Joana Vasconcelos conquista el Palacio de Liria con “Flamboyant”
Transformar objetos cotidianos en esculturas monumentales que dialogan con la historia, el feminismo y la cultura popular sembrando el espacio de sugerentes formas y patrones que remontan a las sensuales hechuras de un mundo pasado.
Joana Vasconcelos conquista el Palacio
de Liria con «Flamboyant»
Su muestra Flamboyant en el Palacio de Liria reinventa un espacio nobiliario y confirma su lugar en la escena artística internacional. Joana Vasconcelos nació en París en 1971, en el seno de una familia de origen portugués que huía de la dictadura de Salazar. Retorna a Portugal siendo aún una niña y vive una realidad que se abría lentamente a la democracia después de la Revolución de los Claveles de 1974. Creció en un entorno con fuerte vínculo con las artes y la artesanía, lo que marcaría para siempre su sensibilidad estética. Estudió en el Centro de Arte & Comunicação Visual de Lisboa (Ar.Co), formación que combinó con la práctica autodidacta y el aprendizaje en talleres familiares y comunitarios. Su trayectoria académica y sus referentes culturales la situaron en la coyuntura entre el oficio y el arte contemporáneo, lo que se posicionaría como el centro de su obra.

Pese a sus estudios de Artes Visuales en la escuela Ar.Co de Lisboa, su formación más crucial fue autodidacta, observando el mundo a su alrededor. “Siempre fui muy curiosa. Me interesaba todo: la publicidad, el diseño, la artesanía, la calle”, comenta en una entrevista con El País. A principios de los 90, comenzó a crear, utilizando materiales que encontraba en mercadillos, ferreterías y cocinas. Eran los años del “bricolage” elevado a categoría artística, una práctica que enlazaba con el legado de movimientos como el Pop Art y el Nouveau Réalisme, pero con una perspectiva decididamente portuguesa y femenina. Fue así como desde sus inicios en los años noventa, Vasconcelos exploró técnicas tradicionales como ganchillo, bordado, tejido y empleó objetos domésticos, desplazándolos hacia el terreno de la escultura monumental. Esa decisión estética no es anecdótica: transforma lo íntimo y femenino en discurso público, y convierte la “manualidad” en arma simbólica contra jerarquías artísticas y sociales.

De Lisboa a Venecia, el salto a la fama
La década de los 2000 fue testigo del ascenso meteórico de la artista en especial tras su participación en la 51ª Bienal de Venecia en 2005, ese fue el punto de inflexión. Allí presentó “A Noiva”, la lámpara de tampones que ahora brilla en Liria. La obra causó un terremoto mediático. No solo por la osadía del material, sino por la potencia de su mensaje: hablaba de la sexualidad femenina, de lo que se oculta y se muestra, de la presión social sobre la mujer y de la belleza encontrada en lo inesperado. La crítica internacional se rindió ante su ingenio y profundidad

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