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Heidegger, a 50 años de su muerte, el filósofo contemporáneo más influyente que nunca se disculpó por el nazismo

Medio siglo después de su muerte, Martin Heidegger sigue siendo el filósofo más estudiado y más incómodo del siglo XX. Nacido en 1889 en la pequeña ciudad de Messkirch, al suroeste de Alemania, murió el 26 de mayo de 1976 en Friburgo, a tan solo 94 kilómetros de su tierra natal, fiel a su vocación de arraigo.

Heidegger sigue siendo el filósofo más leído y más incómodo del siglo XX

Foto: Heidegger sigue siendo el filósofo más leído y más incómodo del siglo XX.

AGENCIA EFE
Servicio Informativo EFE

Su obra cumbre, Ser y Tiempo (1927), revolucionó la filosofía occidental y generó un linaje de pensamiento que llega hasta la hermenéutica, la teología, el psicoanálisis y los estudios sobre inteligencia artificial. Pero ningún homenaje a Heidegger puede ignorar la otra cara: su militancia activa en el Partido Nacionalsocialista, que sigue siendo una herida sin cicatrizar en la historia del pensamiento moderno.

El aniversario de su muerte llega en un momento en que la vigencia de su pensamiento crítico sobre la tecnología resulta sorprendente. Sus reflexiones sobre el dominio técnico de la naturaleza, «el bosque se convierte en explotación maderera, la montaña en cantera, el río en central hidroeléctrica», escribió, resuenan con inusitada actualidad en un debate global sobre inteligencia artificial, automatización y el lugar del ser humano en un mundo cada vez más mediatizado por algoritmos.

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El filósofo alemán Harald Stuttte lo señaló recientemente en un artículo publicado para el grupo de medios RND: los temores heideggerianos ante el avance tecnológico no solo no han envejecido; se han vuelto más urgentes.

La pregunta que cambió la filosofía: ¿por qué hay algo y no, más bien, nada?

La cabaña de Todtnauberg, en la Selva Negra, fue durante décadas el laboratorio secreto de Heidegger. Sin teléfono, sin visitas innecesarias, entre bosques y senderos que hoy llevan su nombre, el filósofo desarrolló la tesis central de su obra: toda la filosofía occidental, desde Platón y Aristóteles, había cometido un error fundamental al ocuparse de las cosas (de lo que es) en lugar de interrogarse por el ser en sí mismo. La verdadera pregunta de la filosofía, insistía, debía ser radical: ¿por qué existe algo en lugar de nada?

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«Toda la historia de la metafísica occidental es la historia del olvido de la pregunta por el ser», escribió en la primera línea de Ser y Tiempo. Generaciones enteras de estudiantes han recitado esa frase de memoria —y legiones de críticos la han calificado de incomprensible—, pero lo cierto es que esa pregunta abrió un territorio filosófico completamente nuevo. Su influencia se extendió a la teología, con figuras como Rudolf Bultmann o Karl Rahner; a la hermenéutica, con su discípulo más brillante Hans-Georg Gadamer; a la psiquiatría y, más recientemente, a los debates sobre cognición y conciencia artificial. La obra completa de Heidegger, la llamada Gesamtausgabe, comprende más de 100 volúmenes y continúa publicándose.

«La naturaleza no aparece como naturaleza sino como energía, como recurso para la técnica.» — Martin Heidegger

La sombra que no se disipa: nazismo, los Cuadernos Negros y el debate sin fin

Heidegger votó por los nazis en 1931 y se afilió al partido en 1933, el mismo año en que asumió el rectorado de la Universidad de Friburgo con un discurso inaugural que presentó esa toma de posición como una «misión espiritual de la universidad alemana». Siguió siendo miembro del partido hasta el final de la guerra. Durante décadas, sus defensores (encabezados por el propio Gadamer) argumentaron que se trató de una ingenuidad política pasajera, un error cometido por un pensador que no tenía madera de hombre de acción. Otros lo calificaron de simple oportunismo.

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Sin embargo, la publicación en 2014 de los llamados Cuadernos Negros (34 cuadernos de reflexiones filosóficas privadas escritos a lo largo de cuarenta años) cerró definitivamente esa discusión para muchos. Los cuadernos, editados por el filósofo Peter Trawny, director del Instituto Martin Heidegger en Wuppertal, revelaron pasajes de inequívoco antisemitismo. En ellos, Heidegger interpretaba al pueblo judío como el máximo exponente de lo que denominaba la «maquinación» y la «carencia de suelo»: categorías filosóficas que, en su mente, coincidían con los prejuicios del nazismo. Para Theodor W. Adorno, uno de sus críticos más lúcidos, no había duda: existía una relación directa y profunda entre la militancia nazi y el núcleo del pensamiento heideggeriano.

Karl Popper, fundador del racionalismo crítico, fue quizás el más rotundo: «Insto a los filósofos de todos los países a unirse para no volver a mencionar jamás a Heidegger», dijo al cumplir noventa años. El llamado no tuvo efecto. La obra de Heidegger se sigue enseñando en las facultades de filosofía de todo el mundo. Pero la sombra tampoco desaparece. Poco antes de su muerte, el filósofo judío Hans Jonas (que había sido alumno de Heidegger) declaró que la adhesión de su maestro al nazismo le había hecho perder la fe en la filosofía misma: si el pensamiento más profundo del siglo XX no había protegido a quien lo desarrollaba de caer en la barbarie, ¿de qué servía la filosofía?

Vigencia incómoda: de la crítica a la técnica a la era de la inteligencia artificial

La paradoja más llamativa del cincuentenario es que Heidegger resulta más pertinente que nunca precisamente en el campo que más detestaba: la tecnología. Su advertencia de que el mundo moderno había reducido la naturaleza, el tiempo y las personas a simples «recursos» disponibles para la explotación técnica encuentra en la inteligencia artificial una nueva y poderosa ilustración.

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Cuando los sistemas de IA procesan a los seres humanos como datos optimizables, cuando los algoritmos determinan qué noticias leemos o qué empleos obtenemos, algo de la crítica heideggeriana parece, paradójicamente, haberse anticipado.

El sitio de Psicología y Mente lo formuló con precisión en su análisis biográfico publicado en mayo de 2026: «Heidegger fue uno de los pensadores que mejor comprendió la fragilidad de la existencia humana, pero no pareció aplicar esa lucidez con suficiente responsabilidad a su propia vida política. Pensó con una profundidad extraordinaria sobre la autenticidad, pero falló gravemente en un momento histórico que exigía claridad moral».

Esa contradicción (genial en el pensamiento, deplorable en la acción) es, medio siglo después de su muerte, la razón por la que Heidegger sigue siendo necesario leerlo, y necesario hacerlo con espíritu crítico.

Fuente: EFE
Redacción: Revista Mercado

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