El Niño 2026 en América Latina: alimentos y PIB en riesgo
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El Niño podría ser el más intenso desde 1950, pero los alimentos ya se encarecen ¿Puede América Latina evitar otro freno a su crecimiento?

Una cosecha perdida puede comprometer la siguiente siembra; los daños a la infraestructura pueden paralizar los negocios incluso fuera de las zonas afectadas. La CEPAL estima que un episodio extremo podría generar pérdidas económicas acumuladas durante tres años. La capacidad de financiar la recuperación marcará la diferencia entre los países de la región.

Ilustración de El Niño 2026-2027 con el calentamiento del océano Pacífico sobre un globo terráqueo, rodeado de escenas de pesca, agricultura, tormentas y comercio en América Latina.

Foto: El posible episodio extremo de El Niño 2026-2027 plantea riesgos para la agricultura, la pesca, el transporte y las cadenas de abastecimiento de América Latina y el Caribe. Sus consecuencias económicas dependerán de la intensidad de las alteraciones climáticas, la exposición de cada territorio y la capacidad de los países para proteger su producción. Ilustración: Ana Sosa para Mercado.

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La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) calculó una probabilidad del 83 % de que El Niño alcance, entre octubre y diciembre, una intensidad superior a la de cualquier episodio registrado desde 1950. El récord aún no está confirmado, y una misma anomalía oceánica puede tener consecuencias muy distintas de un territorio a otro.

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Las economías latinoamericanas llegan a este escenario con los alimentos ya encarecidos por los costos de la energía, los fertilizantes y el transporte. Los pronósticos ofrecen una advertencia temprana, pero aún no se sabe dónde se concentrarán los mayores daños ni cuánto margen tendrán los países para proteger su producción y actividad económica.

El mundo prevé su segunda mayor cosecha de cereales, aunque los alimentos cuestan más que el año pasado.

Una cosecha mundial abundante puede proteger el abastecimiento, pero su efecto sobre los precios también depende de cuánto cuesta llevar los alimentos a los mercados que los necesitan. El transporte, la energía y las restricciones comerciales pueden encarecer las importaciones incluso cuando hay suficiente producción.

El informe de FEWS NET, la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna, recoge la previsión del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para 2026/27. La producción conjunta de trigo, maíz y arroz sería un 2,7 % inferior a la de la campaña anterior y, aun así, la segunda mayor de la historia. El mundo dispone, por tanto, de una oferta relativamente favorable para afrontar nuevas alteraciones climáticas.

Las presiones sobre los precios, sin embargo, comenzaron antes de que El Niño se consolidara. Las interrupciones del comercio en el mar Negro y en las rutas cercanas a Oriente Medio, junto con el encarecimiento de la energía y de los fertilizantes, ya habían elevado los costos de determinados productos agrícolas. El trigo estadounidense, por ejemplo, registraba aumentos en sus precios de exportación desde comienzos de 2026 debido a factores comerciales y meteorológicos ajenos al fenómeno.

La evolución más reciente tampoco apunta a un encarecimiento uniforme. El Consejo Internacional de Cereales registró el 15 de octubre caídas del 5 % en su subíndice de trigo y del 7 % en el de maíz, mientras que el arroz aumentó un 2 %. Al mismo tiempo, el índice alimentario de la FAO, que incluye también carne, lácteos, aceites vegetales y azúcar, se mantenía en septiembre un 5,8 % por encima del nivel registrado un año antes. Las cotizaciones de algunos cereales habían comenzado a retroceder, aunque el encarecimiento acumulado de los alimentos persistía.

Infografía sobre producción mundial de cereales y precios de alimentos en 2026. Un globo terráqueo y un buque comercial ilustran la segunda mayor cosecha prevista de trigo, maíz y arroz frente al aumento interanual del 5,8 % en el índice de la FAO.
La abundancia de cereales no garantiza alimentos más baratos. Aunque la producción mundial de trigo, maíz y arroz prevista para 2026/27 sería la segunda mayor de la historia, los precios internacionales de los alimentos siguen por encima de los registrados un año antes. Los costos de transporte, energía y fertilizantes aumentan la presión sobre la factura de los países importadores ante un posible episodio extremo de El Niño. Gráfica: Ana Sosa para Mercado. Fuentes: USDA, citado por FEWS NET, y FAO, 2026.

