Cómo pedir un préstamo sin poner en riesgo tus finanzas
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¿Deuda buena o mala? Las claves para pedir un préstamo en RD sin ahogar tus finanzas

Pedir un préstamo no siempre significa atravesar problemas financieros. Para muchas personas en República Dominicana, acceder a un crédito puede ser la vía para comprar una vivienda, financiar estudios, adquirir un vehículo, emprender o incluso reorganizar varias obligaciones. La dificultad aparece cuando ese recurso deja de ser una herramienta para alcanzar un objetivo y comienza a convertirse en una carga que compromete el presupuesto de cada mes.

Balanza que compara inversión y crecimiento con deudas y sobreendeudamiento, rodeada de elementos financieros y un cuaderno que pregunta si la deuda es buena o mala.

Foto: No toda deuda tiene el mismo impacto: un préstamo puede impulsar una inversión o convertirse en una carga financiera cuando los intereses y el nivel de endeudamiento se salen de control.

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La diferencia entre un compromiso financiero manejable y otro que termina afectando seriamente las finanzas personales no depende únicamente de cuánto dinero se solicita. También influye el propósito del financiamiento, su costo real y, sobre todo, la posibilidad de asumir la mensualidad sin poner en riesgo otros gastos importantes.

No toda deuda es igual

Un endeudamiento puede tener sentido cuando permite adquirir un activo, realizar una inversión o atender una necesidad importante que no podría cubrirse de contado. Un crédito hipotecario, por ejemplo, responde a una lógica muy diferente a utilizar dinero prestado para pagar unas vacaciones o realizar una compra impulsiva.

Esto tampoco significa que recurrir al crédito para consumo sea necesariamente una mala decisión. Lo importante es que la persona pueda cumplir con el compromiso sin sacrificar gastos esenciales ni depender de nuevas obligaciones para cubrir las anteriores.

El problema comienza cuando se recurre al dinero prestado para cubrir gastos cotidianos que ya no caben dentro del presupuesto. En ese escenario, la solución no elimina la dificultad económica, sino que la traslada hacia los meses siguientes y puede hacer que el desequilibrio sea cada vez mayor.

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La cuota no es lo único que importa

Uno de los errores más frecuentes al solicitar un crédito es fijarse únicamente en la mensualidad. Una cantidad que parece cómoda puede terminar representando un costo considerablemente mayor cuando el plazo de pago se extiende demasiado.

Antes de firmar un contrato, es recomendable revisar la tasa de interés, el período de financiamiento, las comisiones, los seguros, las penalidades y cualquier otro cargo asociado. La normativa dominicana establece que el contrato debe especificar aspectos como el monto de la obligación, la periodicidad y el valor de las cuotas, la tasa de interés y su método de cálculo, así como las condiciones relacionadas con pagos tardíos y cancelaciones anticipadas. Cuando corresponde, también debe incluirse la hoja de amortización.

Comparar antes de decir que sí

Aceptar la primera oferta aprobada no significa necesariamente elegir la alternativa más conveniente. En agosto de 2026, la Superintendencia de Bancos actualizó su plataforma SIMBAD e incorporó una herramienta que permite comparar las tasas de los nuevos créditos según la entidad financiera, el tipo de financiamiento, el plazo, el monto, la moneda y otros criterios.

Esta opción ofrece a los consumidores una oportunidad que muchas veces se desaprovecha, comparar distintas alternativas antes de asumir un compromiso a largo plazo. Además, las tasas deben presentarse de manera anualizada en la información dirigida a los usuarios, de acuerdo con las disposiciones de la Superintendencia de Bancos.

Para quien solicita el crédito, esto significa que una diferencia que a primera vista parece pequeña puede representar un ahorro o un costo importante cuando se aplica durante varios años y sobre una cantidad considerable de dinero.

¿Cuánto puedo pagar realmente?

En este punto conviene dejar de lado el optimismo y sacar la calculadora. Antes de aceptar una nueva obligación, es necesario revisar cuánto dinero queda disponible después de cubrir vivienda o alquiler, alimentación, transporte, servicios, tarjetas, otros compromisos, ahorro y gastos recurrentes. El presupuesto también debería contemplar un margen para hacer frente a situaciones inesperadas.

Si la nueva mensualidad obliga a eliminar por completo el ahorro, utilizar la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes o dejar de cumplir con otras obligaciones, probablemente el monto solicitado sea demasiado elevado para la realidad económica de esa persona.

También hay que considerar que los ingresos pueden cambiar. Tener un salario estable en el presente no garantiza que esa situación se mantenga durante todo el período de pago. Por eso, la capacidad de asumir una obligación debe evaluarse pensando no solo en las condiciones actuales, sino también en posibles cambios a futuro.

Cuidado con pedir un préstamo para pagar otro

Consolidar varias deudas puede ser una alternativa útil cuando permite reducir el costo financiero o reunir distintos pagos en una sola mensualidad que resulte más fácil de manejar. Sin embargo, solicitar nuevo dinero únicamente para ganar tiempo puede terminar creando un círculo difícil de romper.

La pregunta principal debería ser qué cambiará realmente después de reorganizar las obligaciones. Si el nuevo crédito reduce la cuota mensual, pero extiende considerablemente el período de pago y eleva la cantidad total desembolsada, la operación debe analizarse con detenimiento.

La Superintendencia de Bancos también mantiene recursos de educación financiera que ofrecen orientación sobre los diferentes tipos de endeudamiento, además de estrategias para administrarlos y saldarlos.

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Una deuda buena también puede convertirse en mala

Una pérdida de ingresos, una emergencia familiar, la aparición de nuevos compromisos o simplemente asumir más obligaciones de las que permite el presupuesto pueden transformar una situación manejable en una pesada carga mensual.

Por eso, antes de asumir un financiamiento, no basta con preguntarse si es posible pagar la primera mensualidad. También es necesario pensar si ese compromiso seguirá siendo sostenible dentro de seis meses, un año o incluso dos años. La decisión de endeudarse debería partir de una evaluación realista de la capacidad económica y no únicamente de lo que hoy parece posible pagar.

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