Clarissa de la Rocha: entrevista exclusiva sobre el valor de la estabilidad
La vicegobernadora del BCRD reflexiona sobre compromiso técnico, liderazgo institucional y responsabilidad.
Clarissa de la Rocha, vicegobernadora del Banco Central desde 2004, se mantiene como una de las figuras más influyentes en la política monetaria nacional. Inició su carrera en el BCRD en 1978 y ha acompañado al gobernador Héctor Valdez Albizu en la conducción de la estabilidad macroeconómica.
Administradora de Empresas por la Universidad APEC, ha liderado proyectos de modernización del sistema de pagos y fortalecimiento del SIPARD. En la actualidad, su rol resulta esencial en un contexto de inflación controlada y avances tecnológicos, consolidando su imagen como referente de continuidad, confianza y compromiso institucional con el desarrollo económico del país.
¿En qué momentos se expresa con mayor claridad el rol de la Vicegobernación en el Banco Central?
En el ejercicio de este rol, durante los años que lo he desempeñado, ha sido preciso presidir la Junta Monetaria, órgano de gran relevancia responsable de la regulación y supervisión del sistema financiero nacional.
Adicionalmente, el Gobernador me delega la presidencia en funciones del Comité de Administración de Recursos Humanos. Esta comisión autoriza, entre otras funciones, el capítulo de capacitación del personal del Banco Central. Por ejemplo, dentro del plan 2026 hemos propuesto especializaciones en Big Data, Ciberseguridad e Inteligencia Artificial, así como programas de estudios. Esto implica mantenernos atentos a los cambios y avances promovidos por el Fondo Monetario Internacional para los países miembros, además de procurar la armonización con el Consejo Monetario Centroamericano.
Otro rol que se delega en la Vicegobernación es la toma de decisiones relacionadas con el Museo Numismático y Filatélico. Asimismo, el Comité del Fondo de Jubilaciones y Pensiones, cuyas funciones incluyen conocer y aprobar las solicitudes de pensiones del personal del Banco, además de administrar la tesorería de los aportes de los empleados. Sin embargo, el área que más me apasiona es la política monetaria: tasa de interés, tasa de cambio, regulación del sector financiero, sistemas de pagos y estabilidad macroeconómica.
Clarissa de la Rocha aborda el valor del servicio público, el peso de la responsabilidad macroeconómica y el equilibrio entre vida personal e institucional en una carrera dedicada al país desde el Banco Central de la República Dominicana.
Como una de las pocas mujeres en el liderazgo ejecutivo del Banco Central, ¿qué implica aportar criterio en la institución?
No puedo permitir que se entienda que en el Banco Central de la República Dominicana las mujeres en posiciones directivas somos pocas. Por el contrario, ocupamos la mayoría de los cargos de más alto nivel. Por ejemplo, la Secretaría de la Junta Monetaria, la Consultoría Jurídica y las direcciones de los departamentos Internacional, Auditoría, Cuentas Nacionales, Planificación y Presupuesto, y Compras y Contrataciones están lideradas por mujeres.
Nuestros satélites institucionales —la ARS y la AFP— también son dirigidos por mujeres, profesionales altamente capacitadas, comprometidas con hacer brillar al Banco Central y actualizadas en los más recientes desarrollos de sus respectivos campos.
Siempre surge la pregunta: ¿el líder nace o se hace? Para ejercer liderazgo, lo fundamental es demostrar conocimiento y tener plena conciencia de que los resultados son producto del trabajo en equipo. Una sola persona no puede alcanzar el éxito en una institución tan compleja como el Banco Central.
Cuando se piense en el legado de esta etapa del Banco Central, ¿qué le gustaría que se entendiera sobre el rol de la institución —y sobre el suyo— en la construcción del país?
Es una pregunta muy difícil de responder sobre uno mismo. Creo que el sello o el legado ha sido contribuir, durante casi 44 años, a un trabajo honesto, asumido con grandes sacrificios —que muchas veces no tienen forma de compensarse—, con entrega y compromiso. En el plano personal, implica también lidiar con la familia, que después de tantos años de dedicación ya está en una segunda generación y reclama tiempo. Implica igualmente el acompañamiento del esposo, que, aunque uno no lo quiera, en nuestro país enfrenta el reto de ser “el esposo de”.
Agradezco profundamente la oportunidad de haber podido coadyuvar, con humildad, al desarrollo de nuestro país. Demostrar que trabajar en el sector público vale la pena y genera una enorme satisfacción. Esta labor es apasionante, al igual que saber que las decisiones que se adoptan impactan los resultados de los agentes económicos y de la sociedad en general. Ha sido intenso, sí, pero lo digo de corazón: me encanta.
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