Niños de Gaza: el 92% vive con miedo a los bombardeos
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¿Qué les está haciendo la guerra a los niños de Gaza? El 92% vive con miedo a los bombardeos

Siwar tiene ocho años y hasta hace tres salía sola a la calle, iba y venía del colegio y bajaba a jugar sin pedir permiso. Hoy no se atreve a ir al baño si su madre no la acompaña. Su padre murió el 5 de diciembre de 2023, dos meses después de que estallara la guerra, y desde entonces la niña engordó de golpe y vive pegada a ella.

"Ya no son nuestros niños": tres años de guerra sumen en el trauma a la infancia en Gaza
AGENCIA EFE
Servicio Informativo EFE

La seguridad lo era todo para ellos y ahora no la tienen. Les da miedo todo; incluso para ir al colegio quieren que yo los lleve y los recoja", explica a EFE Walaa Awad, de 33 años, viuda y madre de dos niñas y un niño. Su hija mayor, añade, se despierta de noche aterrada por las pesadillas.

Tres años después del inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, desencadenada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 que mató a unas 1.200 personas en Israel y en el que 251 fueron tomadas como rehenes, y casi un año después del alto el fuego de octubre de 2025, los niños de la Franja siguen viviendo en un estado de alerta permanente.

No dejes de leer: Israel ataca Gaza en pleno alto el fuego: un muerto y siete heridos en Jan Yunis

Casi nueve de cada diez menores consultados por UNICEF en la Franja pidieron apoyo psicológico y el 91,8 % aseguró vivir con miedo a los bombardeos, según el último informe de situación de la agencia de la ONU, que cubre el primer semestre de 2026.

AL MAWASI (FRANJA DE GAZA), 06/10/2026.- Walá Awad realiza tareas con su hijo en Al Mawasi (Franja de Gaza), donde la terapeuta Nawal Asqul (terapeuta) atiende a niños afectados por el trauma de la guerra. Tres años después de la ofensiva israelí en Gaza, los niños gazatíes afrontan graves secuelas psicológicas: pesadillas, incontinencia, tartamudez, agresividad e hiperactividad son algunos de los síntomas detectados por terapeutas, mientras miles de menores han perdido a uno o ambos progenitores. EFE/

"Veo a papá delante de mí"

Walaa lleva a sus hijas a sesiones con Nawal Asqul, una terapeuta que trabaja con técnicas de programación neurolingüística y que empezó a atender a niños cuando ella misma estaba desplazada en Al Mawasi, en el sur de la Franja.

Casi todos los pequeños que llegan a su consulta, relata, le describen lo mismo. "Los sonidos en la cabeza no se acaban: el ruido de los aviones, de los bombardeos, de los cinturones de fuego. Las imágenes de los restos humanos y de la sangre no quieren desaparecer".

Uno de ellos le dijo que veía esas escenas allá donde mirara. "Le pregunté: '¿Lo ves en tu cabeza?'. Y me contestó: 'No, lo veo de verdad, delante de mí'", recuerda.

Asqul enumera que encuentra a diario niños que se orinan sin control, que dejan de hablar o que se pasan el día con las manos sobre los oídos "porque no quieren oír los sonidos de la guerra".

Entre los nuevos patrones de comportamiento en los menores de su consulta, la terapeuta también ha identificado agresividad e hiperactividad. "Pelean en la cola del comedor benéfico, por el agua, por todo. Nuestros niños ya no son nuestros niños. Viven en modo supervivencia".

Los padres me dicen que es como si nunca hubieran educado a sus hijos. Yo les tranquilizo diciéndoles que esos comportamientos no son aprendidos, sino la forma que tiene el niño de expresar un trauma para el que no encuentra palabras", relata Asqul.

Crecer en mitad de la masacre

Imad al Salawi, padre de cinco hijos, vivía junto al hospital Náser de Jan Yunis, uno de los escenarios más castigados de la guerra. Sus hijos vieron una y otra vez cadáveres y restos humanos en la calle.

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"Intenté alejarlos de ese entorno, pero no pude, porque estábamos dentro. ¿Adónde los iba a llevar?", explica a EFE Al Salawi, que acude rutinariamente a la consulta de Asqul en Jan Yunis con su hija mayor, Sara.

En la sala de espera, Sara y su padre coinciden con Ahmed y su madre, Ilham Barud, desplazados repetidamente durante la guerra.

Barud decidió buscar ayuda para Ahmed cuando vio que, tras cada desplazamiento, su hijo desarrollaba tartamudez y aparecían manchas en su cara.

Ahmed tenía amigos cercanos y ya no tiene amigos como antes. Lo que más le duele es no encontrar a la gente con la que se crió, con la que jugaba y con la que iba y venía", relata la madre.

AL MAWASI (FRANJA DE GAZA), 06/10/2026.- La terapeuta Nawal Asqul (terapeuta) atiende a niños afectados por el trauma de la guerra en Al Mawasi (Franja de Gaza). Siwar tiene ocho años y hasta hace tres salía sola a la calle, iba y venía del colegio y bajaba a jugar sin pedir permiso. Hoy no se atreve a ir al baño si su madre no la acompaña. Su padre murió el 5 de diciembre de 2023, dos meses después de que estallara la guerra, y desde entonces la niña engordó de golpe y vive pegada a ella. Tres años después de la ofensiva israelí en Gaza, los niños gazatíes afrontan graves secuelas psicológicas: pesadillas, incontinencia, tartamudez, agresividad e hiperactividad son algunos de los síntomas detectados por terapeutas, mientras miles de menores han perdido a uno o ambos progenitores. EFE/

Una tregua que "falla a los niños"

La sangría en Gaza, donde desde hace tres años han muerto 74.200 personas por fuego israelí, más de 22.000 de ellas niños, no se detuvo tras el alto el fuego de octubre de 2025.

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En los 300 días posteriores al anuncio de la tregua, al menos 300 niños murieron, una media de uno al día, según la agencia de la ONU, cuyo director regional, Édouard Beigbeder, sostuvo en agosto que una tregua así "está fallando a los niños".

El Ministerio de Sanidad de Gaza cifra en 60.737 los menores que han perdido a uno o a ambos progenitores. Unos 800.000 niños, la gran mayoría de los de la Franja, siguen desplazados en cerca de 1.600 asentamientos.

UNICEF advierte de que la complejidad creciente de los casos supera la disponibilidad de servicios especializados de salud mental. Ese vacío empuja a muchas familias hacia terapeutas como Asqul, que para madres como Walaa son lo único a su alcance.


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