Los antecedentes históricos aconsejan cautela al interpretar los pronósticos de precios. FEWS NET no identifica una tendencia uniforme de aumentos internacionales en los precios de los cereales tras los grandes episodios de El Niño registrados desde 1980. Algunas de las variaciones más pronunciadas coincidieron con sequías independientes del fenómeno, restricciones a las exportaciones o pérdidas de producción debidas a otros factores.

Para las economías centroamericanas dependientes de las importaciones, una oferta internacional elevada puede facilitar el abastecimiento, aunque los costos del transporte y las condiciones comerciales sigan presionando la factura.

El problema se agrava cuando las cosechas locales disminuyen y comprar alimentos en el exterior deja de ser una alternativa y pasa a ser una necesidad.

El Niño extremo podría costarle a América Latina cerca del 2 % del PIB en tres años.

Cerca de la mitad de las pérdidas económicas que podría ocasionar un episodio extremo de El Niño se concentraría durante el primer año. El resto continuaría afectando la actividad regional durante los dos años siguientes, según las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El organismo calcula una pérdida acumulada cercana al 2 % del PIB regional en un periodo de tres años, en comparación con un escenario sin el fenómeno. La estimación proviene de una simulación económica, sujeta a incertidumbre estadística, y no representa daños ya registrados ni anticipa resultados idénticos para todos los países.

Infografía sobre El Niño y las pérdidas económicas en América Latina, con un mapa del Pacífico y una estimación de impacto acumulado cercano al 2 % del PIB regional en tres años, según la CEPAL.
Un episodio extremo de El Niño podría provocar pérdidas económicas acumuladas cercanas al 2 % del PIB de América Latina y el Caribe durante tres años, según una simulación de la CEPAL. Aproximadamente la mitad del impacto se concentraría en el primer año, mientras que sus consecuencias sobre la producción, la inversión y la recuperación económica podrían prolongarse. Gráfica: Ana Sosa para Mercado. Fuente: CEPAL, 2026.

Una mala temporada agrícola puede reducir los ingresos mucho antes de que sus efectos se reflejen en las cifras nacionales de crecimiento. Cuando un productor vende ganado, recorta insumos o se endeuda para afrontar las pérdidas, también compromete los recursos que necesitará para volver a producir. La disminución de sus ingresos afecta a comercios, transportistas y proveedores cuya actividad depende del consumo de las comunidades rurales.

La CEPAL estima que ese deterioro podría llevar  hasta 4,8 millones de personas adicionales a la pobreza para 2030, en comparación con una trayectoria económica sin un episodio extremo de El Niño. La cifra corresponde a un escenario proyectado y refleja cómo las pérdidas de producción pueden terminar afectando el bienestar de los hogares varios años después.

Las consecuencias llegarían a una región con perspectivas de crecimiento moderadas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta una expansión del 2,3 % para América Latina y el Caribe en 2026 y del 2,5 % en 2027, en medio de presiones energéticas, restricciones financieras y elevados niveles de endeudamiento en varias economías.

Estas previsiones no incluyen una reducción automática equivalente a la pérdida acumulada calculada por la CEPAL. Mientras el FMI estima tasas de crecimiento anuales, el modelo del organismo regional mide el impacto económico de un episodio extremo en relación con una trayectoria de referencia. Ambas cifras permiten dimensionar el riesgo, pero no pueden restarse entre sí para obtener una nueva previsión.

La pérdida de producción tampoco tendría las mismas consecuencias en todas las economías.

Un país puede mantener su crecimiento si otras actividades compensan los sectores perjudicados, aunque termine produciendo menos de lo que habría producido sin el fenómeno.

