La incorporación de pagos con tarjetas marca una nueva etapa en la transformación digital de una institución que hoy procesa el 99 % de sus recaudaciones por canales electrónicos.
En 14 años, la Dirección General de Aduanas pasó de procesar el 39 % de sus operaciones por medios electrónicos a casi el 100 %. La incorporación de pagos con tarjetas no marca el inicio de esa transformación. Marca su madurez.
Cada vez que una empresa importa un contenedor, paga un arancel o tramita una declaración de aduanas, hay una cadena de procesos que opera en segundo plano: autenticaciones, validaciones, registros, transferencias. Durante décadas, esa cadena dependió del papel, la ventanilla y el efectivo. Hoy, en República Dominicana, el 99 % de las recaudaciones de la Dirección General de Aduanas (DGA) se procesa por canales electrónicos.
El número no es un titular de relaciones públicas: es el resultado de una transformación institucional que comenzó hace más de una década y que acaba de dar su paso más visible: la incorporación de pagos con tarjetas de crédito y débito para ciudadanos, viajeros, importadores y empresas.
La medida, implementada en alianza con Visa, Mastercard, American Express y las empresas adquirentes CardNET, AZUL y PORTAL, habilita pagos físicos y móviles en las administraciones de la institución a nivel nacional y en sus plataformas digitales. Para un usuario que ya opera en un ecosistema donde paga el supermercado, el combustible y los servicios desde el teléfono, la noticia puede parecer obvia. Pero, en el contexto de una institución que mueve más de RD$270,838 millones al año y que hasta hace pocos años procesaba apenas un tercio de sus operaciones de forma electrónica, la llegada de las tarjetas representa algo más que una nueva opción de pago. Representa la consolidación de un modelo que tardó 14 años en construirse y que hoy opera como referencia regional.

El anuncio se realizó durante la firma de un convenio que contó con la presencia del presidente Luis Abinader. La señal política no es menor: que el primer mandatario encabece el lanzamiento de una plataforma de pagos institucional dice algo sobre el lugar que ocupa la modernización del Estado en la agenda del gobierno. No se trata de un evento técnico; se trata de una declaración sobre el tipo de administración pública que el país quiere construir.
Una transformación que comenzó antes de que fuera tendencia
En 2012, el 39 % de los pagos procesados por la DGA se realizaban por medios electrónicos. Para entender lo que eso significa hay que recordar el contexto: ese año, la banca móvil dominicana era incipiente, el comercio electrónico local era marginal y la mayoría de los trámites con el Estado todavía requerían presencia física. Que casi dos quintos de las operaciones aduaneras ya fueran digitales era, en ese momento, un indicador de modernización por encima del promedio institucional del país.
Lo que ocurrió en los años siguientes no fue una revolución de un solo golpe, sino una acumulación de decisiones, inversiones y ajustes operativos que fueron desplazando el efectivo y el papel hacia la periferia del sistema.
La pandemia de 2020 aceleró ese proceso: los servicios remotos y las plataformas electrónicas ganaron protagonismo en todos los ámbitos, y las instituciones que ya tenían infraestructura digital respondieron con mayor agilidad que las que debían construirla desde cero. Aduanas estaba entre las primeras.
Para 2026, ese proceso lleva la recaudación electrónica al 99 %, un punto de referencia que pocas instituciones públicas de la región pueden exhibir. El 1 % restante no es resistencia al cambio: es la franja de transacciones de bajo monto y alta frecuencia que los canales digitales previos no alcanzaban a cubrir con comodidad. Las tarjetas llegan precisamente a ese espacio, no para reemplazar lo que existe, sino para completarlo.
Desarrollada junto a Visa, Mastercard, American Express, CardNET, AZUL y PORTAL, la iniciativa conecta al Estado con el ecosistema de pagos digitales, acelerando la modernización de los servicios aduaneros y ampliando las alternativas de pago disponibles para los contribuyentes.
El peso de lo que se mueve
Para calibrar la dimensión de esta transformación conviene detenerse en los números. En 2025, la DGA recaudó RD$270,838 millones, una cifra que la posiciona como una de las principales fuentes de ingresos del Estado dominicano y que refleja el volumen de actividad comercial que pasa por sus sistemas cada día. Detrás de cada transacción existen importaciones, exportaciones, procesos logísticos, cadenas de suministro y actividades comerciales que conectan a la República Dominicana con mercados internacionales.
Digitalizar esa operación no es solo una mejora de eficiencia interna; es una intervención directa sobre la competitividad del comercio exterior del país.
De ese total, aproximadamente RD$30,000 millones corresponden a pequeños y medianos contribuyentes, un segmento que opera con márgenes más ajustados, ciclos de caja más cortos y una dependencia mayor de la agilidad operativa. Las personas físicas que realizan trámites en aeropuertos pagan montos promedio de RD$16,700 por operación. Entre los pequeños contribuyentes, ese promedio sube a RD$36,000. Transacciones que antes requerían efectivo disponible o una transferencia previa ahora pueden completarse con tarjeta en el momento del despacho.
