Un líder con talento es capaz de ilusionarnos con un nuevo proyecto cada vez. Consigue esa buena vibra que contagia a su equipo para que lo dé todo y logra que los clientes confíen en el resultado final de esa reformulación del negocio que una vez lo aupó a lo más alto. Todos los grandes visionarios se reinventan; no pueden evitarlo, lo llevan en su ADN, poseen un olfato para anticipar las demandas de la sociedad, y es por ello que son capaces de renovar su triunfo superando modas, ciclos y ejercicios.