Trump y el ultimátum a Irán: 48 horas para abrir el estrecho de Ormuz o enfrentar las consecuencias
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este sábado una de las amenazas más directas de su mandato a Irán. Si Irán no reabre el estrecho de Ormuz en 48 horas, Washington destruirá sus plantas eléctricas.
El mensaje llegó a través de Truth Social y encendió los mercados globales, paralizó rutas marítimas y puso al mundo ante el escenario de una escalada sin precedentes en el Golfo Pérsico.
El ultimátum que acortó el reloj
Donald Trump publicó el mensaje sin rodeos. Recordó que ya había dado a Irán diez días para llegar a un acuerdo o abrir el estrecho de Ormuz. Luego anunció que ese plazo se reducía: quedaban 48 horas antes de que, según sus palabras, el infierno se desatara sobre ellos.
La amenaza no era retórica. Trump especificó el objetivo: las plantas eléctricas iraníes, comenzando por la más grande. Era una escalada de consecuencias potencialmente devastadoras, no solo para Irán, sino para la economía global.
Lo que resulta llamativo es el contexto en que llega este ultimátum. No es el inicio del conflicto. Es una nueva vuelta de tuerca en una guerra que ya lleva semanas activa, con miles de objetivos atacados, rutas bloqueadas y mercados en caída libre.

Cómo se llegó hasta aquí
El conflicto entre Washington y Teherán no estalló de un día para otro. Tiene décadas de historia acumulada: sanciones, presiones diplomáticas y confrontaciones indirectas en la región del Golfo Pérsico. Sin embargo, el punto de ruptura definitiva llegó en junio de 2025.
Tras el colapso de las negociaciones diplomáticas, Estados Unidos ejecutó bombardeos selectivos contra instalaciones nucleares clave en Natanz. Irán respondió de inmediato con misiles balísticos dirigidos a bases estadounidenses en el Golfo. Fue el inicio formal de una escalada que no se ha detenido.
Desde entonces, la violencia no ha retrocedido. La llamada Operación Martillo de Medianoche, una ofensiva masiva lanzada por Washington y sus aliados, golpeó objetivos estratégicos en Teherán y centros de producción de drones. Las milicias proiraníes respondieron en Irak y Siria. Los enfrentamientos ya no se limitan a intermediarios: hay intercambios directos de fuego de largo alcance y operaciones de sabotaje tecnológico.
Para abril de 2026, el Comando Central de Estados Unidos reporta haber atacado más de 9,000 objetivos iraníes. Entre ellos, más de 140 embarcaciones navales, sitios de misiles y centros de fabricación de drones.
El estrecho que mueve el mundo
El estrecho de Ormuz no es solo un punto en el mapa. Es la arteria por la que fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas del mundo. En tiempos de paz, miles de buques cisterna lo atraviesan cada mes. Desde que comenzó la guerra, ese tráfico se ha paralizado casi por completo.
Irán cerró el paso a los buques de Estados Unidos y sus aliados. Solo dejó pasar naves de países que considera neutrales o amigos: algunos barcos turcos, indios y chinos han cruzado el estrecho bajo acuerdos informales. Para el resto, la ruta está bloqueada.
Las consecuencias económicas son inmediatas y severas. Los precios de la energía se dispararon desde el inicio del conflicto. Los mercados bursátiles cayeron. La Reserva Federal de Chicago advirtió que la guerra amenaza con alimentar la inflación y complicar los recortes de tipos de interés previstos para 2026. Los consumidores estadounidenses, aún recuperándose del impacto inflacionario posterior a la pandemia, enfrentan un nuevo shock energético.
La situación es tan grave que Trump llegó a suspender la Ley Jones durante 60 días para estabilizar el suministro de petróleo en el mercado interno.
La respuesta iraní: minas, misiles y negación
Irán no cedió ante el ultimátum. Su nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, reafirmó que el estrecho permanecerá cerrado mientras dure el conflicto. Las Fuerzas Revolucionarias Islámicas anunciaron que, si sus plantas eléctricas son atacadas, responderán apuntando a toda la infraestructura energética estadounidense en la región. También amenazaron con minar el Golfo Pérsico completo.

La respuesta militar también ha sido activa. Los Emiratos Árabes Unidos reportaron haber interceptado decenas de misiles balísticos y miles de drones desde que comenzó la guerra. En el Golfo, la tensión se mantiene al rojo vivo.
En el frente diplomático, Irán negó sistemáticamente que existieran conversaciones directas con Washington. Cuando Trump anunció que había negociaciones en marcha, Teherán lo desmintió de inmediato. Un alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní confirmó a medios internacionales que sí recibieron puntos enviados por mediadores, pero negó cualquier diálogo bilateral.
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La postura iraní frente al plan de paz propuesto por Washington fue también tajante. Lo calificó de extremadamente maximalista e irrazonable. Sus contraexigencias incluyen el fin de los ataques de Estados Unidos e Israel, el pago de reparaciones de guerra y el reconocimiento de la soberanía de Irán sobre el estrecho de Ormuz. Condiciones que van muy lejos de cualquier propuesta estadounidense.
El ultimátum que se postergó
Horas antes de que venciera el plazo de 48 horas, Trump dio un giro. Anunció que postponía los ataques a las plantas eléctricas iraníes por cinco días, citando conversaciones que describió como muy buenas y productivas. Los mercados respondieron de inmediato con un rebote: el S&P 500 subió más del 1% en la jornada.
Sin embargo, la situación de fondo no cambió. El estrecho sigue bloqueado. Los ataques continúan. Y la brecha entre las posiciones de ambas partes sigue siendo enorme. Las negociaciones, si es que existen, transcurren a través de mediadores regionales, sin contacto directo confirmado.
Este no es el primer aplazamiento. Trump ya había extendido plazos anteriores ante señales de posibles conversaciones. El patrón se repite: amenaza máxima, postergación de último momento, mercados que rebotan brevemente, y el conflicto que sigue su curso.
Una crisis que va más allá del petróleo
Lo que comenzó como una disputa en torno al programa nuclear iraní ha derivado en algo más complejo. El conflicto ya involucra a Israel, que bombardea posiciones de Hezbolá en Beirut y avanza en el sur del Líbano. Un proyectil impactó cerca de la central nuclear iraní de Bushehr, generando alarma internacional sin que se registraran fugas radiactivas. Un caza estadounidense fue derribado sobre territorio iraní. La búsqueda de uno de sus pilotos se convirtió en otro punto de tensión entre ambas partes.
En el ámbito multilateral, Bahréin lideró un esfuerzo en el Consejo de Seguridad de la ONU para autorizar el uso de la fuerza y proteger los buques comerciales en el estrecho. La propuesta fue bloqueada por el veto de China, Rusia y Francia. La comunidad internacional observa, pero no actúa.
La dimensión geopolítica del conflicto es evidente. China e India buscan garantizar el paso seguro de sus barcos a través de canales informales con Teherán. Rusia mantiene silencio estratégico. Europa mira sus reservas energéticas con creciente preocupación.
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