La diferencia parece pequeña vista desde afuera. Para una empresa que importa con frecuencia, puede significar algo concreto: no tener que inmovilizar capital días antes de un despacho, poder usar una línea de crédito para cubrir la obligación y pagar al cierre del ciclo de facturación.
Nelson Arroyo, director general de Aduanas, lo describe con precisión:
«La tarjeta de crédito introduce ventajas claras para las pymes importadoras: financiamiento implícito de corto plazo, trazabilidad fiscal mediante registros electrónicos verificables y reducción del uso de efectivo.»
No es retórica institucional; es la descripción de un cambio operativo concreto en la gestión financiera de miles de empresas.
La infraestructura que lo hace posible
Detrás de un pago con tarjeta que se completa en segundos existe una arquitectura tecnológica que integra múltiples actores: redes internacionales de procesamiento, entidades financieras locales, plataformas de autenticación y sistemas institucionales que deben operar de forma coordinada y sin fricciones.
En el caso de la DGA, esa arquitectura se construyó sobre años de inversión en digitalización que permitieron que la infraestructura para recibir pagos con tarjeta no fuera un proyecto nuevo, sino una extensión natural de lo que ya existía.
La alianza con Visa aporta la red global de procesamiento y un incentivo concreto para acelerar la adopción: entre el 2 de junio y el 31 de julio de 2026, los tarjetahabientes de Visa con tarjetas de crédito emitidas por bancos dominicanos pueden recibir hasta un 10 % de cashback al pagar impuestos aduaneros, tanto en ventanillas de la DGA como a través de sus canales digitales.

CardNET, AZUL y PORTAL aportan la capacidad adquirente local, la infraestructura de terminales y procesamiento que conecta cada transacción con el sistema financiero dominicano.
Luis Bencosme, presidente ejecutivo de CardNET, señaló:
«Las empresas de adquirencia tenemos una visión clara sobre la importancia de la aceptación de medios de pago modernos y su impacto en el desarrollo del país.»
Gustavo Turquía, gerente general de Visa República Dominicana, añadió:
«La digitalización de los pagos no constituye únicamente un avance tecnológico. Es una decisión estratégica que fortalece la transparencia, mejora la eficiencia institucional y simplifica el cumplimiento de las obligaciones tributarias.»
Cada transacción que migra al ecosistema digital es también un paso hacia una economía más formalizada y auditable.
Aduanas como nodo de la economía digital
República Dominicana no es el único país de la región avanzando en digitalización aduanera, pero el salto del 39 % al 99 % en 14 años la coloca en una posición destacada.
Según datos de la Organización Mundial de Aduanas (OMA), la mayoría de las administraciones aduaneras de América Latina aún reportan tasas de digitalización de pagos por debajo del 80 %. Chile, Colombia y México han invertido fuertemente en modernización aduanera en los últimos años, pero la convergencia entre infraestructura digital, alianzas con el sector privado y adopción de pagos electrónicos que muestra la DGA no es común en la región.
Las administraciones aduaneras modernas cumplen un rol que va mucho más allá de la recaudación. Actúan como nodos de intercambio de información entre el Estado, las empresas y los mercados internacionales. Cada declaración de importación, cada despacho y cada pago registrado genera datos que alimentan sistemas de supervisión, análisis de riesgo y facilitación del comercio.
En ese contexto, tener el 99 % de las transacciones en formato digital no es solo una métrica de modernización; es la condición para que esa función de nodo opere con la velocidad y precisión que la economía moderna exige.
La trazabilidad que genera un ecosistema de pagos digitales facilita auditorías, permite conciliaciones automáticas, reduce el margen para irregularidades y produce información estructurada sobre patrones de comercio que puede alimentar decisiones de política pública.
Lo que viene después
La incorporación de tarjetas no cierra un proceso; abre una nueva fase.
El director Arroyo señala que el 1 % de operaciones que aún se procesan por canales tradicionales representa el mapa del siguiente tramo: pagos móviles, billeteras digitales, automatización de declaraciones e interoperabilidad con sistemas de otros países.
A nivel regional, las aduanas más avanzadas están incorporando herramientas de análisis de datos e inteligencia artificial para la gestión de riesgo, la detección de subfacturación y la optimización de los tiempos de despacho. La base de datos estructurada que genera un sistema de pagos 99 % digital es precisamente el insumo que esas herramientas necesitan para funcionar.
Para importadores, agentes aduanales, mipymes y viajeros, el mensaje es sencillo: el trámite es más ágil, más seguro y más compatible con la forma en que ya manejan sus operaciones financieras.
Para el Estado, la señal es que la modernización institucional sostenida produce resultados medibles.
La llegada de las tarjetas no marca el inicio de la transformación digital de Aduanas. Marca su madurez, y el punto de partida de lo que sigue.
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