La tregua en Gaza cumple ocho meses marcados por el avance territorial de Israel
Cuando el alto el fuego entró en vigor el 11 de octubre de 2025, el acuerdo dejaba un 53 % de la Franja de Gaza bajo control militar de Israel, una proporción que debía reducirse a medida que la tregua avanzara y las tropas se retiraran. Ocho meses después, las autoridades israelíes se jactan de dominar el 60 % y aspiran a alcanzar el 70 %.
Foto: A ocho meses del alto el fuego, Israel controla ya cerca del 64 % de la Franja y aspira al 70 %, mientras más de dos millones de gazatíes se hacinan en una zona habitable cada vez menor.
La Franja quedó partida en dos. Israel concentra sus tropas en el perímetro que va entre la línea amarilla, la marca imaginaria hasta la que se replegaron los soldados al comenzar la tregua y, hacia el este, su propia frontera. La población se hacina entre esa línea y el mar, al oeste, en un espacio cada vez más reducido y todavía gobernado por el grupo islamista Hamás.
Así, Israel profundiza su control con otra demarcación, la línea naranja, que amplía un 11 % más el área en la que el tránsito de las organizaciones humanitarias debe coordinarse con las fuerzas armadas, explicaron a la agencia de noticias EFE fuentes humanitarias. Fuentes del COGAT, el brazo del Ejército israelí que administra los asuntos civiles en los territorios ocupados, precisaron que las fronteras de esa línea no están fijadas, sino que varían según las necesidades militares.
Eso, sumado a la ambigüedad de la propia línea amarilla, la población denuncia que el Ejército ha movido los bloques que la señalan para ganar terreno, ha permitido a Israel alcanzar el control de cerca del 64 % de Gaza en estos ocho meses.

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Una zona habitable que se reduce
«La línea amarilla concentra a más de dos millones de personas en menos de la mitad del territorio de la Franja, exacerbando el hacinamiento insoportable que perjudica la salud pública, incluyendo brotes de enfermedades e infestaciones de ratas y otras plagas», denuncia la ONG israelí Gisha.
La mayoría de la población se concentra en torno a tres grandes ciudades, según datos de la ONU facilitados a EFE: unas 688,300 personas en la ciudad de Gaza (norte), 607,500 en Deir al Balah (centro) y 718,248 en Jan Yunis (sur). A ellas se suman dos núcleos menores: unas 92,800 personas en la Gobernación Norte y apenas 11,300 en Rafah (sur), ambas áreas pegadas a la zona militarizada.
La gente ha quedado arrinconada cerca de la costa, donde el 83 % de las estructuras están total o parcialmente destruidas, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). «Nunca hay que perder de vista que Israel, como potencia ocupante, controla toda Gaza y tiene obligaciones hacia la vida, la dignidad y la salud de quienes viven allí», recordó a EFE el portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja, Patrick Griffiths.
Tras la línea amarilla: el Ejército y las milicias
Del otro lado de la línea, Israel realiza demoliciones de edificios con frecuencia, y bajo esa franja han quedado además la mayoría de las tierras agrícolas. Una información del diario israelí Haaretz del 26 de marzo cifra en 32 los puestos militares en el área, siete de ellos levantados junto a la propia línea amarilla desde el inicio de la tregua. En cinco de esos puntos el terreno se ha asfaltado para permitir una actividad operativa prolongada.
El plan de paz, atascado en su segunda fase
El avance territorial ocurre mientras el andamiaje diplomático que sostiene la tregua atraviesa serias dificultades. El alto el fuego nació del plan de 20 puntos impulsado por el presidente Donald Trump, el «Plan Integral para poner fin al conflicto de Gaza», conocido como el Acuerdo de Washington, un marco respaldado por la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU en noviembre de 2025. En su mediación intervienen Estados Unidos junto a Egipto, Catar y Turquía.
La primera fase, el alto el fuego, repliegue parcial del Ejército, canje de rehenes por presos y aumento de la ayuda, se dio por cumplida cuando Israel confirmó en enero de 2026 que Hamás había devuelto los restos del último rehén capturado el 7 de octubre de 2023. El 14 de enero, el enviado especial Steve Witkoff anunció el inicio de la segunda fase, centrada en la desmilitarización, la gobernanza tecnocrática y la reconstrucción.
La arquitectura prevista descansa en dos órganos. Una «Junta de Paz» (Board of Peace), presidida por Trump, que se reunió por primera vez en Washington el 18 de febrero con la presencia de 27 países adheridos; y un comité tecnocrático palestino de quince miembros, encargado de la gestión diaria de Gaza y encabezado por el exfuncionario de la ANP Abdel Hamid Shaath.
Como alto representante para Gaza fue designado el veterano diplomático búlgaro Nickolay Mladenov. El diseño no ha estado exento de fricciones: países europeos como el Reino Unido no han confirmado su entrada en la Junta, por reparos ante la posible membresía de Rusia y porque su mandato excede el ámbito de Gaza.
Sobre el terreno, los avances son parciales y las acusaciones, mutuas. El paso de Rafah, entre Egipto y Gaza, reabrió en febrero, pero solo para la salida de un número limitado de personas y no para mercancías. Mientras tanto, el Ejército israelí sigue controlando más de la mitad de la Franja y Hamás conserva sus armas, a la espera del despliegue de una fuerza internacional de estabilización y de la retirada gradual de las tropas que contempla el plan.
Fuente: EFE, Al Jazeera, ONU / Consejo de Seguridad, Council on Foreign Relations, Council on Foreign Relations
Redacción: Revista Mercado
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