad un segmento históricamente subestimado por la industria: mujeres adultas con poder adquisitivo, hábitos culturales consolidados y capacidad de convertir una película en un evento social transgeneracional.

El negocio detrás de la nostalgia femenina

Durante más de una década, los grandes estudios apostaron por franquicias construidas alrededor de la espectacularidad visual. Sin embargo, la rentabilidad de The Devil Wears Prada 2 revela una variable distinta: la monetización de la familiaridad emocional.

La primera película, estrenada en 2006, cerró su recorrido global con más de 326 millones de dólares. En aquel momento, la cifra fue vista como un éxito elegante pero aislado. Dos décadas después, la secuela llega a un mercado donde la nostalgia dejó de ser un recurso creativo para convertirse en una arquitectura financiera.

Los estudios ya no producen secuelas únicamente para extender historias; las producen porque reducen el riesgo de adquisición de audiencia. Un espectador que creció viendo a Miranda Priestly no necesita demasiada explicación narrativa para regresar al cine. El costo emocional de entrada es bajo y el incentivo cultural es alto.

Esa lógica explica por qué 20th Century Studios decidió posicionar estratégicamente el estreno alrededor del Día de las Madres en Estados Unidos, una de las ventanas más lucrativas del calendario cinematográfico para películas orientadas a públicos femeninos y familiares.

La economía silenciosa del público femenino adulto

Uno de los datos más reveladores del desempeño comercial de la película es que el 76 % de la audiencia registrada en sus primeras semanas corresponde a mujeres, de acuerdo con estimaciones publicadas por Deadline.

Durante años, el negocio del cine priorizó audiencias adolescentes bajo la premisa de que eran las más rentables. Pero el comportamiento de consumo postpandemia alteró esa ecuación. Las mujeres mayores de 30 años demostraron ser uno de los grupos con mayor disposición a pagar por experiencias cinematográficas presenciales cuando el contenido ofrece conexión emocional, sofisticación estética y reconocimiento cultural.

El éxito de The Devil Wears Prada 2 expone precisamente eso: existe un mercado premium dispuesto a movilizarse por historias que no dependen de explosiones digitales ni universos compartidos infinitos.

La industria había ignorado el valor económico de ese público porque confundió ruido digital con fidelidad comercial.

Meryl Streep, Anne Hathaway y el nuevo valor bursátil de las estrellas clásicas

La película también reabre un debate que Hollywood llevaba años intentando resolver: ¿las estrellas todavía venden entradas?

Durante la expansión del streaming, la industria comenzó a priorizar propiedades intelectuales por encima de actores. Las franquicias parecían más importantes que los nombres propios. Sin embargo, el rendimiento de The Devil Wears Prada 2 sugiere que ciertas figuras todavía poseen capacidad de tracción global.

Meryl Streep no funciona únicamente como actriz dentro de esta franquicia; opera como símbolo de legitimidad intergeneracional. Mientras tanto, Anne Hathaway conecta con un público millennial que hoy ocupa posiciones ejecutivas, tiene independencia económica y consume entretenimiento desde códigos distintos a los de hace veinte años.

La combinación es financieramente poderosa porque une dos memorias culturales simultáneas: aspiración y permanencia. Hollywood llevaba tiempo persiguiendo algoritmos. Esta película le recordó el valor económico de la identidad emocional.

Competir contra el espectáculo sin parecer una película de “evento”

La verdadera anomalía del fenómeno aparece cuando se observa la cartelera que rodeó el estreno. La película compitió directamente con títulos de alto presupuesto como Mortal Kombat II y Michael, en una de las temporadas más agresivas del año para los cines estadounidenses. Aun así, logró superar la barrera de los 100 millones de dólares domésticos en tiempo récord.

Eso obliga a replantear una idea instalada en la industria: que solo las películas diseñadas como “megaevento” pueden movilizar asistencia masiva. The Devil Wears Prada 2 no necesitó reinventar el cine. Necesitó comprender con precisión qué tipo de espectador estaba dispuesto a abandonar el sofá de su casa para volver a una sala.

La respuesta fue sofisticadamente simple: audiencias que buscan experiencia compartida, conversación social y referencias culturales reconocibles.

En términos de mercado, la película demuestra que el cine todavía puede funcionar como ritual colectivo cuando entiende correctamente la psicología del consumidor.

Hollywood ya entendió el mensaje

Si la película mantiene estabilidad tras el fin de semana del Día de las Madres, podría acercarse rápidamente a los números históricos de la entrega original e incluso superarlos en determinados mercados internacionales. Pero el impacto más importante probablemente ocurrirá fuera de la pantalla.

Los estudios observarán con atención cómo una secuela liderada por mujeres mayores de 40 años, construida sobre diálogo, estética y memoria cultural, logró convertirse en una de las películas más rentables de 2026 sin depender de superhéroes ni universos cinematográficos expansivos.

En una industria obsesionada con perseguir tendencias juveniles, The Devil Wears Prada 2 acaba de demostrar que la madurez también puede ser una categoría de negocio multimillonaria.

Lo más visto en Revista Mercado


Análisis para suscriptores


M

Exclusivo Suscriptores

¿Por qué las startups se benefician cuando las grandes inversiones llegan más tarde?

M

Exclusivo Suscriptores

¿Por qué el Ejército de EE. UU. está abriendo sus bases militares a inversionistas privados?

M

Exclusivo Suscriptores

Meta pone la mira en el negocio de los mercados de predicción

M

Exclusivo Suscriptores

El negocio más lucrativo del petróleo consiste en no producirlo

M

Exclusivo Suscriptores

La solidaridad no evita las tragedias. Sí cambia la historia que se escribe después de ellas.

Artículos patrocinados


Más de Trends


MÁS MERCADO,

DIRECTO A TU INBOX

Suscríbete y recibe noticias, análisis y contenidos exclusivos.

Al suscribirte, aceptas recibir comunicaciones de Revista Mercado y confirmas que has leído nuestros Términos y Condiciones y nuestra Política de Privacidad.
Elige una lista

¿Dónde deseas guardar ?