Detrás del tic hay un niño: Lo que el sistema escolar no ve del síndrome de Tourette
En las escuelas dominicanas, no es raro que un niño sea etiquetado como «nervioso», «inquieto» o incluso «malcriado» por repetir movimientos o hacer sonidos involuntarios. Pero, ¿y si esos gestos no fueran simples manías, sino señales de un trastorno neurológico subdiagnosticado? El síndrome de Tourette afecta entre el 0.5 y el 1% de los escolares a nivel mundial, y aunque en República Dominicana no existen cifras oficiales actualizadas, neurólogos pediátricos del país advierten que los casos son más frecuentes de lo que se cree, y muchas veces mal interpretados.
¿Qué es el síndrome de Tourette y cómo reconocerlo?
El síndrome de Tourette es un trastorno neuropsiquiátrico que aparece en la infancia y se caracteriza por la presencia de tics motores y vocales que duran más de un año. Los tics pueden ser simples —como parpadeos, carraspeo o movimientos de la boca— o más complejos, como gestos exagerados, palabras repetidas o incluso expresiones inapropiadas (coprolalia), aunque estas últimas son menos comunes de lo que la cultura popular sugiere.
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La doctora Ana Camacho, jefa de Neurología Pediátrica del Hospital 12 de Octubre de Madrid, advierte que estos tics tienden a iniciar entre los 6 y 8 años, y pueden fluctuar en intensidad. Además, destaca un dato clave: los tics del síndrome de Tourette no se detienen por voluntad del niño. «Intentar corregirlo o decirle que se controle solo empeora la ansiedad, lo que puede agravar los síntomas», explica.
Más allá de los tics: el impacto emocional y social
Uno de los mayores desafíos para los niños con Tourette no es el trastorno en sí, sino el entorno que los juzga. Un niño con tics puede ser víctima de burlas, aislamiento o incluso bullying escolar. En muchas ocasiones, sus síntomas son confundidos con problemas de conducta, trastornos de ansiedad, alergias o hasta falta de atención. Esto retrasa el diagnóstico y dificulta el abordaje integral del caso.

«En cualquier chico con tics, hay que indagar sobre su desempeño académico, su comportamiento social y su salud emocional», señala la Dra. Camacho. De hecho, más del 50% de los niños con Tourette también presentan trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) u otras dificultades del aprendizaje.
Diagnóstico temprano: una inversión en salud mental infantil
La clave para evitar consecuencias a largo plazo está en un diagnóstico temprano, preferiblemente por un neuropediatra entrenado en distinguir tics de otros tipos de movimientos. En República Dominicana, la disponibilidad de estos especialistas sigue siendo limitada en el sistema público, lo que subraya la urgencia de invertir en formación médica y detección escolar.
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Desde el Ministerio de Salud Pública se han desarrollado guías clínicas sobre neurodesarrollo, pero aún no se ha creado un protocolo nacional específico para el abordaje del síndrome de Tourette en la población infantil. Esto representa una oportunidad para el sector salud y educativo, que podría integrarlo dentro de las estrategias de inclusión y salud mental escolar.
¿Hay tratamiento? Sí, pero no siempre farmacológico
No todos los casos de Tourette requieren medicación. De hecho, en la mayoría de los casos los tics disminuyen después de la adolescencia. El enfoque terapéutico varía según la severidad de los síntomas y el impacto en la vida cotidiana del niño. La educación al entorno familiar y escolar es fundamental.

Cuando los tics interfieren de manera significativa en la funcionalidad del menor —por ejemplo, si no puede seguir una clase o interactuar con sus compañeros— se puede considerar tratamiento farmacológico, siempre bajo seguimiento especializado. También existen terapias conductuales, como la intervención basada en hábitos (CBIT, por sus siglas en inglés), que ha mostrado eficacia en la reducción de tics.
Lo que los padres y educadores deben saber
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Observar, no corregir. Si un niño repite gestos o sonidos involuntarios, obsérvelo por varias semanas. Si persisten por más de un año, consulte a un especialista.
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Educar al entorno. Los tics no son intencionales ni están relacionados con mala educación o falta de límites.
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Buscar acompañamiento profesional. No solo para el niño, sino también para la familia y la escuela.
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Evitar etiquetas. Llamar al niño “raro” o “problemático” genera más daño que los propios síntomas.
Reconocer el síndrome de Tourette como lo que es —un trastorno neurológico con manifestaciones visibles— permite que niños y adolescentes vivan con mayor dignidad, comprensión y bienestar. En un país donde hablar de salud mental infantil aún es un tabú en muchos sectores, este diagnóstico representa una oportunidad para romper prejuicios y construir entornos más humanos. Porque detrás de cada tic hay un niño que solo necesita ser entendido, no corregido.
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