La nueva competencia regional “Más allá del nearshoring por EEUU, la región no debería perder foco en China”
En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y cambios en las cadenas globales de valor, ¿cuáles considera que son hoy los principales riesgos económicos para América Latina en los próximos dos años?
En el corto plazo los principales riesgos son externos y en menor medida los internos, que inciden más a la larga. Del mundo, las principales amenazas pasan por la prolongación del bajo crecimiento global y el rebote de la inflación. Esto último reinstala la perspectiva de alzas de tasas o al menos de mantenerlas altas por más tiempo. Es cierto que hay sorpresas positivas como el impacto positivo en productividad de la IA, pero esto convive con desequilibrios fiscales muy agudos, cierto neoproteccionismo y un ciclo maduro en precios de activos. Por su parte, a nivel interno, siguen vigentes los problemas de bajo crecimiento potencial de nuestras economías y las frustraciones políticas y sociales asociadas.
Foto: “En cuanto a países, RD parece estar construyendo algunas bases para diferenciarse positivamente en la región y capitalizar las oportunidades que ofrece esta nueva revolución tecnológica”, ALDO LEMA, economista y asesor.
RD ha mostrado resiliencia económica frente a la volatilidad global. ¿Qué fortalezas y vulnerabilidades observa en economías emergentes del Caribe ante un posible escenario de desaceleración mundial?
Este sigue siendo un mundo con dos grandes motores: el ascenso de China y la resiliencia de EEUU. En el reimpulsado nearshoring, la cercanía al dinamismo de la economía estadounidense y el epicentro de la Cuarta Revolución Industrial, es un factor favorable para la región. También lo es el debilitamiento global del dólar y el encarecimiento relativo de EEUU. Esto ayuda en la capacidad de competencia y en condiciones financieras no tan restrictivas, pese a las mayores tasas de interés. Internamente sigue habiendo mayor consenso y foco sobre la estabilidad macro, sobre todo en materia monetaria, pero hay vulnerabilidades fiscales en términos de la evolución de los déficits y las deudas. También las economías centroamericanas sufren de bajo crecimiento potencial y déficit de políticas públicas en esa dirección.
La relación entre geopolítica y economía parece cada vez más estrecha. ¿Cómo impactarán fenómenos como la rivalidad entre Estados Unidos y China, los conflictos energéticos y el reshoring en las oportunidades de inversión para la región?
Para nuestros países la rivalidad entre EEUU y China hay que seguirla por sus efectos en (anti) globalización, el consiguiente impacto en crecimiento mundial, los precios de las materias primas y el comportamiento global del dólar, entre otros factores. Por muchas razones es difícil volver a un mundo tan proteccionista como emergió tras la crisis del ’29, pero los frenos y ciertas reversiones a la globalización y la apertura externa son las principales amenazas. Este tipo de políticas equivalen a un juego de suma cero o negativa. Son intentos de acceder a una parte de la torta del otro a riesgo de achicarla. En términos relativos no parece que EEUU sea ganador, al menos a juzgar por el debilitamiento del dólar frente al yuan. En ese sentido, más allá del nearshoring por EEUU, la región no debería perder foco en China. No parece que sea perdedor de las guerras actuales, las comerciales y las militares. Estas se le están volviendo un boomerang a Trump, sobre todo desde el punto de vista de política interna.
En medio de altas tasas de interés, inflación persistente y presiones fiscales, ¿qué errores deberían evitar hoy los gobiernos latinoamericanos para proteger el crecimiento y la estabilidad macroeconómica?
El principal error sería reaccionar con políticas expansivas de demanda ante la frustración del bajo crecimiento económico, que esencialmente viene de déficit de políticas de oferta y de la expansión estructuralmente menor del PIB global. Además no hay crecimiento alto y sostenido con inestabilidades macro. Ni menos imitando políticas proteccionistas e industriales de “países grandes”. Tampoco debe caerse en errores de políticas redistributivas e igualitaristas sin fundamentos en mayor crecimiento económico, mejor capital humano y genuina movilidad social. Y ya más entrando en el terreno político deben evitarse los errores de gestión de expectativas ante ciudadanías más impacientes. Es inevitable la rápida pérdida de capital político y la derrota del incumbente por inflación de expectativas que choca con realidades lentas de cambiar.
De cara a los próximos cinco años, ¿cuáles sectores o tendencias podrían redefinir la competitividad de América Latina y qué países considera mejor posicionados para capitalizar esa transformación?
Todos los sectores están expuestos a la Cuarta Revolución Industrial. En esta etapa el boom es en la robótica y la IA, por lo cual el epicentro está en rubros tecnológicos. Pero esto decanta simultáneamente sobre la industria, la construcción y los servicios. Parece más lejano para los sectores de recursos naturales, pero además del efecto de la robótica, ellos capturan las ganancias de productividad y eficiencia del resto. En cuanto a países, RD parece estar construyendo algunas bases para diferenciarse positivamente en la región y capitalizar las oportunidades que ofrece esta nueva revolución tecnológica.
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