La magnitud del daño dependerá también de cuánto pesen las actividades afectadas y de la capacidad de las demás para sostener la economía.

El Niño ya reduce la pesca peruana y deja al Corredor Seco con menos cosechas e ingresos.

El calentamiento de las aguas costeras de Perú ya está afectando una de sus principales industrias exportadoras. La menor disponibilidad de anchoveta ha reducido la producción de harina y aceite de pescado, utilizados en la acuicultura y en la alimentación animal en otros países. A estas pérdidas podrían sumarse interrupciones en el transporte, el comercio y los servicios si las lluvias de los próximos meses provocan inundaciones y daños en las carreteras.

BBVA Research estima que El Niño costero podría restar 0,9 puntos porcentuales al crecimiento peruano en 2026 y 1,3 puntos porcentuales en 2027. El fenómeno, asociado al calentamiento de las aguas cercanas al litoral, presenta características distintas del indicador oceánico utilizado por NOAA y puede provocar mayores daños cuando coincide con la temporada de lluvias, entre diciembre y abril.

Pese a esas pérdidas, BBVA mantiene una previsión de crecimiento del 2,9 % para ambos años, apoyada en la inversión privada y otras actividades económicas. Perú podría seguir expandiéndose mientras que determinados sectores pierden producción y oportunidades de negocio. El PIB seguiría aumentando, aunque a un ritmo menor que el que habría tenido sin las alteraciones climáticas.

En Honduras, la falta de lluvias ya ha reducido las cosechas y los ingresos de los trabajadores agrícolas del Corredor Seco. El encarecimiento de los combustibles y los fertilizantes agrava las dificultades de los productores, mientras que las importaciones de maíz resultan insuficientes para cubrir las necesidades de abastecimiento.

FEWS NET prevé que las mayores dificultades alimentarias se presenten entre abril y agosto de 2027, meses después de las pérdidas agrícolas registradas en 2026.

Guatemala enfrenta una situación semejante, agravada por los daños de temporadas anteriores. En el Corredor Seco, en Alta Verapaz y en el altiplano occidental, los pequeños agricultores dependen de cosechas que destinan tanto al consumo familiar como a la venta. Cuando disminuye la producción, pierden simultáneamente alimentos e ingresos, lo que limita sus posibilidades de comprar lo que ya no pueden cultivar.

Infografía de El Niño en América Latina que compara la menor producción pesquera en Perú, las pérdidas agrícolas en Honduras y las cosechas reducidas de pequeños productores en Guatemala.
El Niño tiene consecuencias económicas distintas en América Latina. En Perú, la menor disponibilidad de anchoveta afecta la producción de harina y aceite de pescado, mientras que en Honduras y Guatemala las dificultades agrícolas comprometen los ingresos y la seguridad alimentaria de los pequeños productores. La exposición de cada territorio depende de su estructura productiva y de las condiciones climáticas locales. Gráfica: Ana Sosa para Mercado. Fuentes: BBVA Research y FEWS NET, 2026.

Las consecuencias también varían dentro de un mismo país. En Colombia, FEWS NET identifica las pérdidas más significativas en La Guajira, mientras que en otras regiones se enfrentan dificultades relacionadas con inundaciones, conflictos locales y factores ajenos a El Niño. En Haití, la violencia de las pandillas sigue siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria, por encima de los efectos del cambio climático.

La experiencia argentina ofrece un contraste. Durante episodios anteriores de El Niño fuertes o muy fuertes, la producción de maíz superó, en promedio, en un 11,1 % el nivel esperado según la tendencia histórica, mientras que los productores de otras regiones registraron pérdidas. Ese comportamiento no garantiza mejores cosechas en 2027, pero demuestra que las condiciones asociadas al fenómeno pueden favorecer ciertos cultivos y perjudicar a otros.

Las diferencias también se extienden a las actividades que dependen de la electricidad. La CEPAL advierte que una reducción de las precipitaciones puede disminuir la generación hidroeléctrica precisamente cuando las temperaturas elevadas aumentan la demanda de refrigeración. En países con pocas fuentes alternativas de energía, las empresas podrían enfrentar mayores costos de electricidad, incluso si sus instalaciones no sufren daños directos por las condiciones meteorológicas.

