Abinader y Trump firman «Escudo de las Américas» contra el crimen y sella pacto con Washington
El presidente Luis Abinader participó este sábado 7 de marzo de 2026 en una cumbre histórica. El escenario fue el Trump National Doral Miami. Allí, junto a otros once mandatarios, firmó una proclamación para crear una coalición militar regional. Su objetivo: combatir los carteles del narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
El mandatario dominicano llegó a las 8:07 de la mañana al centro de convenciones. Fue recibido por la encargada de protocolo de la Casa Blanca, Mónica Crowley. El protocolo marcó el tono de un encuentro de alto voltaje político. La presencia dominicana no era meramente simbólica.
Un bloque imponente bajo la bandera del «Escudo»
La convocatoria de Trump fue selectiva. Estuvo dirigida exclusivamente a mandatarios de derecha alineados con Washington. En total, participaron 12 países del hemisferio occidental: República Dominicana, Chile, Bolivia, Costa Rica, Argentina, El Salvador, Ecuador, Honduras, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago y Guyana.
La nómina es reveladora. No solo por quiénes asistieron, sino por quiénes no fueron invitados. Brasil y México, las dos mayores economías latinoamericanas, estuvieron ausentes. Colombia tampoco recibió convocatoria, pese a ser durante años un aliado clave de Washington en la lucha antidrogas.
El «Escudo de las Américas» se convirtiío plataforma ideológicamente selectiva.
Su existencia marca un nuevo eje de poder en la geopolítica regional y se posiciona, además, como alternativa a la tradicional Cumbre de las Américas, foro creado en 1994 que fue cancelado el año pasado por discrepancias entre sus miembros.
República Dominicana: socio estratégico con resultados concretos
La participación de Abinader no puede leerse como un simple gesto diplomático. Hay resultados tangibles que la justifican. Desde 2020, con el apoyo de Washington, República Dominicana ha logrado decomisar casi diez veces más drogas por año que en la década anterior. El propio Abinader ha citado esa cifra públicamente.
Esos números explican por qué Santo Domingo tenía razones de peso para estar en primera fila. Para la Presidencia dominicana, esta cita es una oportunidad estratégica. Busca consolidar su posición como referente caribeño en la nueva arquitectura de seguridad regional que Washington está construyendo.
La relación con Estados Unidos, sin embargo, convive con una diplomacia económica diversificada. República Dominicana mantiene vínculos con China desde hace más de siete años. Rompió relaciones con Taiwán en 2018. En septiembre pasado, Santo Domingo y Pekín firmaron un convenio de cooperación económica para financiar proyectos de desarrollo.
Este equilibrio —seguridad con Washington, inversión con Pekín— es el mismo reto que enfrentan casi todos los mandatarios presentes en Doral.
La agenda: narcotráfico, migración e influencia china
Los temas centrales de la cumbre fueron claros. La migración ilegal encabezó el debate. También ocuparon la agenda las bandas criminales, el narcotráfico y las organizaciones terroristas que operan en el hemisferio.

Trump fue directo en su intervención. Advirtió que no permitirá la influencia extranjera en América. Incluyó en ese mensaje al Canal de Panamá. Sus palabras fueron pronunciadas ante el propio presidente panameño José Raúl Mulino. El episodio evidencia que el concepto de soberanía en esta alianza tiene matices delicados que cada nación deberá gestionar.
La cumbre fue convocada originalmente para frenar el avance de China en la región. Sin embargo, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán modificó parcialmente esa agenda. El conflicto en Medio Oriente desplazó a un segundo plano las aspiraciones de Pekín sobre América Latina. Aun así, la preocupación por la presencia china sobrevoló los pasillos de Doral.
Un contexto geopolítico sin precedentes
Este encuentro no ocurre en un vacío. El escenario regional es de transformación profunda. En enero, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Venezuela. Las tensiones entre Washington y La Habana se intensifican por el bloqueo energético impuesto a Cuba. Y la guerra en Oriente Medio redefine las prioridades globales de la Casa Blanca.
En ese contexto, el «Escudo de las Américas» adquiere una dimensión mayor. No es solo una declaración de intenciones. Es la primera expresión colectiva de un bloque conservador latinoamericano que busca definir su lugar en un orden mundial en plena transición.
Los países asistentes comparten prioridades comunes. Las políticas de mano dura contra el crimen organizado son el denominador común. Sin embargo, cada nación tiene sus propias necesidades. La cohesión ideológica es real, pero frágil. Se tensará en la medida en que Washington presione a sus socios a alejarse de China, su principal socio comercial en muchos casos.
Marco Rubio, bilaterales y el valor real de la cumbre
Los mandatarios participaron también en un almuerzo de trabajo con el secretario de Estado, Marco Rubio. Fue una oportunidad para profundizar relaciones fuera del formato multilateral. Abinader, por su parte, sostuvo reuniones bilaterales con varios jefes de Estado. Fueron ellos quienes solicitaron los encuentros directos con el presidente dominicano.
Esa agenda bilateral es, quizás, el activo más valioso que Santo Domingo extrae de estas citas. La proclamación firmada establece un marco general. Pero son los acuerdos de gobierno a gobierno los que generan impacto real: inteligencia compartida, interdicción marítima, equipamiento y entrenamiento para las fuerzas de seguridad dominicanas.
Una coalición que nace con fuerza pero deberá demostrar permanencia
El «Escudo de las Américas» cuenta con el respaldo político de Washington. Tiene también la voluntad declarada de 12 gobiernos. Pero su eficacia real dependerá de algo más difícil: sostener esa alineación ante presiones internas y externas.
El vínculo con una Casa Blanca dispuesta a contener a China en la región plantea un dilema real. Los países invitados deben equilibrar su relación con Washington sin sacrificar sus intereses económicos con Pekín. Ese es el gran desafío no resuelto que esta cumbre dejó sobre la mesa.
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