Libia después de Gadafi: qué pasó con el país, quién gobierna y por qué continúa la crisis
La crisis política de Libia, que comenzó en 2011 con el derrocamiento de Muamar Gadafi, continúa cuando se cumplen 15 años de su muerte, con un país fragmentado que ha vivido desde entonces una guerra civil y varios intentos fallidos de poner fin a un conflicto que ya forma parte de la vida cotidiana de los libios, divididos entre la lucha y la resignación.
Foto: Quince años después de la caída y asesinato de Muamar Gadafi, Libia sigue atrapada en una profunda fragmentación política e institucional. El país permanece dividido entre administraciones rivales en el oeste y el este, lideradas respectivamente por Abdelhamid Dbeiba y el mariscal Jalifa Haftar, mientras los esfuerzos nacionales e internacionales para reunificar el Estado continúan estancados. La ausencia de consensos políticos duraderos mantiene la incertidumbre y prolonga una crisis que se ha convertido en parte de la realidad cotidiana de millones de libios.
La búsqueda de una solución para unificar el dividido país -con el oeste gobernado por el primer ministro Abdelhamid Dbeiba y el este tutelado por el mariscal Jalifa Haftar- se percibe cada vez más lejana, al no lograr una fórmula que satisfaga a todas las partes implicadas.
A continuación, las claves de un conflicto cuyo posible final se diluye entre disputas:

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La caída de una dictadura sin final feliz
El fin del régimen de Gadafi, quien gobernó Libia durante 42 años tras llegar al poder en un golpe de Estado que destronó al rey Idris en 1969, dejó un vacío institucional que acabó con las aspiraciones democráticas de la Primavera Árabe y transformó Libia en un estado crónicamente fragmentado, con bicefalia política, control de milicias e injerencia extranjera.
La ejecución del dictador a manos de rebeldes dio paso a un intento de transición con la celebración de elecciones, tras las que el Congreso General Nacional sustituyó al Gobierno transitorio, pero las instituciones carecían de autoridad frente a grupos armados y los enfrentamientos desembocaron en 2014 en una guerra civil que se prolongó hasta 2020.
2021, nuevo intento de unidad
Bajo el auspicio de Naciones Unidas, se programaron elecciones presidenciales y legislativas para el 24 de diciembre de 2021, pero fueron suspendidas dos días antes debido a numerosas disputas legales, a la falta de consenso sobre los candidatos y al alto riesgo para la seguridad del país, donde el anuncio de comicios aumentó la tensión.
Ya había transcurrido una década desde la caída del régimen depuesto, por lo que el fracaso de 2021 fue un nuevo revés para los libios, que continuaron sufriendo la división del país, donde el poder se mantuvo repartido entre las administraciones de Debeiba en el oeste y Haftar en el este.
Parálisis institucional
Ante la inacción de las instituciones, la misión de la ONU para Libia (UNSMIL) tomó la batuta y planteó propuestas encaminadas al acercamiento entre políticos rivales, con el fin de allanar la senda hacia la celebración de unos comicios que dieran paso a una transición ordenada y a la unificación del país.
Sin embargo, las propuestas de la ONU -con el diálogo como eje central- no dieron los frutos deseados, al encontrarse con desacuerdos constantes por parte de los actores políticos, cada vez más criticados por los ciudadanos, que reclaman anteponer la unificación a los intereses personales.
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Opciones actuales
El pasado 30 de agosto, representantes del este y el oeste firmaron un acuerdo, también auspiciado por la ONU, que compromete a las partes a propiciar la celebración de elecciones presidenciales y legislativas en un plazo máximo de dos años, para avanzar posteriormente hacia la unificación nacional.
Por otra parte, el asesor del Gobierno estadounidense para África, Massad Boulos, propone un plan paralelo centrado en unificar las instituciones, como requisito previo para el "éxito" de unos comicios, una discrepancia en el orden de los acontecimientos que, sin embargo, no impide que el representante norteamericano manifieste públicamente su apoyo al plan de la ONU mientras avanza por su cuenta.
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La familia Gadafi vuelve a escena
Y mientras Dbeiba y Haftar se afanan en no perder su parcela de poder entre disputas, Aisha Gadafi -hija de Muamar Gadafi- se ha colado en la actualidad libia entre llamados constantes a liderar el panorama político, de cara a la celebración de elecciones en 2028.
En una encuesta en línea realizada el pasado septiembre por el medio emiratí Erem News, en la que los participantes debían mencionar a su candidato favorito para unos eventuales comicios, Aisha Gadafi encabezó la lista, con un margen de más de 30.000 votos, de cerca de medio millón emitidos, respecto al segundo.
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