El BID busca incluir las sequías en tres créditos contingentes de US$400 millones cada uno.

Honduras, El Salvador y Panamá cuentan, cada uno, con una facilidad de crédito contingente de US$400 millones aprobada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, disponer de esos recursos no garantiza que puedan utilizarse ante cualquier desastre. El 2 de octubre, el organismo anunció que trabaja en modificar los contratos para incorporar las sequías y los incendios entre los riesgos cubiertos.

Una emergencia puede ocasionar pérdidas millonarias aun sin cumplir con los requisitos necesarios para acceder a un préstamo. La cobertura y los requisitos de desembolso son tan importantes como el monto aprobado. República Dominicana, Colombia, Costa Rica y Ecuador también disponen de facilidades por US$400 millones cada uno, aunque las condiciones de sus contratos deben examinarse por separado.

La disponibilidad de financiamiento puede acelerar la respuesta cuando los daños ya se han producido. Sin embargo, algunas pérdidas pueden evitarse mediante inversiones realizadas antes de que llegue la emergencia.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) encontró evidencia de dichos beneficios al evaluar las medidas preventivas implementadas durante el fenómeno de El Niño de 2023-2024. Las intervenciones, desarrolladas en ocho países latinoamericanos y caribeños, beneficiaron a 31.873 hogares dedicados principalmente a la agricultura de subsistencia y la pequeña ganadería.

Los programas proporcionaron semillas adaptadas, insumos agrícolas, transferencias monetarias, atención sanitaria al ganado y sistemas de aprovechamiento del agua. La evaluación, publicada en junio de 2026, calculó un retorno promedio de US$2,34 por cada dólar invertido, asociado a menores pérdidas productivas y mejores condiciones de seguridad alimentaria.

El resultado corresponde a las intervenciones estudiadas y no garantiza beneficios equivalentes para cualquier programa en 2027. Pero permite incorporar el costo de los daños evitados en las decisiones presupuestarias, que habitualmente deben tomarse antes de conocer la magnitud de una emergencia.

Para los gobiernos, esa decisión tiene repercusiones en otras inversiones. Reparar carreteras, restablecer el suministro eléctrico o financiar importaciones de emergencia puede desviar recursos destinados a ampliar la infraestructura y los servicios. Las empresas enfrentan restricciones similares al reconstruir instalaciones, al cambiar de proveedor o al financiar interrupciones operativas.

Los costos pueden prolongarse mucho después de que termine el episodio climático. Christopher Callahan, investigador de las consecuencias económicas del clima, examinó junto con Justin Mankin las secuelas de los grandes episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, en un estudio publicado en Science en 2023.

«Hay que sumar todo el crecimiento que se pierde después, no solo cuando ocurre el fenómeno», explicó Callahan al presentar la investigación. Sus resultados identificaron efectos persistentes en la actividad económica durante al menos cinco años en varias economías. Son antecedentes históricos que permiten comprender la duración de las pérdidas, aunque no constituyen una proyección para el episodio de 2026-2027.

Esa persistencia también modifica la manera de evaluar la recuperación. Una empresa puede reabrir después de una inundación y volver a producir, pero necesitará recuperar las inversiones que aplazó y los ingresos que dejó de generar. Para un gobierno, reconstruir la infraestructura dañada puede devolver un servicio a su estado anterior sin ampliar la capacidad productiva de la economía.

Los pronósticos ofrecen a América Latina cierto margen para reducir parte de esas pérdidas, aunque todavía es imposible determinar cuánto crecimiento podrá proteger.

El financiamiento puede acelerar la reconstrucción; evitar que los recursos destinados a nuevas inversiones terminen siendo utilizados para reponer lo destruido dependerá, en buena medida, de las decisiones que se tomen antes de que El Niño alcance su mayor intensidad.

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