¿Qué pasó con los buenos modales en la pandemia?
Es posible que una de las víctimas más silenciosas de la pandemia de COVID-19 haya sido la urbanidad. Aunque los buenos modales ya venían en declive desde hace años, el virus parece haber acelerado su desaparición. Y eso, para muchos, es una verdadera lástima.
A menudo se confunden los modales con la urbanidad, pero no son lo mismo. La urbanidad es el conjunto de sacrificios que hacemos para vivir en sociedad, mientras que los modales son solo una parte de ese sistema. El historiador Arthur Schlesinger Sr. los definía como nuestra “carta de presentación” ante los extraños, una forma de mostrar quiénes somos cuando no hay otra información disponible.
La nueva carta de presentación: autoprotección
En la era post-pandémica, esa carta ha cambiado. Lo que ahora comunicamos es que nuestra prioridad es la seguridad personal y familiar. Este nuevo enfoque ha transformado nuestras costumbres sociales, algunas de las cuales podrían permanecer en el tiempo.
La timidez social ha aumentado. Ya no se considera descortés evitar conversaciones con desconocidos, incluso sin mascarilla. Evitar multitudes se ha vuelto una norma aceptada, y modificar nuestro camino para no cruzarnos con otros ya no se ve como un gesto grosero.
La regla de oro, en peligro de extinción
Frases como “después de usted” o gestos como sostener la puerta para alguien más están desapareciendo. El miedo al contacto físico ha hecho que presionar el botón del ascensor para cerrarlo en la cara de alguien sea socialmente tolerado. Incluso exigir que se retire a un cliente con tos de un restaurante se ha vuelto comprensible.
La escasez vivida durante la pandemia también ha dejado huella. Nos hemos vuelto acaparadores, llenando nuestras casas de papel higiénico y productos de limpieza. La generosidad espontánea ha sido reemplazada por la autoprotección.
El apretón de manos ha muerto… ¿y con él la confianza?
Uno de los gestos más simbólicos de la urbanidad, el apretón de manos, ha sido declarado muerto por expertos como el Dr. Fauci. Este gesto no solo representaba cortesía, sino también la ausencia de agresión. Una palma abierta no puede sostener un arma, y al estrechar otra mano, se establece un vínculo de confianza.
Su desaparición plantea un problema: la pérdida de información social. En contextos como entrevistas laborales o negociaciones, la calidad del apretón influía en las decisiones. Incluso en diplomacia, como en la icónica imagen de Arafat y Rabin en 1993, el gesto tenía un peso simbólico enorme.
¿Qué queda de la urbanidad?
Si la urbanidad implica sacrificios por el bien común, ¿cuáles sobrevivirán? Es probable que solo persistan en entornos especializados, como los negocios o las relaciones internacionales. Allí, gestos como dar la mano o sostener la puerta podrían mantenerse como parte de un protocolo formal.
No obstante, nuevas normas de cortesía están surgiendo. Por ejemplo, en supermercados, los compradores esperan pacientemente a que otros despejen los pasillos. Pero incluso estos gestos tienen un trasfondo de autoprotección más que de altruismo.
Un mundo dividido: cortesía funcional vs. interacción cotidiana
Estamos entrando en una era donde la gentileza será privilegio de ciertos roles, mientras que la interacción cotidiana se volverá más tosca y pragmática. En otras palabras, menos personas llevarán cartas de presentación. Esto podría ser bueno para nuestra salud física, pero no necesariamente para la salud de nuestra sociedad.
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